América XXI

Según las encuestas gana la candidata del PT

Fecha de publicación: 02/09/10
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Perspectiva:  todo indica que la elegida de Lula ganará la presidencia de Brasil. Puede incluso que venza en primera vuelta, el 3 de ocubre próximo. Los tres candidatos con mayor votación según las encuestas son Dilma Rouseff del Partido dos Trabalhadores, José Serra del Partido Socialdemócrata y Marina Silva, del Partido Verde. Los gastos de campaña son fabulosos: 157 millones de reales el PT y 180 millones el PSDB (sumados equivalen a 235 millones de dólares). Hay otros seis candidatos, de los cuales no se ocupan los medios. América XXI ofreció en marzo pasado una acabada cobertura sobre el Congreso en el que el PT designó su candidata y definió programa y alianzas.



Será útil exponer ahora el ángulo de mira de sectores que abandonaron el PT en los últimos 8 años, con severas críticas a la política del gobierno que lucharon por conquistar. Se publican a continuación fragmentos de una entrevista al diputado Iván Valente, miembro de una de las corrientes internas del Partido Socialismo y Libertad (Psol) y un artículo de Frei Betto, amigo personal de Lula. Ambos textos corresponden a Correio da Cidadanía.

¿Cómo observa el escenario electoral, según lo que indican las encuestas respecto de Serra, Dilma y Marina?

 

Iván Valente: las candidaturas del PT y el Psdb representan proyectos que no tienen diferencias esenciales en política económica y en la forma como sustentan la gobernabilidad, con alianzas heterodoxas, pautadas por el abandono de un proyecto de transformación social más profundo.

 

A través  del primer debate presidencial transmitido por la TV Bandeirante no se notaron diferencias substanciales en la visión de estos tres candidatos sobre las diferentes áreas económicas y sociales. ¿Existe alguna diferencia importante?

 

Hay diferencias entre el PT y el Psdb, particularmente en la política internacional y en algunas políticas compensatorias. La opción Marina Silva no consigue ser alternativa porque no se lo propone, no tiene condiciones ni movimiento social detrás para polarizar esta disputa. El Psol, a pesar de ser un partido en construcción, tiene una propuesta alternativa de transformación social, basada en un programa capaz de abarcar grandes sectores de la población, trabajando con ética en la política y creyendo en la fuerza de los movimientos sociales y la participación popular (...) En las calles de San Pablo la elección todavía está fría. Son poquísimos los candidatos que salen dispuestos a dialogar con la población. En las periferias vemos máquinas electorales de campañas millonarias operando a todo vapor.

 

Es realmente notable que el candidato por el Psol, Plinio de Arruda Sampaio, con apenas 1% de intención de voto en las últimas encuestas esté conquistando algún espacio en los principales medios. ¿A qué se puede atribuir?

 

Después del desempeño de Plinio en el debate en la Bandeirante, transmitido en vivo para todo el país, la gran prensa no pudo ignorar más su candidatura, a pesar de seguir haciendo una cobertura extremadamente desfavorable.

 

¿Qué diferencia esta candidatura, así como la de otros postulantes que se posicionan más a la izquierda, como el caso del Pstu y el Pcb?

 Tanto la candidatura del Psol como la del Pstu y el Pcb proponen una ruptura con la organización y el funcionamiento del Estado tal como son hoy. O sea, son partidos que no se rindieron a la lógica de los acuerdos políticos para mantenerse en el poder a cualquier costo. De la misma forma, son partidos que defienden la inversión de prioridades, que los recursos del Estado no sean usados para aumentar el lucro de los Bancos, sino para garantizar dignidad al pueblo brasileño. El Psol defiende que Brasil reparta sus riquezas, sus tierras, su renta y su poder. Ninguna de las tres candidaturas que están arriba en las encuestas tiene coraje para decir eso.

 ¿Cómo se coloca efectivamente la perspectiva socialista en el contexto de una candidatura a izquierda, como la de Plinio?

 

El  socialismo debe ser defendido como un sistema donde todos tengan sus derechos garantizados, donde la brutal desigualdad que tenemos en Brasil no sea vista como algo natural y donde el mercado no sea el dictador de las reglas de funcionamiento del país. Es claro que Brasil precisa avanzar mucho para llegar al socialismo. Pero el papel de una candidatura a izquierda lo mantiene en el horizonte, al contrario de lo que hacen tantos partidos que tienen el socialismo como nombre y niegan su historia. O como aquellos que nacieron defendiendo el socialismo y abandonaron esta bandera en medio del camino, porque dejó de serles políticamente útil. La lucha socialista es aquella que ataca las bases de sustentación del régimen capitalista, abarca a las masas trabajadoras y coloca al pueblo en movimiento, con la lucha por la reforma agraria, por la auditoría de la deuda pública, la democratización de los medios de comunicación y la defensa de los derechos esenciales negados por el capitalismo.

