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Organizaciones sociales y políticas exigen el retiro inmediato de las tropas extranjeras
Militarismo: el 1º de junio se cumplieron cinco años de la ocupación que la llamada Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización (Minustah) lleva adelante en Haití. Diferentes organizaciones sociales y políticas de la nación antillana denunciaron la injerencia militar y pidieron la solidaridad del resto de los latinoamericanos. Además, reclamaron a los gobiernos de la región que “si realmente quieren ayudar a Haití, sólo deben imitar los ejemplos de Cuba y Venezuela”. El 1º de junio se cumplió un nuevo año de la ocupación que la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización (Minustah) lleva adelante en Haití. A través de distintos comunicados, varias organizaciones populares haitianas exigieron, una vez más, el retiro inmediato de las tropas de ocupación. Al mismo tiempo, divulgaron datos concretos que revelan claramente el avasallamiento de la soberanía y de la dignidad del pueblo haitiano. Además, reconocieron y saludaron a los participantes y organizadores de las manifestaciones multitudinarias que tuvieron lugar en todo el país desde junio de 2004 cuando luego del derrocamiento del presidente Jean-Bertrand Aristide, las tropas extranjeras invadieron Haití. Sin embargo, a pesar de las protestas masivas, de las peticiones, de las cartas abiertas a distintos miembros y jefes de gobiernos latinoamericanos que enviaron tropas para integrar la Minustah y de las movilizaciones populares, la comunidad internacional sigue con su política de atropellos. Ni siquiera las graves denuncias efectuadas por varios organismos de defensa de los derechos humanos con respecto a la represión de las movilizaciones, a las violaciones de mujeres, a la injerencia en los asuntos internos del país y al despilfarro económico por parte de la Minustah, han modificado su conducta. Hasta ahora prefiere mantener un silencio absoluto demostrando una total indiferencia ante los reclamos populares. Y para seguir engañando a más de uno en el mundo, esa llamada comunidad internacional se autodenomina “fuerza de paz”, o, de manera más cínica aún, “ayuda humanitaria”. Entre tanto, los indicadores socioeconómicos siguen revelando que Haití se encuentra cada vez más empobrecido y dependiente y está muy lejos de encontrar soluciones a sus problemas. Por otra parte, desde el 4 de junio se desarrollaron en la capital haitiana de Puerto Príncipe, manifestaciones con barricadas, protagonizadas fundamentalmente por los estudiantes de la Universidad del Estado de Haití (UEH) quienes exigen al Gobierno la promulgación y la aplicación efectiva de la ley votada por las dos Cámaras que elevó el salario mínimo de 70 Gourdes (casi 1,70 dólares) a 200 (casi 5,17 dólares). Hasta el momento, el presidente René Préval, bajo la presión de las patronales que se oponen a tal aumento, está maniobrando para traicionar una vez más una reivindicación popular. Con el objetivo de acallar las protestas, las movilizaciones fueron reprimidas mediante el uso de armas de fuego, gases y bastones por parte de la Minustah y las fuerzas policiales haitianas. Se registraron decenas de heridos y detenidos. En este contexto, todas las organizaciones populares haitianas llamaron a los ciudadanos a redoblar sus esfuerzos en la lucha por la liberación del país y solicitaron la solidaridad internacional de los pueblos hermanos del continente, sobre todo de las organizaciones populares latinoamericanas y caribeñas. Además, solicitaron el envío de una nota de solidaridad al profesor Jn Anil Louis-Juste que sufre la persecución del gobierno actual, cuya primera ministra, Michèle Pierre-Louis, ordenó su detención bajo la falsa acusación de ser el responsable del ataque a su ONG, Focal. Por último, las organizaciones reclamaron a los gobiernos latinoamericanos que, si realmente quieren ayudar a Haití, sólo han de imitar los ejemplos de Cuba y de Venezuela. Henry Boisrolin
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