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El conflicto campo-gobierno rompió la anomia dominante durante muchos años
Mudanza: Argentina ingresó en una insólita crisis política como resultado del alza de retenciones a las exportaciones agropecuarias, respondidas por las cuatro entidades de ese sector con una lucha que, hacia fines de junio, lleva más de 100 días y una tan inesperada como inédita movilización de los pequeños y medianos propietarios del campo. Luego del primer mes de resistencia la presidenta Cristina Fernández reconoció la inequidad de una imposición idéntica para la mayoría de pequeños chacareros y los grandes pools que han llevado el capital financiero a la explotación agraria, cambiando por completo la conformación del sector. Pero los destinatarios de este cambio lo consideraron insuficiente. A los 90 días de conflicto, el gobierno anunció que el plus obtenido por el aumento de las retenciones (antes eran del 35%), sería destinado a la construcción de hospitales, escuelas y caminos. La tardía reacción resultó también insuficiente. En un clima de creciente ingobernabilidad, finalmente Fernández envió el decreto para que lo apruebe el Congreso. De esa manera, la tensión cedió, pero el problema aumentó, al involucrar al propio partido gobernante. La sociedad argentina recuperó su interés y, hasta cierto punto, su participación en la política. Pero el retraso se hace sentir: el bloque agrario aúna chacareros con grandes terratenientes comprometidos con lo peor de la historia nacional (ver solicitada), creando una situación extremadamente confusa y peligrosa. A continuación, las opiniones de todo el espectro político argentino.
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