Misión Che Guevara: instrumento para la construcción del socialismo
Del asistencialismo al poder popular
Por Víctor álvarez

 

Basamento: la Misión Che Guevara lleva seis años en la tarea de transferir el poder a grupos sociales organizados. Más de 800 mil venezolanos han sido capacitados para insertarse en la actividad productiva y se han conformado más de 12 mil cooperativas de producción social. Las empresas comunitarias y familiares, guiadas por principios de solidaridad y cooperación, son la expresión de una nueva economía social. En medio de la crisis del capitalismo, este modelo económico, sostenido por los propios trabajadores, es uno de los instrumentos más poderosos para la construcción del socialismo.

Al calor de la Revolución Bolivariana, nuevas relaciones económicas y sociales caminan hacia el Socialismo del siglo XXI. Lanzada en el contexto de la profunda crisis económica y política desatada por el Golpe de Estado de abril de 2002, la Misión Che Guevara (MCG) lleva seis años construyendo y fortaleciendo el poder popular. El paro empresarial de diciembre de 2002, el sabotaje petrolero de 2003 y la prolongada y extenuante tensión política provocada por el referendo revocatorio del mandato presidencial en agosto de 2004, se combinaron para crear un ambiente contrario a la actividad económica y productiva: en 2002 se contrajo en un 8,9 % y en 2003 se redujo en un 7,8 %. Centenares de cooperativas, micros, pequeñas y medianas empresas quebraron por la caída del PIB. Millares de puestos de trabajo fueron destruidos y la tasa de desempleo se elevó a niveles sin precedentes. Para esos años, el porcentaje de personas pobres subió de 55,4 % en 2002 a 62,1 % en 2003.
Al fragor de esa crisis política y económica, el gobierno de Chávez inició un proceso de modificaciones esenciales a su política económica y social. Al cuestionar severamente los planes de empleo temporal y plantearse nuevas estrategias para lograr la inserción laboral de los excluidos en la actividad económica y productiva, la Misión Che Guevara significó un cambio radical en los enfoques de las políticas de empleo asistencialistas.

Transferir el poder al pueblo

Con el lanzamiento de esta misión productiva se cerró el ciclo de los planes de empleo temporal que, lejos de ser una respuesta estructural a la problemática del desempleo, no pasaron de ser intentos improvisados y fallidos. En el marco de este proceso de revisión y rectificación de la política social asistencialista y compensatoria, se diseñaron y ejecutaron nuevas estrategias para el desarrollo de la economía social. El resultado fue la MCG, entendida como un masivo programa de capacitación técnica para facilitar la inserción de los desempleados en la actividad económica y productiva.
La misión marcó una ruptura con los programas compensatorios de empleo temporal, concentrados en paliar la situación de los grupos en condición de pobreza y exclusión extrema. De esta manera se inició una nueva etapa en la política de empleo y reinserción laboral de los excluidos a través de un masivo programa de capacitación técnica y productiva de cobertura nacional que implicaba, además, la organización de los egresados en cooperativas y otras formas de unidades de producción asociativas, así como el financiamiento de sus proyectos productivos y su participación en los programas de compras gubernamentales.
A través de la reorganización de la producción, el gobierno de Venezuela planteó una respuesta estructural al desempleo, la pobreza y la exclusión social. Las empresas comunitarias, familiares y de producción social se convirtieron en la expresión de una nueva economía social, guiada por principios de solidaridad, cooperación y complementación.

Universalizar la política social

Los programas focalizados de la política social no permiten superar las verdaderas causas de la pobreza; se agotan en medidas aparentemente equitativas. Si bien es cierto que estas medidas se concentran en los sectores más necesitados, la forma en que manejan la protección estatal no hace más que profundizar la exclusión de los grupos sociales más débiles, con su inevitable carga de estigmatización como seres humanos fracasados que no fueron lo suficientemente competitivos como para aprovechar las oportunidades que otorga la libre empresa y el mercado. Frente a esta visión liberal, el gobierno venezolano se planteó relanzar su política social desde un enfoque universalista en función de garantizar a todos los ciudadanos el ejercicio pleno de sus derechos sociales. De esta manera se rompió con la cuestionada visión de atacar la pobreza con programas enfocados única y exclusivamente en los más pobres. La Misión Che Guevara tiene como objetivo insertar a todos los desempleados en la actividad económica y productiva, de tal forma que puedan ganarse su sustento con dignidad, en lugar de vivir de las compensaciones y dádivas gubernamentales.
En Venezuela, es innegable todo el esfuerzo que se ha desplegado para universalizar la capacitación técnico-productiva y la formación socio-política. Se han conformado más de 12 mil cooperativas de producción social y más de 800 mil venezolanos han sido capacitados para insertarse en la actividad productiva.

