 |

7° Encuentro de Teatro Comunitario en Buenos Aires
Arte escénico por los barrios porteños
Poner el cuerpo: durante octubre la ciudad de Buenos Aires fue sede del 7° Encuentro de Teatro Comunitario. Organizado por la Red Nacional, 24 de los 30 grupos que la conforman presentaron sus obras nacidas de los barrios de Buenos Aires y de distintas regiones del país. A través del humor, la recuperación de la identidad, la retransmisión generacional de experiencias y la memoria compartida los vecinos-actores desafían la exclusión y el individualismo. Además de espectáculos en las calles y las plazas, hubo foros, seminarios, exposiciones y debates de cara al futuro.
Durante el mes de octubre, la ciudad de Buenos Aires se envolvió en el teatro comunitario: diversas experiencias de este arte generado por vecinos agitaron plazas, calles, clubes, cines barriales y hasta fábricas recuperadas, en el marco del 7° Encuentro de Teatro Comunitario, impulsado por una Red Nacional que nuclea y motoriza el trabajo sostenido de más de 30 grupos de todo el país.
Del Encuentro participaron la mayoría de los que actúan desde la Capital, y sus integrantes brindaron alojamiento en sus casas a sus pares de otras regiones que asistieron para compartir sus creaciones colectivas y para cotejar desarrollos creativos o territoriales en alguna de las 24 sedes del evento.
Además de las puestas escénicas en espacios públicos, hubo charlas abiertas, talleres, foros de debate y seminarios abiertos a la comunidad para contagiar a más barrios a sumarse a esta manera participativa de entender al arte. Aunque Buenos Aires cuenta con la mayor cantidad de grupos en el territorio y, junto con la provincia de Misiones, fue cuna de las primeras experiencias, por primera vez ha sido sede de este masivo encuentro de teatro generado por vecinos. Y no es casual la ocasión: hace 25 años, en el barrio de La Boca nació el Grupo Catalinas Sur, pionero en este arte popular que desafía las nociones de exclusión y la quietud social.
En el 7° Encuentro, al que también arribaron vecinos de Honduras, España e Italia, todos los fines de semana de octubre los espectadores fueron, a su vez, participantes activos: los grupos convocados (de Boedo, Flores, Parque Patricios, Pompeya, Villa Urquiza, La Plata, Berisso, Rosario, Misiones, Patricios, Nueve de Julio, entre otros) ocuparon las plazas de todo Buenos Aires para contar sus vivencias y sus memorias, los hilos comunes de olvido y de luchas sociales, mediante este arte pensado entre todos con belleza, humor y música. Una forma de expresión que pervive a través de la organización sistemática de los vecinos-actores que aún luchan para lograr visibilidad frente a la rutina y la desconfianza hacia el otro que imponen la TV y las democracias nominales.
Compartir experiencias
“Fue un logro poder organizar actividades simultáneas con tantos grupos; prácticamente participaron 1.200 personas cada fin de semana. Y se debe a que el trabajo en la Red de Teatro Comunitario es muy fructífero, aun con diferentes criterios estéticos. Si para una mirada tradicional, construir entre todos pareciera algo desmesurado o imposible, aquí es algo verdadero, y el fruto de muchos años de trabajo”, dice Edith Scher, directora del grupo Matemurga (del barrio de Villa Crespo) que en el marco del Encuentro estrenó su segunda obra, Zumba la risa: en ella, la risa no es anestesia, sino la condición humana para enfrentar angustias colectivas y transformarlas. “El deseo futuro –concede Scher– es que los grupos crezcan: que las propuestas se multipliquen en otros barrios, y que lo artístico se acentúe. Lo estético y lo político son la misma cosa”.
Es una convicción común entre los participantes e impulsores: “Este 7° Encuentro surgió de la necesidad de volverse a reunir, de reestablecer lazos con el otro y ocupar el espacio público. En una época paradójicamente tan comunicada estamos más incomunicados que nunca”, señala Marcela Bidegain, investigadora del fenómeno y organizadora, junto con los demás integrantes de la Red, de la programación. “No conocemos a nuestro vecinos debido a esta derrota cultural que hace que nos quedemos en casa hipnotizados con el televisor en vez de tener espacios de encuentro: desaparecieron los clubes barriales y, cada vez hay más plazas enrejadas”.
