América XXI

Fred Bordeianu: coordinador del Programa Integral de Danza para Escuelas Bolivarianas

Fecha de publicación: 02/09/10
Foto “Queremos fortalecer la identidad nacional”, explicó Bordeianu sobre la función del programa

Danza: nacido en Rumania, Alfred Bordeianu comenzó sus estudios de ballet en Canadá, luego viajó a Venezuela y dos años más tarde ingresó al elenco del Ballet de Caracas como solista. En 1981 fundó, junto a la reconocida bailarina, coreógrafa y maestra Zhandra Rodríguez, el Ballet Nuevo Mundo de Caracas (Bnmc). Actualmente coordina el Programa Integral de Danza para Escuelas Bolivarianas.



Este año el Ballet Nuevo Mundo de Caracas celebra sus treinta años de trayectoria artística, ¿en qué etapa se encuentra actualmente y cuál es el balance que hace de su labor a lo largo de tres décadas en las que ha bailado en al menos ciento ochenta ciudades, veinticinco países y tres continentes?

 

Creo que treinta años de vida de una compañía artística es un logro para el país. Ahora nos encontramos en una etapa muy positiva en cuanto a las experiencias y a los logros. Una compañía de artes escénicas lo que siempre debe mantener alto es su calidad y el contenido de lo que va a presentar al público. Nosotros hemos sido muy rigurosos en ese sentido, hemos creado cierta mística y hemos logrado un alto nivel profesional. No importa si la presentación es aquí o en París, siempre debe tener el mismo nivel.

 

La compañía Ballet Nuevo Mundo ha estado alejada de los teatros y se ha volcado más hacia la calle. ¿Cuál es el objetivo de presentarse en espacios no convencionales?

 

Hace veinte años atrás, a fines de la década de 1980, nos presentábamos en el Teatro Teresa Carreño con cierta frecuencia. Ese teatro es una referencia tanto en el país como en el continente, porque es uno de los mejores y tiene mucho prestigio, pero nos dimos cuenta que siempre asistían las mismas personas. Observando este panorama hemos decidido ir más allá y concentrarnos en el público, formarlo y dejar que la gente sienta y entienda de qué se trata el ballet contemporáneo.

Inclusive han bailado en comunidades indígenas, ¿cómo ha sido la experiencia?

 

Cuando fuimos al Estado de Amazonas, donde hay una gran población indígena, les ofrecimos una charla, un taller interactivo y la función de ballet. Todas las etnias indígenas en general son muy recelosas con sus tradiciones y con sus bailes, porque tienen un significado muy especial, místico. Para nosotros fue una sorpresa cuando al final se nos acercó el chamán de la comunidad Jivi y nos dijo que ellos querían que su gente bailara como los bailarines que acababan de ver. Entonces comenzamos a manejar el sistema de trueque, nosotros les enseñábamos a ellos algunos principios y ellos a nosotros. Así hemos logrado recopilar al menos una docena de danzas indígenas de diferentes partes del país: tenemos de los Jivi, los Warao y los Yukpa, por nombrar algunas. Estas danzas las hemos universalizado, incorporándolas al Programa Integral de Danza que impartimos en las Escuelas Bolivarianas.

 

¿Cómo se viene desarrollando ese programa que vienen impulsando desde 2002?

 

En ocho años hemos logrado una captación de aproximadamente un millón de niños, niñas y maestros que ya están implementando las diferentes danzas en sus escuelas como parte de su formación. Los docentes han observado más participación en los niños, nuevos hábitos de conducta, no sólo en las clases de danza sino en todas las demás materias, que dan cuenta de cambios favorables y notables. El Ministerio de Educación tiene deseos de que este programa se comience a implementar también en los liceos y hemos tenido reuniones donde discutimos incluso la posibilidad de incorporarlo en la educación superior.

 

¿De qué manera cree usted que el ballet contribuye a reforzar nuestra identidad nacional, necesaria para nuestra soberanía cultural?

