Múltiples significados de un éxito
Debate: economistas y dirigentes políticos de diferente signo debaten el resultado de un exitoso canje de deuda en cesación de pagos. Por detrás de esas consideraciones se replantea la estrategia de “vivir con lo nuestro” o volver a respaldarse en el crédito externo. Mientras tanto, la sangría de riquezas continúa y aumenta sin cesar.
Con éxito culminó el Gobierno un segundo tramo de negociaciones con acreedores en litigio. Pese a que originalmente el ministro de Economía Amado Boudou aseguró que obtendría una adhesión superior al 80% de los 12.067 millones de dólares remanentes del total negociado en 2005, desde las expectativas del gobierno el 66% alcanzado puede considerarse un resultado satisfactorio. Queda irresuelto un monto de 6.216 millones de dólares, más los intereses correspondientes, que hace un total aproximado a los 10 mil millones de la moneda estadounidense. Esa suma y los 6.700 millones de deuda impaga con el Club de París es el tramo de endeudamiento aún en cesación de pagos. Los fondos buitres tienen margen para continuar pleiteando y provocando embargos.
La cesación de pagos ocurrió en diciembre de 2001, en medio de una crisis convulsiva y durante la breve presidencia de Adolfo Rodríguez Sáa. Durante 2003 y 2004 y ya con Néstor Kirchner en la Casa Rosada, el ministro de Economía Roberto Lavagna (quien mantuvo ese cargo desde el período de Eduardo Duhalde), por una deuda vencida de 81.800 millones de dólares propuso a los acreedores una quita del 75% y la reprogramación de vencimientos e intereses. Con esas condiciones, negoció un canje equivalente al 76,15% de la deuda vencida e impaga. A fines de 2004, la deuda total rondaba los 178 mil millones de dólares. Por los 62 mil 500 millones de dólares a valor nominal negociados, Lavagna entregó títulos equivalentes de 35,3 mil millones de dólares.
Los bonos emitidos a tal efecto (Par, Discount y Cuasi Par –estos últimos en pesos argentinos), corrieron los vencimientos a 25, 28 y 33 años y bajaron los intereses en el punto de partida, con una escala ascendente en los años siguientes, en una compleja operación que incluyó compensaciones amarradas al crecimiento del PBI y, en el caso de los bonos en moneda nacional, referidas al aumento de la inflación. Esto último provocó la manipulación del Instituto de Estadística y Censo por parte del Gobierno para evitar asumir oficialmente los altos niveles inflacionarios y el tremendo impacto que esto hubiese tenido sobre el pago de intereses y, en consecuencia, sobre el saldo de las cuentas fiscales. Con todo, además de la quita de capital señalada, el componente en pesos de la deuda pasó del 3 al 37%. Lavagna completó su tarea con la sanción por parte del Congreso de una llamada “Ley cerrojo”, que impedía reabrir el canje para la deuda restante.
Plasticidad legal
En 2009 el Gobierno decidió reabrir una nueva ronda de canje. El objetivo explícito: reingresar al mercado de capitales para poder financiar el pago de las obligaciones durante 2010 y 2011. Críticos de izquierda, incluso dentro del ejecutivo, asociaron esta decisión a las exigencias del G-20 y a un nuevo cuello de botella con los pagos de la deuda. El hecho es que, por pedido oficial, el Congreso “suspendió temporalmente” la vigencia de la Ley cerrojo. Al margen del significado de la suspensión temporal de los efectos de una Ley, lo curioso fue que los legisladores del gobernante Partido Justicialista y la ultra opositora Unión Cívica Radical votaron conjuntamente a favor del requisito para “volver a los mercados financieros internacionales”. No menos curioso resultó que el conjunto de la prensa comercial, que diariamente incurre en los peores excesos para denigrar al oficialismo, acompañó con simpatía la totalidad del proceso ahora culminado.
Resultados y perspectivas
Las autoridades celebraron el saldo de este canje como una gran victoria. La presidente Cristina Fernández llegó a proponer, con humor, que el 24 de junio fuese declarado “día del desendeudamiento”. En realidad, la deuda continúa y, en más de un sentido, se acrecienta. El fisco tendrá exigencias adicionales para el pago de intereses por 365 millones de dólares en 2011 y 371 millones en 2012. Además, para el pago de intereses vencidos a los acreedores que aceptaron el canje se emitieron bonos por otros mil millones de dólares. Sangrando por la herida, Lavagna declaró: “volvió el festival de los bonos y la especulación financiera típica de los noventa”. Otras voces críticas desde la derecha indican en cambio que, si bien el canje es loable, no abrirá el crédito internacional a Argentina. De hecho el manipulado “riesgo país” aumentó al día siguiente. La reactivación que de una caída del 4% del PBI en 2009 exhibe hoy un crecimiento estimado entre el 6 y el 9% este año, dicen estos críticos, requiere un alto nivel de inversión que no será accesible en el cuadro actual. Por eso, en lo que va del año el gobierno utilizó 2051 millones de dólares de la reserva (hoy superior a los 49 mil millones) para pagar deuda.
Por detrás de este debate donde la verdad se escurre, está el significado más relevante de la nueva ronda de canje: implica una renuncia a “vivir con lo nuestro” y remite nuevamente toda perspectiva de crecimiento al crédito externo.