Mucho conquistado, mucho por conquistar
Estación principal del satélite Simón Bolivar ubicada en la Base Aéroespacial Capitán Manuel Ríos (Bamari), El Sombrero, municipio Julian Mellado, estado Guárico
Disparidad: pese a lo mucho que ha avanzado la Revolución Bolivariana en el combate de ideas y la adecuación de los medios de comunicación para esa batalla crucial, sólo el 12% del espacio radioeléctrico ha sido recuperado y la burguesía controla más del 80% de la parafernalia mediática. Por esa vía el capitalismo penetra y convive en el cotidiano social, se presenta a diario con distintos rostros y distintos discursos, adueñándose de conceptos universales y símbolos locales, utilizados para legitimar sus planes.
Hoy se libra en Venezuela una de las batallas más complejas y decisivas de su historia: el naciente proyecto socialista enfrenta a la vieja cultura capitalista, llena de antagonismos y contradicciones, producto de la historia colonial y petrolera, fortalecida a través de sus medios de comunicación. Nunca antes la oligarquía había contado con armas tan poderosas, masivas, invasoras y adictivas como los medios de comunicación que controla.
En estos años el pueblo venezolano comprendió que para garantizar la supervivencia de la revolución era fundamental librar la batalla comunicacional. Ya en 2001, el movimiento de medios comunitarios obtuvo su primera conquista con la aprobación del Reglamento de Radiodifusión Sonora y Televisión Abierta Comunitarias de Servicio Publico sin fines de Lucro. Pero fue luego del golpe de abril de 2002 que el Gobierno se activó con más fuerza.
Rápidamente se hizo necesario romper el monopolio de los medios y democratizar la producción de contenidos, acaparados hasta ese momento por los grupos Cisneros, 1BC, Camero y Zuloaga-Mezerhane, quienes habían logrado, con la complicidad de los gobiernos anteriores, crear una importante estructura de producción de telenovelas, programas de concursos y de información, dirigidos a invisibilizar al pueblo, a despreciar la cultura nacional y a desmovilizar a las comunidades organizadas.
A pesar de las victorias populares contra el golpe mediático y el paro petrolero, la burguesía nacional no cesó en sus planes para derrocar a Hugo Chávez. A través de sus medios continuó con la artillería antichavista de forma ininterrumpida utilizando, además de la radio y la televisión, los sistemas de telefonía, internet y las redes sociales derivadas de estas últimas. Así, la burguesía nacional promovió la cultura del “antichavismo” en todos los espacios mediáticos bajo su control, apuntando sobre todo a los sectores más pudientes o autodenominados de “clase media”, como si se tratara de una moda nueva, plagando la programación de los medios de comentarios descalificadores contra el socialismo y legitimando a gran escala los preceptos ideológicos de la contrarrevolución.
Pasos estratégicos
Es producto de la toma de conciencia sobre la intensidad de la guerra mediática que, en noviembre de 2003, salió al aire un nuevo canal del Estado, Visión Venezuela (ViVe), con proyección nacional, dirigido a visibilizar a las organizaciones sociales y a los sectores populares que hasta la fecha permanecían excluidos de los medios. Rápidamente, ViVe se convirtió en el canal escuela de los movimientos sociales y comenzó un importante e inédito proceso de articulación de todos los medios de comunicación popular para proyectarlos a escala nacional.
La revolución logró en 2004 la aprobación de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, abriendo espacios a los productores independientes y coadyuvando al surgimiento y consolidación del movimiento de medios comunitarios y alternativos. Gracias a esta ley se regularon los horarios, se democratizaron los contenidos y se crearon franjas para la programación infantil. Pero estas primeras medidas estaban lejos de resolver el problema de fondo. Aún democratizando la producción de contenidos, el sector privado siguió controlando más del 90% del espectro radioeléctrico, incluyendo además de las señales de radio y televisión, la telefonía fija, celular y el servicio de internet en casi todo el territorio nacional. La batalla contra el latifundio mediático apenas comenzaba.
