|
|
||||||||||||||
Trabajadores de Pdvsa Uruguay realizan labores comunitarias en el barrio El Cerro
Voluntarios: en el merendero 30 de Mayo, ubicado en el barrio El Cerro de Montevideo, trabajadores de la filial uruguaya de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) han puesto en marcha un Proyecto de Trabajo Voluntario. Los 60 niños, niñas y adolescentes de 2 a 16 años que concurrían a ese espacio para tomar la merienda, ahora lo hacen con un incentivo más: escuchar cuentos, dibujar, pintar y recibir apoyo escolar. “Las tareas se realizan en base al conocimiento de la realidad socioeconómica y cultural del lugar, emprendiendo acciones sociales dignificantes”, afirman los integrantes de la petrolera estatal venezolana. A media mañana el sol entibia las caras manchadas de pintura y las pequeñas manos con tierra. El equipo de voluntarios limpia los espacios al aire libre, corta el pasto y pinta los muros del local. Cerca del mediodía, al terminar las tareas, un almuerzo compartido será el corolario del festejo del Día de la Madre. “Soy Micaela”, se escucha una voz detrás de un manojo de pasto. Tiene 7 años y es la menor de una familia recién llegada del Norte del país al emblemático barrio El Cerro, reconocido bastión de la lucha obrera de la década de 1960. A las 8:30 de la mañana, Micaela, junto con un grupo de 30 niñas y niños, se preparan para recibir las indicaciones de la primera jornada de trabajo voluntario. La organización comenzó unas semanas antes: se hicieron carteles y regalos para las madres y se convocó a las familias y a los niños del barrio que concurren todas las tardes al merendero. Gestionado por la Asociación de Vecinos 30 de Mayo, el merendero se fundó en 1993. Allí se brinda la merienda a 60 niñas, niños y adolescentes de 2 a 16 años, mujeres embarazadas y ancianos. El servicio se presta de lunes a viernes de 17 a 18:15 horas y la asistencia alimentaria es brindada por el Instituto Nacional de la Alimentación (Inda) y la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM). El predio es propiedad del Estado y fue ocupado en 1989 por un grupo de 15 vecinos de la comisión. “Las autoridades del Instituto del Niño y Adolescente de Uruguay (Inau) permitieron que nos quedáramos, siempre y cuando lleváramos a cabo un proyecto social con niños”, recuerda Beatriz Fabra, fundadora y responsable del lugar. “En el barrio ya había muchas familias carenciadas”, agrega. “Para la mayoría de los niños, ésta es la última comida del día”, señala Marianela, una madre que colabora en la preparación de la merienda. “Muchos niños comen por primera vez en el comedor de la escuela y después toman la leche acá. No comen hasta el otro día”, confía. Con el cierre de frigoríficos y fábricas, la Villa del Cerro se vio afectada por una profunda crisis que comenzó en la década de 1960. La desvalorización de las tierras y la creciente desocupación dieron paso a nuevos migrantes provenientes de barrios periféricos y del interior del país que llegaban para instalarse y transformar la realidad barrial, caracterizada por una historia común de unión, sentido de pertenencia, lucha obrera y militancia de izquierda. Actualmente la región Oeste de Montevideo es la que concentra el mayor índice de desocupación: cifras oficiales indican que el 30% de los jóvenes de entre 15 y 24 años no estudia ni trabaja. “Además de la alimentación, los niños acá aprenden valores, hábitos de higiene y educación”, cuenta Beatriz. “Ellos también participan de las rifas y venta de ropa económica que organizamos para comprar el pan y recargar la garrafa”. Manos a la obra Con la participación de niñas, niños y adolescentes, madres y trabajadores de la filial de Petróleos de Venezuela en Uruguay, se realizó en la mañana del sábado 9 de mayo, la primera jornada mensual de trabajo voluntario en el merendero. La consigna fue realizar tareas de acondicionamiento y celebrar el Día de la Madre, con regalos hechos por los niños. “Los trabajadores identificaron acciones que contribuyen a mejorar la calidad de vida de los habitantes de las zonas de incidencia”, explica Andrea Pérez, integrante de Pdvsa Uruguay. “Las tareas se realizan en base al conocimiento de la realidad socioeconómica y cultural del lugar, emprendiendo acciones sociales dignificantes”. El Proyecto de Trabajo Voluntario tiene como eje central desarrollar acciones en la plaza Simón Bolívar, en el centro de la ciudad, y en el barrio El Cerro. La acción en el merendero se instrumentó en el marco de una experiencia piloto realizada en coordinación con el Inda, la Unidad Ejecutora dentro del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (Mtss) y la Asociación de Vecinos 30 de Mayo. Andrea Pérez manifiesta que junto con las instituciones públicas “se detectaron las necesidades existentes a partir de visitas al lugar y reuniones con sus responsables. Por primera vez en forma coordinada la empresa pública, la empresa privada y la comunidad se articulan en pos de una actividad social”. Esta primera actividad voluntaria también fue coordinada con la Dirección de Espacios Públicos y Edificaciones y la División de Áreas Verdes de la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM), quienes aportaron las herramientas para la limpieza y el cortado del pasto. “El objetivo es colaborar en la gestión y el mejoramiento del lugar, tanto en su infraestructura como en actividades con quienes asisten, fortaleciendo el rol de liderazgo de los grupos comunitarios y generando instancias educativas a través de la recreación”, explica Pérez, trabajadora de Pdvsa. Las jornadas semanales se realizan los martes y jueves, con equipos que participan en la preparación de la merienda, la limpieza de los baños y del salón, lectura de cuentos, plástica, recreación y apoyo escolar. “Ahora se sienten más apoyados. Esperan ansiosos que lleguen los martes y los jueves. Exigen atención y tiempo porque son muy pocos los que tienen a sus padres juntos y la mayoría de las madres trabaja todo el día”, dice Beatriz. Es martes a la tarde. Casi todos tomaron la merienda y ya están jugando. Cerca de las hamacas, una voluntaria lee cuentos a un grupo de niños de 2 y 3 años. Los que vienen de la escuela aún no han llegado. Adentro, el equipo de apoyo escolar está en plena tarea. En una mesa larga cercana a la puerta, un grupo de madres y adolescentes cortan cartulinas de colores. Ausente a ese bullicio, Pilar no toma la leche ni juega en el patio hasta que no llega Katerin. “Ella es mi mejor amiga –confía en secreto–, un día me caí en un pozo que hay cerca de la escuela y ella me ayudó a salir”. Desde Montevideo, Georgina Rodríguez.
|