Impulso a la nueva economía

El gobierno de Hugo Chávez ha venido acentuando su crítica a la economía capitalista, identificándola como la causante del desempleo, la pobreza y la exclusión social. A partir de la declaración del carácter socialista del gobierno venezolano, la MCG pasó de ser un programa de capacitación técnica que facilitaba la inserción de los excluidos en las dinámicas de desarrollo endógeno, a un programa de formación con valores socialistas para transformar el sistema capitalista en un nuevo modelo económico socialista comunal.
La apuesta del gobierno venezolano para erradicar las causas del desempleo y la pobreza, inherentes al funcionamiento de la economía capitalista, pasa a ser el fomento y desarrollo de una pujante y creciente economía comunal integrada por una amplia y variada gama de unidades productivas de propiedad social, popular y comunal en las que caben diferentes formas de propiedad obrera, campesina, vecinal y estudiantil. Todas estas expresiones del poder popular marcan una gran diferencia con los modelos socialistas del siglo XX que se basaron en la propiedad total y absoluta del Estado sobre todos los medios de producción.
Con la Misión Che Guevara, el Gobierno intenta acelerar el crecimiento de una nueva economía social capaz de generar un creciente excedente que se destine al financiamiento de la inversión social. Una economía social sin fines de lucro pero sustentable, que no quede expuesta a las especulaciones de los mercados bursátiles y que preserve el valor patrimonial de los activos productivos en manos de las comunidades, los trabajadores y los campesinos venezolanos.
La economía venezolana ha completado 20 trimestres consecutivos de crecimiento. A lo largo de este prolongado período de avance sostenido del PIB, la tasa de desocupación se ha reducido de 18,4 % en junio de 2003 a 7,6 % en el mismo período de 2008. El sector informal se ha reducido de 53,7 % en 2003 a 42,9 % en el primer semestre de 2008. El porcentaje de personas pobres ha descendido de 62,1 % en 2003 a 33,6 % en 2008. Y el porcentaje de personas en pobreza extrema ha bajado de 29,8 % a 9,6% a lo largo de ese mismo período.

Un nuevo Estado socialista

La Misión Che Guevara está basada en un nuevo marco legal e institucional a través del cual se expresa la construcción del nuevo Estado socialista. En efecto, la voluntad política del gobierno venezolano de impulsar una economía social, popular y comunitaria ha generado un abundante marco legal y regulatorio, plasmado en los mandatos de la Constitución, las leyes, los decretos, los reglamentos y las resoluciones. En otras palabras, se ha creado una nueva institucionalidad dedicada a capacitar técnicamente y a formar políticamente a los constructores de un nuevo modelo económico socialista en el que la actividad productiva no sea el medio para lucrar y obtener una ganancia personal, sino una actividad con sentido social, dedicada a la producción de los bienes y servicios que se requieren para satisfacer las necesidades básicas y esenciales de la población. En este modelo, los excedentes generados, en lugar de ser repartidos como ganancia individual entre los accionistas a través del mecanismo del reparto de dividendos, serán más bien la fuente de una ganancia social, invertida para mejorar el ambiente laboral y el entorno comunitario.
Los mandatos de la Constitución, los decretos y leyes para el Fomento y Desarrollo de la Economía Comunal, la creación del Ministerio del Poder Popular para la Economía Comunal, la transformación del Instituto Nacional de Cooperación Educativa (Ince) en el nuevo Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista (Inces), las instituciones de financiamiento a la economía social como el Banco del Pueblo, el Fondo único Social, el Banco de la Mujer, el Fondo de Desarrollo Microempresarial y el de Desarrollo Agropecuario Socialista, son las expresiones concretas de las nuevas relaciones sociales de producción que se construyen en Venezuela al calor de la Revolución Bolivariana.



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