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Andrés Guacurarí y Artigas, comandante aborigen en los albores de la lucha antimperialista
Memoria: poco se sabe de Andrés Guacurarí, defensor del proyecto federal encabezado por José Gervasio Artigas. Andresito, como se lo conoce popularmente, nació a fines del siglo XVIII en el territorio que hoy pertenece a la provincia de Misiones. De origen guaraní, fue Comandante General de las Misiones bajo el mando de Artigas. Dirigió al ejército aborigen contra el avance del imperio portugués y luchó por el establecimiento del federalismo contra el centralismo porteño. En la segunda década del siglo XIX fue derrotado y encarcelado en Brasil. Aunque su liberación años más tarde quedó registrada, Andresito desapareció luego sin dejar rastros. A continuación, parte de una historia desconocida y fragmentos de proclamas cargadas de contenido social. Andrés Guacurarí nació en 1778 en la actual provincia de Misiones, Argentina. Con el tiempo, tomó contacto con José Gervasio Artigas. Algunas versiones sostienen que éste era su padre. Otras, que le permitió usar su apellido, como hiciera con otros jóvenes que se incorporaron a sus filas. Las distintas batallas libradas por el caudillo oriental foguearon a Andresito hasta llevarlo a ser designado Comandante General de las Misiones. Por orden del Directorio del Río de la Plata, Artigas fue enviado a cuidar las márgenes del Río Uruguay y asignó a Andresito la defensa de los hoy territorios de Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Córdoba que conformaban la Confederación de los Pueblos Libres (Ver recuadro). La primera campaña de Andresito estuvo dirigida a recuperar el departamento de Candelaria, entonces en manos paraguayas. El Comandante organizó sus fuerzas desde Yapeyú (ubicado en la actual provincia de Corrientes) y el 14 de septiembre de 1815 concretó su objetivo. Fue durante esa campaña cuando emitió una de sus primeras proclamas: “He puesto mi ejército delante de los portugueses, sin recelo alguno en las brillantes armas auxiliadoras y libertadoras sólo con el fin de dejar a los Pueblos en el pleno goce de sus derechos, esto es, para que cada Pueblo se gobierne por sí, sin que ningún otro español, portugués o cualquier otra Provincia se atreva a gobernarlo”. Un año más tarde llevó adelante la Campaña de la Contra Invasión de Artigas y la del Río Uruguay contra la penetración portuguesa del brigadier Francisco das Chagas Santos. En 1818, por orden de Artigas, Andresito marchó sobre Corrientes para restablecer el gobierno federal. Artigas y la lucha federal Desde el siglo XVI los portugueses llevaron adelante una sangrienta guerra para apropiarse de los territorios de la Banda Oriental desde el Río Uruguay hasta el Río Paraná. El plan era dirigirse desde allí al Sur sobre el Puesto del Río de la Plata. El surgimiento de Artigas al frente de su Ejército Guaraní Misionero con sus ideas federales opuestas al centralismo de Buenos Aires llevó al Directorio porteño a privilegiar alianzas con los portugueses y hacer que éstos se enfrentaran con Artigas. El caudillo oriental fue enviado a proteger los territorios actuales del Nordeste argentino. Con un fino análisis del cuadro político, Artigas ordenó a Andresito que se instalara en Santo Tomé (Corrientes) para controlar el Río Uruguay y evitar el asentamiento de los portugueses en la Banda Occidental. Es así que Artigas planeó la invasión a los territorios en manos europeas y venció, gracias a la campaña liderada por Andresito, en Rincón de la Cruz el 16 de enero de 1816. Luego de ese triunfo, Andresito emitió su exhorto a los Pueblos Guaraníes logrando el pase a las filas federales de numerosos contingentes. Al iniciar la recuperación militar de las Misiones Orientales, Andresito lanzó la célebre proclama a todos los naturales del otro lado del río Uruguay: “Andrés Guacurarí y Artigas, ciudadano de Blandengues, Comandante General de la Provincia de Misiones, por Supremo Gobierno de la Libertad, a todos los naturales de la Banda Oriental. Siendo constante que por un favor del cielo he sido llamado al mando de las Misiones, como para el efecto, he tenido la dicha de quitar