América XXI
Año VIII
Número 63 - Julio 2010
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Hacia el socialismo con las herramientas de la Constitución

 

Por: Randolph M. Borges
Fecha de publicación: 25/06/10
Foto Trabajadores de Pdvsa en apoyo a la nacionalización de la cementera mexicana

Impulso: a la inversa de lo ocurrido en tantas otras experiencias del pasado en la región, cada ofensiva de la burguesía nacional y del imperialismo para evitar los avances de la revolución fue respondida con rapidez y contundencia profundizando el proceso. Así, los intentos de desabastecimiento dieron lugar a una aceleración en la marcha de las expropiaciones en áreas estratégicas.



Cuando en diciembre de 2006 Hugo Chávez logró su reelección, con el 63% de los votos, lo hizo con la promesa de llevar al país hacia el socialismo. Esta propuesta despertó los peores fantasmas de la guerra fría en el empresariado, que redobló su política tendiente a la desestabilización y el derrocamiento del gobierno revolucionario.

Pese a los muchos logros en salud, educación y políticas alimentarias que ya había alcanzado el Gobierno, el poder económico seguía en manos de la oligarquía nacional y extranjera. Avanzar hacia el socialismo con enemigos declarados de ese fuste sería una tarea titánica. La única vía constitucional: la expropiación.

La Carta Magna venezolana reza en su artículo 115: “Se garantiza el derecho de propiedad. Toda persona tiene derecho al uso, goce, disfrute y disposición de sus bienes. La propiedad estará sometida a las contribuciones, restricciones y obligaciones que establezca la ley con fines de utilidad pública o de interés general. Sólo por causa de utilidad pública o interés social, mediante sentencia firme y pago oportuno de justa indemnización, podrá ser declarada la expropiación de cualquier clase de bienes.”

Amparado en la constitución y las leyes, el gobierno de Chávez echó a andar su plan de recuperación de cuatro áreas consideradas estratégicas para el proyecto socialista: 1) alimentos; 2) construcción; 3) bienes y servicios; 4) petróleo.

Batalla por el pan

“Con la comida no se juega”, es una frase muy común que en Venezuela las madres repiten a sus niños de poco apetito; una precaución que no ha sido tomada en cuenta por algunos empresarios. En diciembre de 2007 hubo elecciones nuevamente en Venezuela, esta vez para decidir si aprobaba o no la reforma a la Constitución nacional. La propuesta de Gobierno era profundizar el camino al socialismo. El eje de la propaganda opositora, alentar el miedo al “castro-comunismo”.

Finalmente ganó el “no” y la oposición se alzó con su primera victoria sobre el chavismo. La herramienta principal utilizada en la campaña, fue el acaparamiento de alimentos; la leche fue uno de ellos.

El 14 de marzo de 2008, el Gobierno anunció la expropiación de Lácteos Los Andes, una de las principales productoras y distribuidoras de leche y sus derivados en el país. Con esta acción, el Gobierno se aseguró el 35% del sector y “mágicamente” los productos lácteos aparecieron en los anaqueles: Pero otros productos comenzaron a escasear: arroz, pastas, harina de maíz, café y casi todos los productos de primera necesidad fueron desvaneciéndose de las vitrinas y misteriosamente aparecían en transportes que clandestinamente sacaban los productos hacia Colombia.

En 2009 las expropiaciones en el área de los alimentos tomaron un impulso sin precedentes: 4 de marzo, se expropia la arrocera estadounidense Cargill que violaba los acuerdos de producción a precios regulados. 6 de marzo, se expropian 1.500 hectáreas de tierras de la multinacional Smurfit Kappa, que serían destinadas para la agricultura y puestas en manos del pueblo. En mayo de 2009 fueron expropiadas otras 10 mil hectáreas para los mismos fines, con la promesa de garantizar la soberanía alimentaria y en octubre del mismo año se intervienieron dos centrales azucareras de capital extranjero.

En enero de 2010 el presidente Chávez anunció la expropiación de la cadena de hipermercados Éxito, empresa que desde el año 2004 venía siendo objeto de sanciones de todo tipo: desde multas por acaparamiento hasta cierres temporales por ofertas engañosas y remarcación de precios.

