América XXI
Año VIII
Número 63 - Julio 2010
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Elección parlamentaria el 26 de septiembre

Fecha de publicación: 25/06/10
Foto Acto en el Poliedro para organizar la movilización electoral

Puede parecer exagerado amarrar el futuro de la Revolución Bolivariana –o, lo que es lo mismo, de Venezuela– a un resultado electoral. No lo es. Hay que descartar, por supuesto, que la continuidad del profundo proceso de transformaciones en curso se interrumpa por algunas curules más o menos en la Asamblea Nacional. La alternativa es otra.

En 2005 el comandante Hugo Chávez dijo ante una masa incontable reunida en Caracas, que el programa de la Constitución Bolivariana no podía ser cumplido sin romper con la camisa de fuerza del sistema capitalista. Luego, en diciembre de 2006, esa propuesta fue puesta a votación. Chávez fue reelegido. Con el 63% de los votos.

Desde entonces, en consecuencia con aquella verdad constatada antes de ser expresada; y de acuer-do con el mandato popular, el cumplimiento de la Constitución estuvo inexorablemente asociado al avance en la transformación socialista.

En otras palabras: cumplir con la Constitución, honrar la voluntad del soberano, equivale a continuar el camino sistemático de transición socialista.

No hace falta decir que el entramado jurídico del Estado debe adecuarse a esa transición. Para eso hacen falta leyes que, por su naturaleza, requieren de mayoría calificada. Si la revolución no tuviere esa mayoría, la oposición bloquearía la sanción de aquellas leyes. Es decir, impediría el cumplimiento de la Constitución. Y se valdría para ello de la institución legislativa, aun contando con exigua minoría.

Ni el más torpe de los políticos puede creer que la marcha de la Historia se amolde a las leyes. La realidad es exactamente a la inversa.

Ocurre que la oposición en Venezuela no sólo es más torpe que el más torpe, sino que recibe órdenes de Washington. Y las cumpliría incluso en el caso de que esa conducta pusiera en peligro la armónica marcha institucional que, pese a dos intentos golpistas y constantes conspiraciones, ha seguido la Revolución Bolivariana durante 11 años.

El pueblo venezolano, los Consejos Comunales, la Fuerza Armada Bolivariana, el Psuv, Chávez, no detendrían su marcha. No admitirían que una orden del Departamento de Estado estadounidense hiciera fracasar el proceso de independencia iniciado por Bolívar, traicionado y derrotado luego, reaparecido en incontables combates populares y de vanguardia y consolidado con la fusión de pueblo, Fuerza Armada y vanguardia revolucionaria desde 1998.

De allí el carácter decisivo de esta elección. Lo comprenden muy bien todos los involucrados.

En las 13 páginas siguientes América XXI ofrece una cobertura abarcadora y profunda. Allí están los hechos, las cifras, los protagonistas, las fuerzas del cambio y las reacciones de la burguesía; unas y otras reveladoras de la realidad venezolana que tendrá su momento crucial el 26 de septiembre.