los pueblos gobernados por Buenos Aires, y rescatar los otros que se hallaban en el año anterior bajo el yugo del Paraguay, colmándome el Dios de los ejércitos de todos aquellos beneficios que son necesarios para la empeñosa empresa de rebatir todo enemigo de la justa causa que defiendo.” “Por tanto, atendiendo e inteligiendo que las mismas o aún mayores razones concurren en mí para libertad de los Siete Pueblos de esta banda del tiránico dominio de los portugueses, bajo el cual han estado 15 años los infelices Indios gimiendo la dura esclavitud. He puesto mi Ejército delante de los portugueses, sin recelo alguno, fundado en primer lugar en que Dios favorecerá mis sanos pensamientos, y en las brillantes armas auxiliadoras y libertadoras, sólo con el fin de dejar a los Pueblos en el pleno goce de sus derechos, esto es para que cada pueblo se gobierne por sí mismo, sin que ningún otro Español, Portugués o cualquiera de otra provincia se atreva a gobernar, pues habrán experimentado los Pueblos los grandes atrasos, miserias y males en los gobiernos del Español y Portugués.” “Ahora pues, amados hermanos míos, abrid los ojos y ved que se os acerca y alumbra ya la hermosa luz de la Libertad, sacudid ese yugo que oprimía a nuestros Pueblos, descansad en el seno de mis armas, seguros de mi protección, sin que ningún enemigo pueda entorpecer vuestra suspirada libertad, yo vengo a ampararos, vengo a buscaros porque sois mis semejantes y hermanos, vengo a romper las cadenas de la tiranía, vengo por fin a que logréis vuestros trabajos, y a daros lo que los portugueses os han quitado en el año 1801 por causa de las intrigas españolas; no tengáis recelo en cosa alguna, si temed las fatales resultas que puedan originarse de vuestra dureza y obstinación, acordaos de aquel famoso pasaje de la Sagrada Escritura, en la que se dice que Moisés y Aarón libertaron al pueblo de Israel de la tiranía del Faraón; así yo, siguiendo este apreciable ejemplo, he tomado mis medidas para el mismo fin, de las cuales una es la de dar comisión al Capitán Miguel Antonio Curaeté, para que como representante mío, corra los mencionados pueblos haciéndoles entender mis ideas y la sagrada causa que defendemos, y para lo que estoy pronto con todas mis tropas, a derramar las últimas gotas de sangre si se ofrece, como también de juntar todos los naturales para que los portugueses no los arreen para adentro, debiendo reunirse con él todos los que penetrados de la dulce voz de la Libertad que os llama, quieran seguir el Pabellón de la Patria: él se entenderá conmigo.” “Compaisanos míos, levantad el sagrado grito de la Libertad, destruid la tiranía, y gustad del deleitable néctar que os ofrezco con las venas del corazón que lo traigo deshecho por vuestro amor”. Centenares de guaraníes se sumaron a las filas libertarias del comandante Andresito. Luego de la proclama, se estima que unos 2.500 hombres con poco armamento de pólvora y muchos sin instrucción militar suficiente, cruzaron el Río Uruguay y, al son de su ancestral música, sitiaron San Borja (Brasil) el 21 de septiembre de 1816. Corrientes: tierra guaraní En 1816, Juan Bautista Méndez, correntino y artiguista, fue elegido democráticamente gobernador de Corrientes. Para la elite correntina era insostenible ser gobernada por un representante de filiación artiguista. Más aún teniendo en cuenta lo que implicaba el Federalismo de Artigas: según el mandato indio de 1814, la tierra era de quien la trabajaba, el control del comercio interior y exterior estaba en manos de los Pueblos Libres y se establecía limitación al poder político de los militares. En su paso hacia la capital correntina para restablecer el gobierno federal (1818), Andresito liberó a indios, gauchos, negros, mestizos, jóvenes y niños esclavos; entregó la tierra a los que querían trabajarla y sumó a sus tropas a quienes quisieron acompañarlo. Los guaraníes, conocedores de la guerra de montoneras y de movimientos, desorientaron a los golpistas y los confundieron. Les hicieron gastar todas sus municiones, haciéndoles creer que se habían retirado de la zona. Al otro día derrotaron a los de la Capital en la Batalla de las Saladas (originalmente San Antonio