Aplastante ventaja electoral del Psuv: ganó 77% de los Estados y 81% de los municipios
Victoria y definición

 

Saldo neto:antes del 23 de noviembre la oposición tenía siete gobernaciones. Zulia y Nueva Esparta habían sido ganadas por la derecha explícita en las elecciones de 2005. Cuando las definiciones de la revolución quedaron claras, a inicios de 2007 las zonas esponjosas del proceso revolucionario rompieron con Hugo Chávez y sumaron al sector más virulento de la derecha las gobernaciones de Carabobo, Guárico, Aragua, Trujillo y Sucre. Alineadas con el oficialismo había hasta el domingo 15 gobernaciones. Ahora la oposición cuenta con el control de cinco Estados y el gobierno central con 17. El saldo fue más contundente aún en la disputa por las alcaldías, donde el Psuv, sin sus antiguos aliados, obtuvo el 81% de los gobiernos municipales. De modo que es inequívoca la afirmación estratégica del proyecto Bolivariano también en el terreno electoral. Chávez reconoció los puntos de victoria de sus enconados enemigos a la medianoche del domingo. Será difícil insistir en la calificación de dictador.

Desafiar la aritmética para montar una operación mediática de alcance internacional puede tener resultados durante las primeras horas posteriores a una elección. Pero no surte efecto más allá de ese instante. El saldo de las elecciones del 23 de noviembre deja una neta victoria para la Revolución Bolivariana y el presidente Hugo Chávez. La oposición mantuvo sólo tres de los siete Estados que antes gobernaba y ganó dos (Miranda y Táchira). El Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), fundado por Chávez recién el 14 de marzo de este año, mantuvo 13 de las 15 gobernaciones que tenía y ganó cuatro en manos de la oposición: Guárico, Aragua, Trujillo y Sucre. Un candidato golpista obtuvo la alcaldía metropolitana con el 52,42% contra el 44,94% del Psuv. La derrota de Aristóbulo Iztúriz golpeó moralmente a la militancia. Pero la alcaldía Mayor del distrito metropolitano no debe ser confundida con Caracas (alcaldía de Libertador), donde el Psuv ganó con saldo contundente: Jorge Rodríguez obtuvo el 53,59% contra el 41,39% de Stalin González, el candidato patrocinado públicamente por la embajada estadounidense.
Las cifras absolutas son aún más contundentes: el 2 de diciembre de 2007 el oficialismo había perdido un referendo para reformar la Constitución por apenas 10 mil votos de diferencia. Era la primera derrota a lo largo de 13 elecciones. La causa fue la elevada abstención (44%), donde la omisión corrió por cuenta de los propios partidarios de Chávez. Esta vez, en elecciones de carácter muy diferente, la abstención bajó al 35% (un récord de participación en comicios para gobernadores y alcaldes). El Psuv obtuvo alrededor de 5,5 millones de votos, con lo cual recuperó más de un millón y medio de sufragios. La oposición, en cambio, perdió alrededor de 300 mil votos respecto de su propio resultado en diciembre de 2007.
Donde ganó, el Psuv sacó ventajas que hablan por sí mismas: en ocho Estados, más de 10 puntos de diferencia; en cuatro, entre 20 y 30 puntos; en dos, más de 30 puntos y en otros dos, más de 50 puntos. El máximo obtenido por la oposición, 13 puntos, ocurrió en Nueva Esparta (las islas Margarita, Coche y Cubagua). En tres Estados se impuso por alrededor de seis puntos y en el quinto, Táchira, con 1,34%. En este último caso, 48 horas después de haberse aceptado el resultado favorable a la derecha, aparecieron datos que obligaron al recuento de votos que eventualmente negarán la mínima diferencia por las cuales fue proclamado el candidato opositor.
Más elocuente es el saldo en la disputa por los gobiernos municipales. El Psuv obtuvo 264 de las 328 alcaldías. Acción Democrática es la segunda fuerza, con 19 municipios. Copei tendrá nueve alcaldes; Un Nuevo Tiempo, siete; Primero Justicia, cuatro y Patria Para Todos, otros cuatro. Cuando estaba montado en el “portaaviones Chávez”, Podemos tenía 52 alcaldías. Ahora se redujo a dos. Algo semejante le ocurrió al MAS, que de 20 alcaldes en 2000 pasó a un rotundo cero en esta oportunidad. Ocho años atrás el conjunto de las fuerzas que apoyaron a Chávez obtuvieron 80 alcaldías; en 2004 resultaron victoriosas en 163 municipios. En estas elecciones, sin aquellos aliados, el Psuv ganó 264, el 81% del total.
La oprobiosa derrota de Podemos (perdió cuatro Estados y 50 municipios) y el resultado risible obtenido por Luis Felipe Acosta Carlez en Carabobo dejan a las claras el destino de los tránsfugas (de transfugare: huir hacia). No menos nítido es el destino de Patria para Todos (PPT) y el Partido Comunista de Venezuela (PCV). Estos partidos, juntos o por separado, presentaron candidatos contra el Psuv en Guárico, Portuguesa, Delta Amacuro, Bolívar, Monagas, Trujillo, Sucre y Yaracuy, rompiendo la unidad estratégica de las fuerzas revolucionarias. En esos ocho Estados el Psuv ganó con holgura. Podemos ha sido literalmente barrido del escenario, mientras que el PPT y PCV están por demás disminuidos y es presumible que en el futuro inmediato perderán el grueso de la escasa fuerza con la que cuentan. La militancia entendió la conducta de estos partidos como divisionista. El Psuv programa ya la apertura de sus filas para incorporar a nuevos miembros de ambas formaciones que tras la experiencia fallida resuelvan sumarse.

