Mahmoud Ahmadinejad reelecto presidente de Irán por el 62% de los votos
Violencia e injerencia
en las elecciones generales

 

Convulsión: la mecha para hacer estallar un clima de desestabilización interna estaba preparada mucho antes del día en que se registró una participación histórica en las urnas: el 85% de los empadronados votó en los comicios generales que dieron como ganador a Ahmadinejad por el 62% de los votos. A la elección siguieron disturbios que provocaron muertos y heridos en cantidades imprecisas. Los candidatos derrotados denunciaron fraude y reportaron al Consejo de Guardianes más de 600 anomalías, pero la mayoría fueron hechos previos al día de los comicios. El máximo líder espiritual de los persas, ayatolah Ali Khamenei, admitió que pudieron cometerse “algunas irregularidades”, pero estimó imposible el hurto de casi 11 millones de votos: ésa fue la diferencia entre Ahmadinejad y Mir-Hossein Mousavi, el principal opositor. El Parlamento fijó para finales de julio y principios de agosto la fecha de juramentación del presidente reelecto para un nuevo mandato de cuatro años. Mientras la mayoría de los gobiernos latinoamericanos han mantenido silencio frente al conflicto, el presidente brasileño respaldó el resultado electoral: “es imposible que alguien logre manipular 30% de los votos”, dijo Luiz Inácio Lula da Silva. Otro tanto hizo Hugo Chávez: “Pedimos al mundo que se respete a Irán. El triunfo de Ahmadinejad fue en toda la línea, están tratando de manchar el triunfo y con ello debilitar al Gobierno y a la Revolución islamita. Sé que no lo van a lograr”.

Si en algo coinciden las fuentes oficiales y las denominadas independientes es que con los disturbios en Teherán y otras ciudades del interior del país, la sociedad iraní vive una polarización sin precedentes.

Medios gubernamentales sostienen que desde el comienzo de las protestas han muerto 19 personas y alrededor de mil resultaron heridas, incluidos más de 400 policías, además del arresto de 457 manifestantes, a quienes las autoridades califican como agitadores o provocadores. Las estadísticas no oficiales hablan de unos 150 muertos, un número elevado pero impreciso de lesionados y alrededor de 1.500 detenidos.

Dentro del convulsionado panorama se manejan criterios sobre una pugna en la cúpula del régimen de los ayatolah, básicamente entre el líder supremo, Ali Khamenei, y el presidente del Consejo de Conveniencia y de la Asamblea de Expertos, Ali Akbar Hashemi Rafsanjani. Esa supuesta discrepancia se traduciría, en primera instancia, en apoyos respectivos a Ahmadinejad y Mousavi, pero en el fondo se trata de dos percepciones sobre cómo desarrollar la Revolución Islámica. Dicho de otra forma: conservadurismo versus reformismo. Para algunos analistas, el sermón del viernes 19 de junio del líder supremo, ayatolah Ali Khamenei, en el que revalidó el resultado de las elecciones y dejó clara su inclinación hacia Ahmadinejad, reavivó la chispa de quienes abogan por más apertura.

La máxima autoridad política, moral y religiosa de los persas exhortó a discutir todas las objeciones al proceso electoral por los canales legales y urgió al Consejo de Guardianes y al Ministerio del Interior a “investigar detenidamente” las quejas. “Si fuera necesario, los votos en algunos centros electorales deben ser contados en presencia de representantes de los candidatos presidenciales”, ordenó, al pedir a ganadores y perdedores “tener paciencia y ser cuidadosos con sus conductas”.

Respuestas a las denuncias de fraude

El Consejo de Guardianes (CG) reconoció irregularidades en 50 ciudades donde votaron alrededor de tres millones de personas no empadronadas, pero descartó que ello conlleve a anular los resultados. Según el Ministerio iraní del Interior, los aspirantes derrotados (Mousavi, Mehdi Karroubi y Mohsen Rezaei) denunciaron fraude y reportaron al CG más de 600 anomalías, pero la mayoría fueron hechos previos al día de los comicios, y no durante o después.

El propio Khamenei admitió que pudieron cometerse “algunas irregularidades”, aunque estimó imposible el hurto de casi 11 millones de papeletas, la diferencia entre Ahmadinejad y Mousavi. Analistas y líderes políticos creen con sobrada suspicacia que la mecha para hacer estallar un clima de desestabilización interna estaba preparada mucho antes del día en que se registró una participación histórica en las urnas: 85%.

