Mercal y Pdval distribuyen 11 millones de toneladas de alimentos
Caracas, finales de mayo de 2010. Doña Gertrudis recorre con su cesta dos supermercados y tres pequeñas tiendas de alimentos. Se detiene en una esquina y saca del bolsillo la lista de los productos que le faltan en la despensa: “arroz... no hay; aceite... sólo de oliva; margarina... no se consigue”. Desanimada, vuelve a guardar el papel y levanta la vista. Está frente a un kiosko de revistas, su rostro enrojece al leer los titulares. La prensa habla del hallazgo de un número considerable de contenedores con comida dañada perteneciente a la red estatal de distribución de alimentos Pdval. Las palabras: Pudreval, comida piche, comida podrida y corrupción se repiten constantemente. “Esto se lo llevó quien lo trajo” –suspira desanimada. De esta manera, la oposición venezolana anotó el primer gol en la campaña electoral para las parlamentarias de septiembre de este año... o eso cree.
Los venezolanos estamos acostumbrados al acaparamiento de alimentos los meses previos a los procesos electorales. De este modo la oposición acusa al Gobierno de implementar políticas económicas erradas que aniquilan la iniciativa privada y disparan la inflación. Los políticos de derecha vociferan que el socialismo es pobreza y atraso, mientras que el ciudadano de a pie pasa las de Caín para surtir su despensa. Un caso emblemático fue el de los meses previos al referendo de Reforma Constitucional de 2007, cuando los productos de la cesta básica aparecieron al día siguiente de emitir los resultados que le dieron la primera victoria a la oposición después de nueve años de gobierno chavista. Entonces, para garantizar la distribución de alimentos a la población, el gobierno bolivariano creó la empresa de distribución de alimentos Pdval un mes mas tarde del fracaso electoral: enero de 2008.
Pdval nació bajo la tutela de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y sus operaciones dependen de Bariven (filial de la estatal petrolera). Rápidamente, las principales ciudades se llenaron de Pdvales surtidos con productos de calidad a buenos precios. De este modo, el gobierno bolivariano asestó un duro golpe a las mafias de distribución y venta de alimentos. Pero poco a poco, personajes con los vicios heredados del Puntofijismo comenzaron a hacer de las suyas y muchos expendios dejaron de tener la excelencia que los caracterizaron. Trabajadores y usuarios se dieron cuenta de lo que estaba pasando y decidieron no quedarse de brazos cruzados.
Aipo dispara las alarmas
El 2 de octubre de 2008, la organización Anticorrupción Interpelación Popular Organizada (Aipo) publicó en la página web Aporrea que miembros de redes sociales que operan en Producción y Distribución de Alimentos Pdval, denunciaron situaciones de corrupción y tráfico de influencias, liderados por Alberto José Manzano de los Santos y Luis Pulido, para aquel entonces Presidente de Pdval. Las redes revelaron preferencias a la hora de otorgar contratos hacia las empresas de la familia Fernández Berruecos, personaje vinculado meses después a escándalos financieros. Los trabajadores organizados también detectaron que, bajo la gestión de George Kabboul como presidente de Bariven, se efectuaron compras de productos con sobreprecios por más de $70 millones de dólares estadounidenses.
¿De dónde salieron estos personajes? De acuerdo con Aipo son sobrevivientes de la Pdvsa previo al sabotaje petrolero que supieron ponerse ropajes revolucionarios. Faddi Kabboul –hermano de George Kabboul– fue encargado de Bariven en 1997, donde conoció a Luis Pulido, quien se desempeñaba como Gerente de Planificación y Control de Gestión de la Gerencia Corporativa de Prevención y Control de Pérdidas. Kaboul y Pulido se reencontraron cuando Faddi Kabboul fue asignado líder del proyecto gasífero conocido como Mariscal Sucre desde el año 2000. En esa oportunidad, Luis Pulido, ejercía el cargo de Gerente de Logística del Proyecto Plataforma Deltaza, donde se relacionó con el llamado “clan de los hermanos Mandail”, involucrados en actos de corrupción administrativa en Pdvsa Oriente. Cuando nació Pdval, George Kabboul, era Gerente de Bariven y Luis Pulido fue nombrado presidente de la distribuidora de alimentos. Una vez en el cargo, Luis Pulido incorporó a Alberto Manzano de los Santos para asegurarse de contar con filas afectas: el clan de los hermanos Mandail. Nacía así, el “clan Pdvales”.