El grupo Los Pompapetriyasos, del barrio Parque Patricios (al sur de Buenos Aires) estrenó algunas escenas de ¡Extra, extra! Preguntas que dan vueltas, y volvió a presentar Visita Guiada, un espectáculo sentido, melodioso, sobre el desvanecimiento del espacio público y el deseo urgente de que los vecinos puedan recuperarlo. “Con ¡Extra, extra! nos pareció importante hablar sobre lo que está pasando hoy en el barrio: llegó el subterráneo y para ello se tiraron árboles centenarios”, dice Agustina Ruiz Barrea, directora del grupo, conformado en 2002. “Además, para el Sur hay todo un proyecto urbanístico-inmobiliario en el que los vecinos no participamos nunca: son decisiones que se toman por arriba”. Y ante ello, una pregunta que sintetiza la urgencia del trabajo comunitario: “¿Por qué no podemos juntarnos para pensar qué es valorizar el barrio, y a dónde realmente hay que poner el valor?”, dice Ruiz Barrea. “El poder preguntarnos cosas, además de criticar a los que siempre deciden por nosotros, implica una propia responsabilidad: estamos pasivos frente a los fenómenos y necesitamos reencontrar el valor de la pregunta y la duda para reconocernos como sujetos de derecho”. Allí está el peso del hecho creativo; en forma horizontal y autogestiva –aunque la participación del Estado debiera ser más efectiva, coinciden en la Red– el teatro comunitario viabiliza la acción de niños y adultos: los vuelve sujetos activos. “Esta es una forma de teatro contrahegemónica: no tiene nada que ver con las fórmulas de teatro comercial. Lo que busca es integrar al vecino en un proyecto. Por ello, la intención del motivo del Encuentro fue dar visibilidad a los diversos grupos. Fue una verdadera fiesta”, afirma Marcela Bidegain.
A modo de apertura, el Grupo Catalinas Sur, con dirección de Adhemar Bianchi, presentó su obra Venimos de muy lejos (60 vecinos-actores representaron a los inmigrantes que arribaron al Sur porteño con el siglo XX). Para este grupo-emblema, para el Circuito Cultural Barracas formado en 1997 y para los nacidos luego de 2001, lo dramático actúa sobre la experiencia común, para que vecinos y público puedan vivir los relatos en carne propia. Con lo teatral, se ligan las problemáticas de las grandes ciudades con las pequeñas; las luchas de pueblos como Patricios, lindante con la ciudad de Nueve de Julio, con las de Rosario, ciudad de la provincia de Santa Fe. Allí se conformó hace alrededor de dos años el grupo Evocación del Paraná, que llevó al Encuentro la obra Historia de nuestros barrios, sobre la organización obrera de los años 1940 en torno a las fábricas textiles, cerradas tiempo después. También participó del encuentro el director teatral hondureño Rafael Murillo Selva que desde hace más de 20 años hace teatro comunitario en comunidades rurales y de pescadores de Honduras y Colombia.
Ricardo Talento, director del Circuito Cultural Barracas, insiste en que “la creatividad es inherente al ser humano, y es una de las facultades que más se perdieron. El creativo es peligroso porque cuestiona el mundo en que vive”. Arraigados al cuerpo social, el individualismo y la noción de “sálvese quien pueda” demoran lo expresivo: no sólo es difícil que el vecino se incorpore sino que reconozca que en las temáticas que abordan los grupos se halla su propia historia. “Cuesta porque estamos paralizados, muy golpeados como sociedad, y todo lo que signifique poner el cuerpo es un tema difícil”, reconoce Bidegain. Por ello, que en el 7° Encuentro miles de personas hayan podido interactuar en barrios y plazas, en torno al teatro colectivo, habla de su crecimiento y de su futuro. “Si no, estaríamos haciendo un mal museo, diciendo qué bueno que era antes el barrio. ésta es una forma de integrar a través de un proyecto concreto. Pero ¿cómo integrarse si no amas el lugar donde estás, si no reconoces al otro?”, dice Talento. Los avances alimentan la acción, los deseos concretos, y aún queda mucho: repensar la relación política y económica con el Estado –en general, los grupos reciben magros subsidios o contratos oficiales–, el sentido de la autogestión y la organización territorial, para lograr mayor comunicación como Red: “es algo que estamos pensando –dice Bidegain– en los foros de reflexión interna. Argentina es un país muy grande: deberíamos empezar a trabajar la Red en forma descentralizada, tal vez a través de regionales”. A 25 años de que naciera el primer grupo, pensar y desarrollar teatro en forma comunitaria es tangible, observa Talento: “el teatro comunitario habla de estas celebraciones colectivas que se han perdido y que nos hacían ser parte de un todo. Esa necesidad está más viva que nunca”.
Desde Buenos Aires, Patricio Féminis
|
 |