Irrupción del Psuv

Más allá de las cifras, la verdadera significación de estos comicios se halla precisamente en la irrupción del Psuv como fuerza organizada, con definiciones ideológicas netas, un programa en aplicación a marcha forzada en todo el país, estrategia de nítidas definiciones y candidatos y direcciones elegidas por las bases en inédita experiencia de organización política.
Aun cuando en las filas de este partido se oyen críticas y se percibe descontento por diferentes razones, es evidente el inmenso terreno recorrido en comparación con la situación anterior. La afirmación de una estructura partidaria, que ahora afronta tareas ciclópeas para superarse y consolidarse, es el logro mayor del último año y medio de lucha política en Venezuela.

Autocríticas

Basta contrastar los resultados con las declaraciones de los dirigentes opositores cuando lanzaron la campaña, en febrero último, al calor de la escuálida victoria obtenida en el referendo, para comprender la medida de su frustración. Aspiraban a unificarse, centralizar un proyecto y alzarse con la mayoría de las gobernaciones. No alcanzaron ninguno de esos objetivos. Y en cuanto a la unidad opositora, es previsible que tras el 23 N, lejos de progresar, se debilite aún más. Los esfuerzos por desfigurar la realidad y mostrar los resultados como un triunfo son en realidad una exigencia publicitaria para posponer siquiera fugazmente la eclosión de la feroz lucha interna que ahora tiene un nuevo ingrediente: las dos figuras más representativas del fascismo, Antonio Ledezma y Henrique Capriles Radonski, alcalde mayor de Caracas y gobernador de Miranda respectivamente, van ahora a disputarle la quimérica candidatura presidencial para 2013 al “filósofo del Zulia”, Manuel Rosales, acorralado por el descubrimiento de probados hechos de corrupción multimillonaria en dólares.
En el Psuv también habrá debate y autocrítica. Si se trata de encontrar errores y desviaciones, no habrá que esforzarse para señalarlos. “Son de concepto y de aplicación, de orientación y de eficacia; todo sobre la base de extraordinarios logros en el desarrollo de una campaña nacional”, explica a América XXI un integrante de la dirección nacional. La pregunta que atenazó a buena parte de la militancia el domingo 23 por la noche es rotunda: “¿por qué perdimos en Miranda y la Alcaldía mayor; por qué no ganamos en Zulia?”.
De hecho, un mes antes del comicio todo indicaba que en el Estado noroccidental vencería el candidato del Psuv. No ocurrió. El resultado en la alcaldía mayor y Miranda remite a los gobiernos previos en el distrito metropolitano y en el municipio Sucre. Los debates sobre estos puntos caldearán seguramente el ambiente, pero con un dato relevante: la participación de las bases a la hora de hacer el balance. Contrariando el espíritu dominante en esas filas a comienzos de año, apenas concluida la elección pudo verificarse el reconocimiento al esfuerzo de los tres candidatos derrotados (Aristóbulo Iztúriz en la Alcaldía mayor, Jesse Chacón en el municipio Sucre y Diosdado Cabello en Miranda), quienes sobresalieron precisamente por la radicalidad ideológica, la precisión programática y la eficacia militante de sus campañas, pese a lo cual no pudieron levantar el legado de las administraciones anteriores.

Fascistas con cargos

Con todas sus limitaciones, la victoria opositora en esos distritos coloca a dos consumados fascistas en cargos ejecutivos. En las primeras horas Ledezma y Radonski desataron un conjunto de ataques contra las misiones y otras conquistas populares. Presumiblemente, se trata sólo de medir el terreno. La respuesta del Psuv y los Consejos Comunales fue inmediata. Habrá que ver hasta dónde estiran la cuerda los dirigentes golpistas. Chávez no dejó lugar a dudas respecto de su decisión de impedir toda acción contrarrevolucionaria. De su lado, mantendrá la aceleración de la marcha en la transición al socialismo. La reacción de la derecha –y los ritmos que adopte– depende de la decisión de Estados Unidos.



AméricaXXI
Desde Venezuela para todo el continente