Abril fue el mes en que la expropiación llegó a la mayor empresa productora de alimentos en Venezuela: Polar. El emporio de las bebidas y alimentos había participado en aventuras golpistas y desestabilizadoras y hasta el día en que se escriben estas líneas, mantiene una guerra de propaganda victimizadora por todos los medios de comunicación, a los cuales surte con las mejores tajadas publicitarias.

El poder de las constructoras

Crear un sistema eficiente de construcción de obras públicas (carreteras, autopistas, puentes, escuelas, sistemas de ferrocarriles, subterráneos o viviendas dignas), ha sido bandera del gobierno revolucionario en sus 11 años de vida. En ese camino los obstáculos se multiplicaron, pues el sector estaba en manos privadas. Los proyectos en materia de construcción eran muchos, pero las trabas y los altos costos de material también; así que en junio de 2008, el Estado venezolano recupera la Suderúgica del Orinoco (Sidor), privatizada por los gobiernos anteriores. Sidor es la primera productora de acero en la zona andina y el Caribe y fue comprada al grupo argentino Techint por casi 2 mil millones de dólares.

En la ruta por la soberanía en materia de construcción, el Estado compró los activos de las cementeras Lafarge, de Francia y Holcim, de Suiza. Estas dos empresas eran hasta la fecha responsables del 50% de la producción de cemento. En agosto de 2008, expropió la mexicana Cemex, que producía el otro 50%. El Estado venezolano, que para “pegar un bloque” debía acatar los lineamientos y precios de la industria privada, se hizo con el control de la producción cementera. Así nació la Corporación Socialista de Cemento, donde los trabajadores toman parte de las decisiones de la empresa. Otras empresas del sector metalúrgico como Matesi, Comsigua, Orinoco Iron, Venprecar, también fueron nacionalizadas en mayo de 2009.

Controles estratégicos

Desde el día que en Bolivia privatizaron el agua potable, se perdió toda capacidad de asombro y quedó claro que las transnacionales harían lo que fuera para ganar dinero. Durante los años 1980 y 1990 en Venezuela la totalidad de los servicios públicos en manos del Estado fueron vendidos a precios de risa al capital extranjero.

Áreas tan estratégicas como telecomunicaciones y energía, fue dejada en manos de empresarios de dudosos escrúpulos, que lanzaron a la calle a miles de trabajadores y alteraron las tarifas a placer. Además, atentaban contra la seguridad de Estado al convertirse en potenciales saboteadores del suministro de estos servicios.

En febrero de 2007, el Gobierno reestatizó la Electricidad de Caracas y la compañía eléctrica Seneca, ambas de propietarios estadounidenses, con lo cual recuperó el control de casi el 82% del sector. En mayo de ese mismo año, reestatizó la Compañía Anónima Telefonos de Venezuela (Cantv), empresa que tiene el monopolio de la telefonía directa y también posee un amplio mercado en telefonía móvil. Con estos sectores controlados, el Estado aseguró mayores inversiones, crecimiento y proyección.

 Y el petróleo...

Al hablar de Venezuela es inevitable pensar en petróleo. En este sector el Gobierno nacionalizó todos los proyectos en la Faja petrolífera del Orinoco, que bajo engaño de las transnacionales había sido explotada como bitumen. En esta región existen reservas estimadas en 316 mil millones de barriles de petróleo, que estaban siendo explotados de forma desi-gual para el país por diversas empresas. Para dar este paso el Gobierno propuso la metodologia de empresas mixtas, las cuales fueron aceptadas por la mayoría de los involucrados, salvo las estadounidenses Exxon Mobil y Conoco Phillips, que demandaron al Estado en un largo proceso y ya han sufrido dos derrotas en los tribunales internacionales.

El largo y difícil camino elegido por el presidente venezolano para llegar al socialismo está lleno de tropiezos, calumnias, conspiraciones y contradicciones. La antigua lucha por los medios de producción goza de muy buena salud en Venezuela, aunque las incógnitas siguen pendiendo de un hilo muy fino.

Desde Caracas