Ya en el fragor de la batalla, se inician en 2004 importantes proyectos de adecuación tecnológica de los canales oficiales que contemplaron la actualización progresiva del equipamiento y la instalación de cientos de transmisores en todo el territorio nacional para repotenciar las señales de Venezolana de Televisión (VTV), Radio Nacional de Venezuela (RNV) y ViVe, hasta completar una cobertura actual de casi 90% de la población y la recuperación de apenas 12% del espectro radioeléctrico. Se constituyó en ese momento la Red de Transmisores de Venezuela (RedTv) con el fin de desarrollar la infraestructura de contribución y distribución de las señales radioeléctricas del Estado.
En 2005 y ante la mordaz campaña desatada contra los países del Alba y del Mercosur, surgió la necesidad de pasar de la resistencia a la ofensiva internacional. Es así como nace La Televisora del Sur (Telesur), con sede en Caracas y gracias a la voluntad política y a la participación de varios gobiernos latinoamericanos conscientes de la necesidad común de enfrentar las campañas generadas por la cadena CNN y replicadas a diario por sus aliados pitiyanquis al interior de cada país de la región.
En 2006 ViVe concentró su mayor esfuerzo en la ejecución del proyecto de regionalización, que consiste en la creación de seis sedes regionales articuladas entre sí y con otras organizaciones sociales, garantizando la participación real del pueblo en la producción de contenidos. En 2007, el Estado decidió por razones estratégicas y de soberanía nacional, recuperar la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (Cantv), democratizando la mayor infraestructura de telecomunicaciones del país, así como su filial de telefonía celular Movilnet. En mayo de ese mismo año, venció la concesión del canal Rctv propiedad del grupo 1BC y el Gobierno decidió no renovarla. De esta forma se pudo recuperar la frecuencia 2 de la señal abierta en VHF y se creó la Fundación Televisora Social Tves, un nuevo canal público enfocado a la cultura y al entretenimiento no capitalista. Un año después, en octubre de 2008, el gobierno venezolano a través de un convenio con China, lanzó al espacio el satélite Simón Bolívar, dando un salto fundamental hacia la consolidación definitiva de la independencia y soberanía comunicacional y preparando el terreno para el salto tecnológico a la televisión pública digital.
Durante el proceso de recuperación de la soberanía comunicacional de los últimos años, se han ido equilibrando fuerzas y sustituyendo discursos, conceptos y emociones en el imaginario nacional. Nunca antes las mayorías tradicionalmente excluidas de la comunicación habían sido consideradas sujetos protagónicos de los cambios sociales y la cultura nacional devuelta a su condición humana originaria, elevada de nuevo a la consideración más alta, devuelta digna al pueblo. Esta reconstrucción semántica del imaginario ha sido fundamental para el reencuentro con el sentido poético de una identidad única y pluricultural, tan necesaria para vivir bien, todos unidos, diversos y en paz.
Disputa de hegemonía
Sin embargo, a 10 años de revolución la oligarquía continúa controlando más del 80% del espectro radioeléctrico y la propuesta socialista continúa siendo cuestionada sistemáticamente en los medios privados, como si se tratara de algo natural. En cualquiera de estos canales se pueden ver y escuchar a toda hora animadores y periodistas erigiéndose como dueños de la verdad y estableciendo el marco referencial para la percepción de valores y para la comprensión sobre determinados eventos sociales o políticos. Todo lo que concierne el avance de la revolución y la construcción del socialismo, las decisiones que se toman, los planes que se implementan, todo se ve reflejado de forma negativa, o invisibilizado, cuestionado o confrontado al poder alienante de los medios, donde el capitalismo se presenta como lo “políticamente correcto”, “lo que debe ser”, lo incuestionable, como si se tratara de un mandato de Dios.
Aún falta mucho por hacer. Los medios se han internalizado tanto en la vida de cada uno, que gran parte de la población no cuenta aún con las herramientas necesarias para descifrar su discurso alienante y, por esta vía, el capitalismo se ha instalado poco a poco y cómodamente en nuestras casas, se sienta con nosotros a la mesa, convive con nuestras familias, evidencia nuestras contradicciones e incluso participa en la educación de nuestros hijos. Por eso, ante un enemigo redimensionado en el cotidiano por los millones de televisores, radios, computadoras y teléfonos, asumir la resistencia y la reflexión crítica sobre la comunicación se ha vuelto, al mismo tiempo, un objetivo táctico y estratégico, un objetivo fundamental para el avance de la revolución y para la consolidación del socialismo.
Desde Caracas