La economía japonesa de los últimos 30 años
Del milagro económico a la caída

 

Coloso: Japón, segundo en el listado de las potencias productivas, es un caso único en la historia de la economía mundial. Y su “milagro” a partir de los años 1960 fue motivo de asombro y admiración. Pese a todo, una prolongada declinación iniciada en los años 1990 se agrava ahora como resultado de la crisis mundial detonada el año pasado. Todo indica que cederá el segundo lugar a China, su histórico rival. Es en ese cambio de marcha y ubicación geoestratégica que en las últimas elecciones ocurrió un cambio político cuyas consecuencias están todavía por verse.

Después de la de Estados Unidos, la japonesa fue y sigue siendo para muchos analistas la economía más grande del mundo, con aproximadamente el 15% del Producto Interno Bruto mundial. Es más grande que la suma de las economías de Alemania, Reino Unido y Francia, y por sí sola representa casi tres cuartas partes de la economía del continente asiático. Con una estrecha cooperación entre gobierno e industria, un fuerte dominio de altas tecnologías, Japón avanzó en los últimos 30 años con extraordinaria rapidez, que resulta sorpresiva si se considera que carece de grandes recursos naturales y depende de las importaciones para su abastecimiento de energía, productos agroalimentarios y muchas materias primas. El país asiático se elevó a la categoría de segunda potencia económica mundial en 1968, tras los sofisticados avances que realizó en la industria automotriz y la electrónica, áreas en las que llegó a ser líder mundial. Desde finales de la década de 1960 hasta 1980, Japón vivió lo que se denominó el milagro japonés. La economía nipona se caracterizó por su floreciente complejo industrial, comercial, financiero, agrícola y toda una estructura económica moderna, con una industrialización auxiliada por un masivo bagaje de información y redes de transporte altamente desarrolladas. En poco menos de medio siglo los productos manufactureros y la tecnología, sobre todo los vehículos, artículos electrónicos y la industria del acero se convirtieron en sectores estratégicos. De igual forma las finanzas se desarrollaron aceleradamente debido en gran parte a su moneda, el yen, la tercera más utilizada luego del dólar estadounidense y el euro. Se puede afirmar que la economía japonesa ha sido sin lugar a dudas el fenómeno económico capitalista de la segunda mitad del siglo XX, por un control exhaustivo de las importaciones, una inversión muy elevada en el interior y una política de exportaciones muy agresiva. El resultado fue un Producto Interior Bruto (PIB) de más de cinco billones (millones de millones) de dólares estadounidenses y una balanza comercial positiva de más de 100 mil millones de dólares. Es el segundo país con mayor cantidad de ingresos per capita. También mantuvo una de las flotas pesqueras más grandes del mundo con cazas cercanas al 15% de las capturas mundiales. Además goza de un relativo alto desarrollo tecnológico en la fabricación de semiconductores, fibra óptica, electrónica, óptica de los medios de comunicación, fax y fotocopiadoras, y en los procesos de fermentación de alimentos y bioquímica. La industria automotriz representa una gran parte de la rama de transformación, al punto que es el segundo país mundial en la producción de autos. Sin embargo, tiene ciertos retrasos en los satélites, cohetes y aeronaves de gran tamaño, donde la capacidad de ingeniería avanzada no es suficiente, en particular en la exploración aeroespacial.

Aceleración y colapso

Durante tres décadas el crecimiento económico real fue espectacular: una media del 10% en 1960, del 5% en 1970, y del 4% en los años 1980. Ese desbordante desempeño económico japonés se desaceleró en el período 1992-1995, como consecuencia de la sobre inversión y las políticas para exprimir los excesos especulativos de los mercados bursátiles e inmobiliarios. Para mantener su economía a flote, Japón controló el déficit presupuestario masivo para financiar grandes programas de trabajos públicos. Hacia 1998, los proyectos de trabajos públicos no podían estimular la demanda lo suficiente como para terminar el estancamiento de la economía, por lo que el Gobierno emprendió la llamada “reforma estructural”. La intención fue torcer los excesos especulativos de la reserva y de los mercados inmobiliarios, lo cual condujo al país asiático a una deflación en numerosas ocasiones entre 1999 y 2004. Para 2005, la economía nipona comenzó lo que pareció una recuperación sostenida: el crecimiento del PIB fue del 5,5%, superior a los índices de Estados Unidos y la Unión Europea. Pero a diferencia de las tendencias de reanimación anteriores, el consumo interno fue el factor dominante de crecimiento en esos momentos, a pesar de que Japón era entonces un gran mercado de exportación para todo el mundo. Curiosamente el comercio internacional se expandió un 60%, pasando de 91,4 billones de yenes a 142,6 billones (un dólar es igual a 90 yenes) de 2001 a 2006, pero el monto del PIB apenas creció. Desde mediados de 2008, la demanda global por los autos y electrónicos se redujo, por lo que el país entró en recesión. Para marzo de 2009 hubo un repunte de las exportaciones y manufacturas, aunque el consumo interno fue débil.

Ocaso del “prodigio japonés”

Japón atraviesa una de las mayores crisis económicas. El PIB se contrajo un 12,7% en el último trimestre de 2008, su tercera reducción trimestral consecutiva y la mayor en 35 años, empujada por el desplome de las exportaciones en un 13,9% y el fuerte descenso de la demanda externa. Ese año la reducción total de la economía fue del 0,7%. El ministro de Política Económica y Presupuestaria, Kaoru Yosano, estimó en ese momento que la economía nipona “fue arrasada literalmente por la tormenta mundial”. La caída del comercio mundial era en esos momentos el principal canal de transmisión de la crisis económica, situación que afectó a los llamados países- fábrica como Japón con un retroceso de sus exportaciones por encima del 50%, algo considerado por los economistas como el punto para dejar de ser la segunda economía del mundo y ceder su lugar a China. De esa manera, la nación que por 41 años ocupó la segunda posición en el crecimiento mundial, pasará al tercer puesto, algo ya inevitable y admitido por el gobierno nipón en el informe anual del Ministerio de Economía, Comercio e Industria publicado recientemente. Alimentada mucho tiempo por la demanda de automóviles, aparatos elec-trónicos y otros bienes de consumo de alto valor añadido en Estados Unidos, la economía japonesa vivió un largo período de expansión desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Pero su crecimiento sufrió un frenazo brutal con la caída del consumo de Washington primero y del resto del mundo después. Tal deterioro continuó en los primeros tres meses de 2009 cuando, según los datos revisados, el PIB se replegó un 3,1%. Sorpresivamente ese indicador creció un 0,9% entre abril y junio últimos, lo cual animó al gobierno nipón a declarar la salida de la recesión gracias a las medidas masivas de estímulo, como subsidios para comprar autos de bajo consumo o electrodomésticos. Sin embargo, tal como advirtió el Banco Central, aunque las condiciones han dejado de empeorar, los niveles de desempleo serán altos durante algún tiempo y el consumo permanecerá bajo. Esa misma institución estimó que la economía del país podría contraerse hasta un 3,4% de 2009 al 31 de marzo de 2010, por lo que pidió cautela antes de hablar de un crecimiento fuerte.

Cira Rodríguez César

AméricaXXI
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