Cabe destacar que –de acuerdo a la denuncia de Aipo– tanto Pulido como Manzano de los Santos estuvieron involucrados en los actos conspirativos del sabotaje petrolero de diciembre del 2002 y mantienen estrechos vínculos con Luis Giusti: uno de los principales promotores de la privatización de Pdvsa y quien declaró el 24 de noviembre de 2002 “si Pdvsa va al paro el país colapsa en una semana”. El paro fracasó. Pero la contrarrevolución quedó agazapada en la estatal petrolera esperando dar un nuevo zarpazo.
A cada 11 le sale su 13
Después del golpe de Estado del 11 abril de 2002 y el retorno del hilo constitucional el día 13, para las grandes mayorías quedó asumida la consigna “a cada 11 le sale su 13”, advirtiéndole a la derecha sobre la respuesta contundente del pueblo organizado. A pesar de la complicidad y la indiferencia de funcionarios dentro de Bariven y Pdval, las redes sociales siguieron denunciando y levantaron un informe sobre las irregularidades observadas. Tras leerlo, el presidente Chávez ordenó tomar medidas para que los alimentos no se malograran. Asimismo, el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) inició una investigación exhaustiva por el “tufo” que despedían las denuncias.
Entre el 13 y 14 de abril de este año una comisión conformada por funcionarios de la Corporación de Abastecimientos y Servicios Agrícolas (Venalcasa C.A.); Gestión de Calidad, Gerencia de Transporte y Distribución y Almacén de Pdval, Centro de Almacenes Congelados (Cealco); Corporación Venezolana Agraria (CVA ) y Prevención y Control de Pérdidas de Pdvsa (PCP), realizaron una inspección a 838 contenedores que se encontraban en Puerto Cabello. El 29 de mayo, la noticia apareció tímidamente en los medios. El primero de junio, el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) detuvo a Luis Pulido por su responsabilidad en el abandono de más de mil contenedores con comida importada dañada. Posteriormente, fueron detenidos Ronald Flores y Vilyeska Betancourt, ex gerente general y directora ejecutiva de Operaciones de Pdval durante el año 2009. Los delitos que se les imputan: boicot y corrupción.
Lo que oculta la derecha
La derecha y sus medios acusan al Estado de hechos de corrupción e ineficiencia. Ahora bien, el último informe de gestión de PDVAL reconoce 89.120,22 toneladas de productos inutilizados. Según el diario El Nacional -que ha perdido toda credibilidad en la última década- la cifra asciende a 122.000 toneladas. La red Mercal-Pdval ha distribuido y acopiado en reservas unos 11 millones de toneladas de alimentos. Si se toma la cifra opositora, los hallazgos de comida dañada equivale a un 1,1%% del total a lo largo de poco más de dos años. De acuerdo con la cifra oficial, ese porcentaje sería 0,81. En una hipótesis extrema, que duplicara las cifras de la oposición, el total dañado sería del 2% de lo manipulado. Está a la vista: la corrupción e ineficacia resultante de personeros heredados de la IVª República disfrazados de revolucionarios está muy lejos de empañar la obra de la revolución en este terreno.
No cabría minimizar la gravedad del hecho en sí. Mucho menos desconocer que, en un balance objetivo y ante los ojos de las mayorías, no logra oscurecer la inmensa tarea realizada por la revolución en materia de abastecimiento alimentario a precios muy por debajo de la venta comercial. Más aún: lo importante es que en 11 años de gobierno bolivariano ha crecido la ética revolucionaria con la que los trabajadores defienden Pdval y garantizan los alimentos del pueblo; que la organización popular se ha ido afianzando para ejercer la contraloría social y corregir las desviaciones del proceso revolucionario; que fue gracias a las denuncias del pueblo y a la disposición del gobierno bolivariano de enmendar y castigar a los culpables, que este caso salió a la luz y que el sistema de justicia está haciendo su trabajo para castigar a los culpables. Esto demuestra que el socialismo está calando en la conciencia del pueblo, que una vez más le asestó un duro golpe a la contrarrevolución infiltrada en el Estado.
Desde Caracas