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Entrevista a Héctor Soto
Ser libres: desde el pasado 18 de junio Héctor Soto es el nuevo ministro del Poder Popular para la Cultura. Tiene 46 años, es médico veterinario y ha dirigido varios institutos científicos y tecnológicos. En 1998 fue designado Director Nacional de Extensión y Vicerrector Administrativo de la Universidad Simón Rodríguez. Junto al saliente ministro, el poeta Farruco Sesto y el Consejo Nacional de la Cultura (Conac), impulsó la formación de una red cultural que llegó a todos los rincones del país. Lejos del molde homogéneo que el imperialismo intenta imponer, las misiones del Poder Popular recuperan la identidad, la memoria y la heterogeneidad cultural del pueblo venezolano. Teniendo en cuenta su formación científico-académica, ¿qué es la cultura para usted? La cultura representa lo que somos, lo que fuimos y lo que queremos ser; debe ser un instrumento de liberación para los pueblos. “Ser cultos para ser libres”, decía Martí. ¿Cómo ha llegado a trabajar en este ámbito? Desde niño he estado en contacto con la cultura. Soy hijo de una profesora de arte y de un abogado; mi casa siempre estuvo repleta de libros, sobre todo de arte. Cuando comenzó el proceso de cambio liderado por el presidente Chávez, fui designado Director Nacional de Extensión de la Universidad Simón Rodríguez. Posteriormente, ya siendo vicerrector, me llamó Farruco Sesto (ex ministro de Cultura), que en aquel momento era Presidente del Consejo Nacional de la Cultura (Conac) puesto que no existía el Ministerio, y me planteó que quería desarrollar una especie de “Barrio Adentro cultural”, una red cultural que se metiera profundamente en los intersticios del tejido social. Con el tiempo, ese proyecto se transformó en la Misión Cultura. ¿Qué lineamientos seguirá ahora este Ministerio? Las políticas culturales de este Ministerio tienen que ver con la promoción de las artes y el apoyo a todas las manifestaciones artísticas y culturales del pueblo. Además, con el censo del patrimonio que se hace con las comunidades, se reconoce la diversidad cultural de nuestro pueblo y se “descaraqueñiza” la actividad cultural. Pero también, basándonos en el pensamiento martiano que hemos venido aplicando para la parte formativa, han nacido programas como la propia Misión Cultura, Cultura en Curso y ahora, recientemente, todos esos talleres de danza, teatro, música, artes plásticas, audiovisuales, arte circense, que es lo que hemos llamado Cultura Corazón Adentro, Misión Socialista. La de Farruco ha sido una gestión notable porque en pocos años deja al Estado venezolano dotado de infraestructura y de valores humanos: la Villa del Cine, la Imprenta de la Cultura, más de 50 librerías a nivel nacional (sumadas a las 16 que existían cuando llegamos), 40 galerías de arte, 86 salas comunitarias de cine y varias salas de la Cinemateca Nacional en todo el país, la editorial “El perro y la Rana”, las revistas culturales de divulgación masiva, Todosadentro y A Plena Voz, entre otras iniciativas. Hemos llegado a editar nueve millones de libros: el pueblo venezolano puede comprar libros a dos dólares. Hace poco tiempo tuve una breve conversación con el presidente Chávez y él me dijo: “Mira Héctor, tienes un ministerio muy bien armado que tú participaste en construir, eso ahora es como un submarino atómico y tú tienes la tarea de terminar de sumergirlo en el tejido social venezolano”. En estos momentos hay equipos trabajando en lugares y barrios a los que nadie se atrevía a ir: la plataforma de Artes Escénicas y Musicales da apoyo a la producción de eventos en los barrios. Además existe la idea de hacer museos comunitarios y el Instituto de Patrimonio Cultural y el Archivo General de la Nación están dictando talleres para enseñar a resguardar los documentos públicos. Venezuela está siendo acosada por el imperialismo y obviamente por el séquito de intelectuales de los sectores de la derecha internacional, ¿de qué manera se le puede dar respuesta a estos ataques desde el Ministerio de la Cultura? Lo que sucede en el mundo es que existe un modelo de sociedad que quiere imponer a sangre y fuego un molde estandarizado, globalizado. Para imponer este modelo hay que aniquilar la diversidad cultural y sustituirla por un molde homogéneo que nos haga consumir los 15 o 20 productos culturales de las grandes trasnacionales del entretenimiento. El imperialismo sabe que a un pueblo se lo domina primero culturalmente y luego militarmente. Entonces utiliza dos estrategias: la transculturización con la imposición de sus símbolos y el memoricidio para intentar que los pueblos pierdan su memoria. Entonces, ¿qué papel cumple la cultura en nuestro proceso revolucionario? La Revolución es Cultural o no es Revolución. Es un asunto de valores, de cambio de mentalidad. Si bien vivimos en un país rico, hemos comprendido que sólo con dinero no se mejora la sociedad. Después del paro petrolero pusimos en marcha las misiones: alfabetizamos a un millón y medio de personas con la Misión Robinson, empezamos a estructurar un sistema nacional de salud, creamos la Misión Barrio Adentro con sus módulos de atención primaria y los centros de rehabilitación; se ha invertido y se sigue invirtiendo mucho dinero en infraestructura: carreteras, puentes, ferrocarriles. Pero todo eso no es suficiente, el mismo presidente Chávez lo ha dicho: “Hay que tomar el rumbo del socialismo” porque el problema está en el modelo de sociedad en el que vivimos. Encontrarte
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