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Bella Unión: I Encuentro Internacional sobre Soberanía Alimentaria y Territorio
“Los trabajadores somos el eje de América Latina”
Organización: del 5 al 7 de diciembre se desarrollará en Bella Unión, localidad ubicada en el departamento de Artigas, el Primer Encuentro Internacional sobre Soberanía Alimentaria y Afincamiento Territorial. Promovido por el Sindicato de Obreros de la Caña de Azúcar y la Unión de Trabajadores Asalariados Artigas, cuenta con el apoyo de la Universidad Latinoamericana y del Caribe, el Parlamento Latinoamericano y el Observatorio Latinoamericano en Comunicación y Democracia. Organizaciones y movimientos sindicales de América Latina fueron invitados para “debatir sobre el futuro y el alcance del Proyecto Sucro-Alcoholero desde la perspectiva de un nuevo modelo social”. América XXI dialogó con los encargados del encuentro. “La producción integral de energía y alimentos en un marco social, económico y ambiental sostenible es nuestro principal fin”, expresaron los sindicalistas uruguayos.
“Si los ‘peludos’ tenemos algún triunfo en nuestra historia, es el de haber mantenido el cultivo de caña de azúcar luego de una porfiada lucha”, se enorgullecen los sindicalistas azucareros de Bella Unión, organizadores de este Primer Encuentro Internacional sobre Soberanía Alimentaria y Afincamiento Territorial. Para los cortadores de caña o “peludos”, su vida está atada a la caña de azúcar: del desarrollo de esta actividad depende su futuro.
“El principal objetivo de este encuentro es discutir sobre los derechos que tenemos los pueblos de planificar, producir y controlar nuestras propias políticas y estrategias de producción, distribución y consumo para garantizar el derecho a la alimentación de toda la población”, explicaron los referentes sindicales. “Debemos contar con un plan de desarrollo del país productivo que anhelamos”, enfatizaron. Los sindicatos y las organizaciones sociales y políticas que participarán de este encuentro coincidieron en que, en esta coyuntura histórica, es imprescindible apostar a los procesos de integración regional.
Los sindicalistas denunciaron, además, la expansión de las compañías transnacionales que avanzan a pasos agigantados en la búsqueda de biocombustibles amenazando la producción de alimentos para el consumo humano. “Este panorama revela que se va a dar una lucha por el territorio, entre la producción de alimentos y la agroenergía”, sostuvieron los referentes sindicales.
Historia de los cañeros
Desde la década de 1960, los cañeros sostienen un arduo combate por mantener sus fuentes de trabajo. Durante esa primera época fueron acompañados por Raúl Sendic, fundador del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros.
A partir de 1990, con la profundización de la política neoliberal, la producción de caña de azúcar comenzó su agonía. Bella Unión dejó de ser un polo de desarrollo para convertirse en una localidad abandonada por el Estado.
Para los dirigentes cañeros “aquella industria azucarera que sufrió los embates de las teorías importadas, fracasadas en Latinoamérica, era un generador indirecto de otras industrias como el comercio, el transporte, los servicios y los impuestos”.
Con el triunfo del Frente Amplio en 2005, la lucha de los trabajadores cañeros resurgió con su antigua consigna: “la tierra para quien la trabaja”. En 2006, el gobierno nacional creó la empresa Alcoholes del Uruguay Sociedad Anónima (Alur S. A.) bajo la dirección de Raúl Fernando Sendic, hijo del líder tupamaro. A partir de allí comenzó el desarrollo del proyecto sucro-alcoholero para obtener azúcar y alcohol carburante, y se dio un nuevo impulso a la producción de caña de azúcar.
En este nuevo escenario, los sindicatos de la caña de azúcar de Bella Unión realizarán el Encuentro con el objetivo de “definir un espacio de construcción territorial que profundice el carácter del proyecto sucro-alcoholero como un modelo de redistribución de la tierra y los recursos naturales”.
Temas pendientes
El proyecto sucro-alcoholero promovido por el Gobierno apunta a cosechar 10 mil hectáreas de caña de azúcar en Bella Unión para revitalizar la zona. Según la empresa Alur (propiedad de la petrolera estatal Ancap en un 90% y de Pdvsa Uruguay en un 10%), la mitad de la plantación está en manos de pequeños productores y asalariados rurales y la otra mitad en manos de productores empresariales.