Fuentes nada adeptas al gobierno iraní sostienen que el resultado de la votación reflejó la voluntad del pueblo, si se toma en cuenta la tendencia marcada por sondeos hechos tres semanas antes de las elecciones que daban un margen de ventaja 2-1 al actual presidente. Sin embargo, mientras reportes noticiosos occidentales desde Teherán hablaban de un público entusiasta a favor de Mousavi, encuestas en las 30 provincias iraníes mostraban claro favoritismo hacia Ahmadinejad, según afirmó el presidente de Mañana Libre del Terrorismo, Ken Ballen. En un análisis conjunto con Patrick Doherty, subdirector del Programa de Estrategia Americana, el directivo del referido ente sin fines de lucro aseguró que el margen de apoyo al mandatario fue claro, incluso en estratos no previstos.

Al respecto, recordaron que Mousavi enfocó su discurso de campaña hacia los azeríes, el segundo grupo étnico más grande de Irán después de los persas, pero los sondeos hechos a mil personas arrojaron que los azeríes favorecieron a Ahmadinejad 2-1 respecto a su oponente. Esas consultas, a disposición de canales televisivos y centros de opinión estadounidenses, y financiadas por el Fondo Rockefeller Brothers, echan por tierra el mito de que toda la juventud iraní está insatisfecha.

Las encuestas demostraron que sólo un tercio de los iraníes tiene acceso a la red de redes, mientras los comprendidos entre 18 y 24 años fueron el segmento que más fuerte se pronunció por la reelección presidencial, respecto a todos los demás grupos de edades.

El único grupo demográfico en el que Mousavi lideró o superó a Ahmadinejad fue el de los estudiantes y graduados universitarios, así como los iraníes de más elevados ingresos económicos, según el sondeo.

Cuando se hizo el estudio de opinión, en mayo pasado, un tercio de los iraníes estaba indeciso sobre quién votar, y eso refuerza la tesis de las autoridades que indican la escasa probabilidad del voto como resultado de un fraude.

Incluso, los encuestadores aseguran que muchos consultados –casi cuatro de cada cinco, incluidos seguidores del mandatario– se pronunciaron por cambios en el sistema político para tener derecho a elegir al líder supremo o contar con más libertad de prensa.

El 70% abogó porque se brinde completo acceso a los inspectores nucleares, mientras el 77% favoreció relaciones normales con Estados Unidos y prefirió modificar la “línea política dura” de Ahmadinejad o se quejó de la difícil situación económica. Sin embargo, al mismo tiempo lo vieron como su “negociador más fuerte” y la persona mejor posicionada para propiciar a Irán un acuerdo favorable a los intereses nacionales en el tema nuclear. Ello explica la reiterada acusación del gobierno iraní a Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania, e incluso al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, de interferir en sus asuntos internos, además de denunciar la acción de grupos opositores ilegales.

La Cancillería criticó las acciones de manipulación de los gobiernos y lo que consideró montaje de imágenes de medios audiovisuales a través de Internet para justificar la desobediencia al sistema que propugna Mousavi.

Mientras opinó que con sus declaraciones, Ban “ha perdido credibilidad ante los ojos de los países independientes”, a Occidente le reprochó la actitud de “instigar la anarquía y el caos hacia el interior de Irán”. El Ministerio iraní del Interior urgió a Mir-Hossein Mousavi a “respetar la ley y el voto popular” de más de 40 millones de personas, al tiempo que le advirtió de las consecuencias de seguir desafiando a las autoridades con convocatorias a nuevas protestas.

Aun cuando las máximas figuras del poder en Irán distinguen entre el legítimo derecho de protestar de Mousavi y las violentas provocaciones de opositores organizados, el ex primer ministro reformista asume cada vez posturas más contestatarias. Además de rehuir una invitación hecha por el Consejo de Guardianes a los tres candidatos perdedores para que hicieran sus descargos por la vía legal, Mousavi envió una carta a las 12 personalidades islámicas que lo integran denunciando que el fraude se planeó meses antes de los comicios.

Futuro

Por lo pronto, el parlamento (Majlis) fijó entre el 26 de julio y el 19 de agosto la fecha de juramentación de Ahmadinejad como jefe de Estado para un segundo mandato de cuatro años. Círculos diplomáticos dijeron a América XXI que las alegaciones de fraude y de manipulación electoral servirán para aislar más a Irán y creen muy probable que incremente su beligerancia e intransigencia contra las potencias occidentales. En esa arista del análisis, un experto recordó los mandatos más intransigentes de los gobernantes iraníes desde el triunfo revolucionario de 1979 e hizo caracterización especial de Ahmadinejad, a quien consideró una figura a la medida del sistema. Aclaró que la opción del guía supremo Khamenei por el actual jefe de Estado no obedece precisamente al interés en mantener la confrontación de Teherán con Occidente, en particular con la Casa Blanca.

“El objetivo –apuntó esa fuente– es dejar claro que en estos tiempos de cambios (en Washington), Irán sigue su línea con la misma fuerza y firmeza”.

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