Inobjetable triunfo del Fsln en elecciones municipales
La derecha desconoce la voluntad de la ciudadanía

 

Fortaleza: en las elecciones del 10 de noviembre, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (Fsln) ganó en 105 de las 146 municipalidades nicaragüenses. La oposición apeló al único recurso que le queda: la violencia, para desconocer la voluntad popular. El Efecto Managua, como ha sido definido el manejo mediático de la derecha, no pudo opacar la victoria del proyecto sandinista que está transformando las conquistas electorales en conquistas sociales. En respuesta a la feroz arremetida de los sectores conservadores, la ciudadanía defendió su voto en las calles de las principales ciudades del país.

La victoria electoral del Frente Sandinista de Liberación Nacional (Fsln) es indiscutible. En las elecciones del 10 de noviembre, ganó en 105 de las 146 municipalidades en disputa.
El nuevo triunfo del Fsln da cuenta no sólo de los cambios a favor de las fuerzas progresistas en el continente sino del papel deformador de los medios de comunicación en el marco de la construcción de una nueva institucionalidad popular democrática y electoral que se abre paso en América Latina.
Desde la década de 1990, los nicaragüenses acuden a los comicios bombardeados por las matrices informativas distorsionadas, impuestas por los grandes medios de comunicación. Entre las elecciones de 1996 y 2001, el bombardeo mediático apuntó a la amenaza de sanciones, bloqueos y represalias internacionales si ganaba el Fsln; cuestión que se agudizó en las elecciones presidenciales de 2006 cuando la intervención mediática foránea llegó a límites insospechados.
El plan dirigido anteriormente contra Bolivia, Venezuela, Ecuador y Paraguay fue consumado en Nicaragua. El Efecto Managua, como ha sido definido recientemente, incluyó la actuación protagónica de los medios de comunicación con la intención de que la derecha recuperara mediáticamente lo que el pueblo ganó por vía electoral.

La maquinaria mediática

La intención de deslegitimar al árbitro electoral fue evidente. Semanas antes de la jornada electoral del domingo 10 de noviembre, la prensa nicaragüense comenzó a denunciar irregularidades para crear el rumor de un supuesto fraude. La idea era generar en la opinión pública la necesidad de llevar adelante acciones para rechazar resultados electorales adversos.
Los grandes medios nicaragüenses, aliados con sectores de la extrema derecha internacional, crearon las condiciones para desvirtuar y desconocer la voluntad popular. Los reiterados actos de violencia intentaron desestabilizar el clima postelectoral del país. La respuesta fue la organización de la ciudadanía que salió a las calles de las principales ciudades del país a defender su participación democrática.
De la mano de este fenómeno mediático, la campaña política de la alianza PLC (Partido Liberal Constitucionalista) construida en base al miedo, pretendió convertir estas elecciones municipales en un plebiscito sobre el presidente Daniel Ortega. De esta manera la oposición puso en evidencia, entre otras cosas, la ausencia de una propuesta política contundente. El ex candidato liberal a la Alcaldía de Managua, Eduardo Montealegre, fue su marioneta mediática.
El Consejo Electoral, a través de su presidente, Roberto Rivas, llamó a mantener la calma y el respeto por el orden jurídico institucional frente a las arremetidas de los grupos liberales y los medios de comunicación aliados con sectores de la Conferencia Episcopal nicaragüense y demás organizaciones civiles financiadas por el imperialismo. Las declaraciones de representantes gubernamentales y demás figuras del sandinismo expresaron esta necesidad, en clara apuesta a la construcción de una nueva concepción revolucionaria de las instituciones del Estado. Las absurdas pretensiones políticas y jurídicas de la extrema derecha de querer borrar la voluntad popular mediante una ley de la Asamblea Nacional quedaron en evidencia.

En defensa de la democracia

Ante la violencia política y mediática de los sectores liberales, la respuesta no se hizo esperar. Las fuerzas populares dirigidas por el Fsln mantuvieron una continua y disciplinada presencia en las calles de las principales ciudades del país.
Es evidente que la derecha nicaragüense, al igual que los sectores conservadores en toda América Latina, están sufriendo una profunda crisis política e ideológica. El origen de la crisis está en el seno mismo de las estructuras financieras y comerciales del capitalismo global. Ante el fracaso de sus partidos, los medios de comunicación asumen la dirección política de la opción neoliberal. Pero el libreto impuesto desde los centros de poder imperial no contó con la férrea honorabilidad democrática de las instituciones nicaragüenses y la organización y voluntad del pueblo por defender sus conquistas electorales que de la mano del gobierno sandinista se han transformado en conquistas sociales.
Los hechos vandálicos fomentados por las fuerzas opositoras y los medios de comunicación convertidos en operadores políticos, demuestran cómo las elites oligárquicas, cuando son desplazadas del poder por la voluntad popular, desconocen la lógica de la institucionalidad democrática.
Los resultados electorales hablan por sí solos: la aceptación popular del Fsln en todo el territorio nacional es innegable. El mapa político del país es favorable al desarrollo de la orientación socialista del gobierno revolucionario del presidente Ortega. El Frente Sandinista de Liberación Nacional colaboró con el decisivo trabajo de base para que el tiempo electoral coincida con el tiempo político.

Desde Managua, Adolfo Mairena

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