Sin embargo, los dirigentes cañeros aseguran que “sólo 400 hectáreas son gestionadas por nuevos pequeños productores y por asalariados rurales que han recibido tierras para tal fin; el resto está en posesión de productores empresariales”. Los cañeros sostienen que muchos de los nombres que figuran como dueños de determinadas áreas funcionan para tapar a los verdaderos plantadores: “son los mismos de siempre, los que además estaban endeudados con el Banco República Oriental del Uruguay”.
Para los sindicalistas aún hay temas pendientes: el acceso a la tierra; la diversificación productiva; la zafralidad del empleo; la seguridad de la producción de azúcar y de alcohol como complemento y no como sustituto, y la intervención del Estado en dos de los sistemas colectivos de riego.
Según los cañeros, la alternativa para revertir esta situación es una verdadera política de tierra. Otra de sus propuestas es que Alur compre la caña en pie y los cortadores trabajen para ella en lugar de hacerlo para los productores privados.
“Al incorporar al viejo modelo azucarero la producción de etanol, debemos tomar posición para defender la soberanía alimentaria sobre el modelo productivista de los agrocombustibles. Esto implica considerar la limitación de los daños del monocultivo a partir de definir su escala productiva y el respeto a la diversificación de la producción agrícola”, sostuvieron los trabajadores.
Acabar con la concentración de la propiedad de la tierra, el agua y los demás recursos naturales fue otro de los ejes centrales planteados por los trabajadores. Los sindicalistas uruguayos también reclaman la necesidad de generar un nuevo ordenamiento territorial que estimule el afincamiento y la producción local para frenar los éxodos internos.
“En el actual gobierno sólo hay hechos puntuales conquistados por la lucha de los trabajadores”, aseguraron los sindicatos cañeros. “Si bien las condiciones para llevar adelante una verdadera política de acceso a la tierra están dadas, aún no se ha realizado. El país está sufriendo un proceso acelerado de concentración y extranjerización de la tierra. Entendemos que no hay voluntad política de que suceda lo contrario”, denunciaron las organizaciones sindicales.
“Mientras haya un problema ambiental, hay negocio: así lo ve la industria. Lo que tenemos que entender es cómo contestar a este tipo de lógicas e intentar controlarlas. Debemos promover la discusión y el intercambio a través de los movimientos sociales para aplacar el embate de un nuevo modelo arrollador que intenta aplicar recetas sin consultarnos”.
Hacia la integración regional
Para los dirigentes cañeros, el Estado debe “promover una política de integración regional y las organizaciones sociales debemos empujar para que esto se logre ya que somos eje fundamental en todos los cambios que hoy se viven en América Latina”.
La fuerza de estos sindicatos, que en su momento se movilizaron hasta Montevideo para mostrar la explotación a la que estaban sometidos, se reanuda hoy con este encuentro. El llamado de los trabajadores a luchar por la integración regional, la defensa de la soberanía alimentaria y energética, la recuperación de los recursos naturales y la importancia de un nuevo ordenamiento territorial traza el horizonte de una nueva hora en América Latina.
“De nuestras organizaciones y de las organizaciones sociales que se quieran sumar, depende la definición del modelo social que queremos para nosotros y nuestros hijos”.
Desde Montevideo, Georgina Rodríguez
Tierra de caña
La localidad de Bella Unión, llamada antiguamente Santa Rosa del Cuareim, está ubicada a 659 km de Montevideo, en la frontera con Argentina (Monte Caseros) y Brasil (Barra do Quarai). Cerca de 14 mil personas, en su mayoría familias que trabajan en la producción de la caña de azúcar, viven en esa localidad.
A mediados de la década de 1940, el ingeniero agrónomo Alfredo Mones Quintela, introdujo el cultivo de la caña de azúcar en Bella Unión. Los ingenios pertenecían a Estados Unidos y la producción se vendía únicamente a ese país. En esos tiempos, a los trabajadores se les pagaba con bonos que sólo podían trocar en la cantina de los patrones.
La lucha de los cañeros, conocidos como “peludos” por el “bicho peludo” que vive en las cañas, ha sido históricamente una batalla por la propiedad de la tierra.
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