 

Desde San Pablo,

Valeria Nader.

 

Desigualdad Social

Por Frei Betto
Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) divulgado en julio señala que Brasil tiene el tercer peor índice de desigualdad en el mundo. En cuanto a la distancia entre pobre y ricos, nuestro país empata con Ecuador y sólo queda atrás de Bolivia, Haití, Madagascar, Camerún, Tailandia y África del Sur. Aquí tenemos una de las peores discuciones de la renta en el planeta. Entre los 15 páises con mayor diferencia entre ricos y pobres, 10 se encuentran en América Latina y el Caribe. Mujeres (que reciben salarios más bajos que los hombres), negros e indígenas son los más afectados por la desigualdad social. En Brasil apenas 5,1% de los blancos sobreviven con el equivalente a 30 dólares por mes. El porcentual sube a 10,6% en relación a indios y negros.
En América Latina hay menos desigualdad en Costa Rica, Argentina, Venezuela y Uruguay. La ONU apunta como principales causas de la disparidad social a la falta de acceso a la educación, la política fiscal injusta, los bajos salarios y las dificultades para disponer de servicios básicos, como salud, saneamiento y transporte. Es verdad que en los últimos diez años el gobierno brasileño invirtió en la reducción de la miseria, pero eso no evitó que la desigualdad se propague entre las futuras generaciones. Según la ONU, 58% de la población brasileña mantiene el mismo perfil social de pobreza entre dos generaciones. En Canadá y países escandinavos este índice es de 19%.
Lo que permite la reducción de la desigualdad es, en especial, el acceso a la educación de calidad. En Brasil, sólo 9 de cada 100 habitantes poseen diploma universitario. Basta decir que cada año 130 mil jóvenes entran en todo Brasil a los cursos de ingeniería. Sobran 50 mil puestos y apenas 30 mil llegan a la graduación. Los demás desisten por falta de capacidad para proseguir los estudios, de recursos para pagar la mensualidad o por necesidad de garantizarse un lugar en el mercado de trabajo. En las elecciones de este año votarán 135 millones de brasileños, de los cuales 53% no terminaron la enseñanza primaria. ¿Qué futuro tendrá este país si la sangría de la no escolarización no se detiene?
Sí, hay mejoras en nuestro país. Entre 2001 y 2008 la renta del 10% más pobre creció seis veces más rápidamente que la del 10% más rico. La de los ricos creció 11,2% y la de los pobres 72%. Sin embargo, de acuerdo con datos del Ipea (Instituto de Pesquisa Económica Aplicada), este índice no cambia: la mitad de la renta total de Brasil está en manos del 10% más rico y el 50% más pobre se reparte apenas el 10% de la riqueza nacional. Para operar una drástica reducción en la desigualdad imperante en nuestro país es urgente promover la reforma agraria y multiplicar los mecanismos de transferencia de renta, como la Previsión Social. Hoy 82,3 millones de brasileños son beneficiados por el sistema previsional, que promueve de hecho la distribución de la renta.
Más de la mitad de la población tiene menos del 3% de las propiedades rurales. Apenas 46 mil personas son dueños de la mitad de la tierra. ¡La misma estructura desde el Brasil del imperio! Y quien da empleo en el campo no es el latifundio ni el agronegocio, es la agricultura familiar, que ocupa apenas 24% de las tierras, pero emplea al 75% de los trabajadores rurales. Hoy los programas de transferencia de renta del gobierno –incluyendo asistencia social, Bolsa Familia y jubilaciones- representan 20% del total de la renta de las familias brasileñas. En 2008, 18,7 millones de personas vivían con menos del salario mínimo. Si no fuese por las políticas de transferencia, serían 40,5 millones. Eso significa que en estos últimos años el gobierno Lula sacó de la miseria a 21,8 millones de personas. En 1978 sólo el 8,3% de las familias brasileñas recibían transferencia de renta. En 2008 era el 58,3%.
Es una falacia decir que al promover transferencia de renta el gobierno está “sustentando vagos”. El gobierno sustenta vagos cuando no castiga a los corruptos, el nepotismo, las licitaciones tramposas, la malversación del dinero público. Transferir renta a los más pobres es un deber, en especial en un país en el que el gobierno irriga el mercado financiero engordando la fortuna de los especuladores que no producen. La cuestión reside en enseñar a pescar en lugar de regalar el pescado. Entiéndase: encontrar la puerta de salida a la Bolsa Familia. Todas las investigaciones comprueban que los más pobres, al obtener un poco más de renta, invierten en calidad de vida, como salud, educación y vivienda. Brasil es un país rico, pero no es justo.
Desde San Pablo