de las Lagunas Saladas) y Andresito ordenó la rendición a los cuadros sobrevivientes. La entrada a la ciudad fue en perfecto orden. El Comandante Andrés Guacuararí y Artigas ordenó a sus soldados, entre los que había artistas, realizar la obra La Tentación de San Ignacio aprendida en las Misiones Jesuíticas. Entre los guaraníes había excelentes músicos y artistas que luego fueron requeridos en las grandes ciudades. La obra fue representada durante cuatro días en la Plaza Mayor. Al quinto día la ciudad despertó con redobles de tambores que llamaban a reunión. Todos los varones que no concurrieron al teatro, fueron obligados a arrancar los yuyos de la Plaza Mayor con sus manos. Según las memorias de la época, lo hicieron bajo un sol ardiente mientras que sus esposas desesperadas suplicaban piedad al Comandante. Andresito ordenó a las señoras bailar con sus soldados hasta que sus maridos terminaran de limpiar la Plaza. Pero no fue esa la única enseñanza contra la discriminación: a todas las familias que tenían en su poder niños indios esclavos, que habían sido robados, les retiró sus propios hijos y los retuvo durante aproximadamente siete días. Ante el llanto continuo de sus madres y el pedido de su propia compañera, Melchora Caburú, se los devolvió sanos, limpios y bien alimentados. Luego reunió a las madres y les dijo: “Esto les hice para que sepan que las madres indias también tienen corazón”. Contra el centralismo porteño Durante 1818 y 1819, las tropas de José Gervasio Artigas
consiguieron importantes victorias sobre las del Directorio
consolidando la hegemonía
Federal en Santa Fe
y Corrientes.
El 26 de abril de 1819,
entre 1.500 y dos mil guaraníes
cruzaron el Río Uruguay
y tres días después,
con Andresito a la cabeza,
tomaron San Nicolás ante
la sorpresa del enemigo,
que huyó derrotado.
Durante el combate de
San Nicolás, Andresito le
escribió al gobernador de
Corrientes, Juan Bautista
Méndez: “El 26 de la fecha
pude concluir de repasar
el Río Uruguay con
la mayor felicidad, sin
embargo, que la primera
remesa de la Vanguardia,
fueron batidos por los
enemigos pues no obstante
conseguimos pasar sin
pérdida alguna (a Dios
gracias) en cuyo día fueron
igualmente atacados
por una partida de 50
hombres, donde tomaron
los míos un prisionero y muerto un Teniente enemigo, lo que
sirviéndole de escarmiento huyeron desamparando aún una
guardia que tenían en el Paso de San Lucas, dejando un cañón
montado del calibre 2 de bronce y muy exquisito. Hoy día de
la fecha ha sido el día de más aplausos a los dignos hijos de
la Patria; día feliz en que he logrado tomar este Pueblo de San
Nicolás sin oposición alguna”.
“ˇViva la Patria! Porque oyendo el enemigo el nombre de los
Libres Occidentales profugaron vergonzosamente, dejándonos
el Pueblo Libre, y cuatro piezas de Artillería (…)
Estoy en seguir al Enemigo, cuando menos hasta
San Luis, que a tener cabalgaduras lo contaba por
mío hasta lo más interior de los Pueblos de arriba
(...) Gloria a los Libres. Pueblo recuperado de
San Nicolás, 29 de abril de 1819”.
Los europeos pretendieron recuperar San Nicolás
pero fueron rechazados por las tropas guaraníes.
En su intento por unificar sus fuerzas con
Artigas, Andresito fue sorprendido por el Coronel
José Abreu y derrotado en el Paso de Itacurubí sobre
el Río Camacuá el 6 de junio de 1819. Durante
los días posteriores los guaraníes se escondieron
en los montes e intentaron retomar el Río
Uruguay. Mientras que Andresito confeccionaba
una balsa, fue sorprendido y apresado el 24 de junio
en el Paso de San Lucas. Se inició así un largo
peregrinar por distintas cárceles en las que fue
sometido a trabajo forzado.
En 1821, por gestión del embajador español
ante la Corte portuguesa de Río de Janeiro, se
logró la libertad de los nativos considerados españoles.
Andresito fue liberado y dejó la cárcel
de la Lague en abril. Aunque su liberación está
documentada, Andresito desapareció como si se
lo hubiera tragado la tierra. El resto de sus compañeros
de prisión arribaron a Montevideo en el
bergantín Francia.
Con la derrota del Comandante Andresito comenzó
el ocaso de la Liga de los Pueblos Libres.
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