 

Personalmente, pienso que el ballet es como el latín de las danzas escénicas. Cualquier bailarín clásico bien entrenado podría rápidamente interpretar una danza moderna, una danza contemporánea, un tango o un flamenco. Aunque tendría que manejar otras cualidades particulares de cada género, se le haría mucho más fácil que a un bailarín que sólo se ha formado en danza contemporánea. En cuanto al programa de las Escuelas Bolivarianas, queremos fortalecer la identidad nacional exigiendo todas las danzas: la tradicional, las indígenas y las académicas para darle a los alumnos la gama total de todo lo que existe, teniendo en cuenta nuestras posibilidades. Si a alguno le gusta muchísimo el ballet y decide ser bailarín pues bienvenido sea, pero no es nuestro propósito fundamental. El programa no pretende buscar artistas o cazar talentos. Nosotros queremos abrirles a los niños la visión del mundo que los rodea, abrir el campo de sus experiencias y dejarles saber que hay mucho más de lo que ellos conocen en su entorno cercano.

 

¿Está de acuerdo con la masificación de la cultura?

 

Sí, porque la cultura lo es todo y empieza con la educación, primero con la familiar y luego con la escolar. Hay que formar a un nuevo ciudadano, más sensible. Que se de cuenta que en el mundo hay mucho más que zapatos Nike, cocaína, heroína, la última pomada para el cabello o la última ropa de moda. Creo que a través de la masificación del arte y sus expresiones culturales, esa sensibilidad se puede lograr y se puede ayudar a elevar el lado bello del ser humano.

 

¿Considera que las políticas que ha emprendido el ministerio de Cultura han sido positivas en ese sentido?

 

Creo que en general han sido positivas, aunque todo cambio trae consigo un riesgo. Sin embargo, hay muchas cosas que aún se deben corregir, que uno no entiende por qué suceden o no está de acuerdo. Lo que sí ha quedado demostrado en estos últimos diez años, sobre todo cuando se observa a los grupos independientes de las artes escénicas, es que han tenido su presupuesto reconducido y hay una proliferación de muchos grupos. Hay mucho talento que trabaja en la calle, en canchas, en plazas, con o sin presupuesto, sin subsidios de ningún tipo. Creo que esto es admirable, porque hay mucha fe en los artistas de seguir adelante y eso es lo positivo.

 

¿Qué opinión le merece la relación danza-política?

 

Todo acto es político. En la danza cualquier mensaje que uno pueda expresar es político. Uno representa a los íconos y eso no necesariamente quiere decir que la compañía se ubica per se políticamente de un lado o del otro, porque va más allá de eso. El arte está por encima de las políticas también.

 

He observado que hay una tendencia paulatina a la desaparición de las compañías de ballet y de danza contemporánea independientes, bien sea por falta de recursos económicos, de espacios para ensayar, de teatros que les abran las puertas o de sueldos estables. ¿Cómo observa usted el panorama y cómo se puede revertir esta situación?

 

Ese es un trabajo arduo y difícil. Justamente, nuestro granito de arena es el programa que llevamos adelante porque estamos convencidos de que de aquí a veinte años va a haber otro panorama. En Austria, por poner un ejemplo, el primer presupuesto del año que se discute es el de la orquesta filarmónica, porque si eso no es así el ministro tiene que renunciar o lo botan; y la presión de esta medida no la ejercen las altas jerarquías, sino que es el pueblo quien tiene muy en alto a su filarmónica. Obviamente, si aquí los políticos, o quienes están a cargo, comienzan a sentir que hay una voluntad del pueblo en poner sus valores culturales y artísticos en alto, ellos también van a apreciar económicamente, por decirlo de alguna manera, a las instituciones y agrupaciones. ¿Por qué hay panaderías? Porque la gente compra pan, come pan, le gusta el pan. Si la gente no comiera pan no habría tantas panaderías. El valor de algo surge de la necesidad de existir de la cosa y nosotros, los artistas, creemos firmemente en lo que estamos haciendo, porque sabemos la importancia y el beneficio que las artes le dan a la sociedad. Estamos empujando el carro con lo que podemos y dándole apoyo a las agrupaciones que se han mantenido contra viento y marea, con o sin presupuesto, demostrando que tienen un valor en la sociedad.

Desde Caracas,

Akaida Libertad Orozco Díaz