El conflicto internacional más mortífero del siglo XXI
En Irak Washington perpetra
un crimen contra la humanidad


Secuelas: desde la invasión el 18 de marzo de 2003 han muerto alrededor de 655 mil irakíes por encima de la cifra que cabría esperar en una situación sin conflicto, lo que equivale a alrededor del 2,5% de la población del país. Estas proyecciones se desprenden de un trabajo conjunto realizado por expertos estadounidenses y de la Universidad de Bagdad que fueron publicados por la revista médica británica The Lancet. Financiado por el Instituto de Tecnología de Massachussets y el Centro Johns Hopkins para Refugiados y Respuesta ante Desastres, el estudio recibió la aprobación ética del Comité de Investigaciones Humanas de la Escuela de Sanidad Pública Johns Hopkins Bloomberg, en Baltimore, Maryland, Estados Unidos, y de la Escuela de Medicina de la Universidad Al Mustansiriya, en Bagdad, Irak. A continuación, un resumen del trabajo original.

Por Gilbert Burnham, Riyadh Lafta, Shannon Doocy, Les Roberts

Tras la invasión a Irak en 2003 por la coalición dirigida por Estados Unidos, había gran preocupación por conocer la escalada en las cifras de muertos irakíes. Para poder contabilizar las muertes violentas se han utilizado varios métodos, incluidos los datos sobre muertes aportados por el Ministerio de Sanidad, las cifras de las morgues y los informes de los medios de comunicación. Las valoraciones más conocidas son las del Irak Body Count, que, desde el comienzo de la invasión y hasta el 26 de septiembre de 2006, estimó que habían muerto entre 43.491 y 48.282 irakíes. Los cálculos del Ministerio irakí del Interior para el mismo período eran un 75% más altos que los del Irak Body Count. Una Organización No Gubernamental irakí, Irakiyun, estimó el número de muertes, desde el momento de la invasión hasta julio de 2005, en 128 mil; para averiguar esa cifra, Irakiyun utilizó varias fuentes, incluidas las entrevistas a las familias.
El Departamento de Defensa estadounidense lleva algún tipo de registro de las muertes irakíes, a pesar de haber negado inicialmente su existencia. Recientemente, la base de datos del Multi-National Corps-Irak Significant Activities publicó cifras de víctimas irakíes. Estos datos estimaban la tasa de víctimas civiles en 117 muertos al día entre mayo de 2005 y junio de 2006, sobre la base de las muertes acaecidas en sucesos en los que la coalición intervino. Ha habido también varias investigaciones que han calculado el alcance del conflicto sobre la población. Como era previsible, estas investigaciones han encontrado cifras bastante más altas que los seguimientos con medios de vigilancia pasiva.
Además de la violencia, el suministro precario de agua, el sistema de tratamiento de aguas residuales inactivo y el suministro eléctrico limitado también suponen riesgos para la salud. Un servicio sanitario en profundo deterioro, con problemas de seguridad para poder acceder a él, junto a la huida del país de los profesionales sanitarios, añaden más riesgos aún. La gente obligada a desplazarse a causa de la actual violencia sectaria amplía el número de personas en situación de vulnerabilidad. En muchos conflictos, esas causas indirectas han motivado la mayor parte de las muertes de civiles.
Para medir la mortalidad hicimos un estudio de corte transversal a nivel nacional de las muertes ocurridas desde enero de 2002 hasta julio de 2006. La información facilitada por las familias aportaba el número de muertes que se habían producido en todos los hogares entre el 1º de enero de 2002 y la invasión del 18 de marzo de 2003, y esos datos se comparaban con las muertes acaecidas desde el momento de la invasión hasta la fecha del estudio. Se calculó que un tamaño de muestra de 12 mil personas resultaba adecuado para identificar, con un 95% de seguridad y una capacidad de un 80%, una duplicación de una tasa estimada de mortalidad bruta de 5,0 al año por cada mil habitantes antes de la invasión, y se hizo la selección tratando de equilibrar la necesidad de obtener datos fiables con un nivel aceptable de riesgo para los equipos que iban a desarrollar el trabajo de campo.
La encuesta se llevó a cabo entre el 20 de mayo y el 10 julio de 2006. Se incluyeron sólo 47 de los 50 grupos previstos en este análisis. Tres grupos mal constituidos fueron excluidos, dejando una muestra final de 1.849 hogares agrupados en 47 grupos seleccionados al azar. Ningún entrevistador murió o resultó herido durante la investigación.
Las 1.849 familias que completaron la encuesta tenían 12.801 componentes en el momento de hacer el estudio; así, el tamaño medio de las familias era de 6 a 9 personas. De los 12.529 residentes de los que se registró su sexo, 6.123 (48,9%) eran hombres. Al principio del período recogido (1º de enero de 2002), se calculó la población del estudio en 11.956 personas, y se informó, durante el tiempo de la encuesta, de un total de 1.474 nacimientos y 629 muertes; se facilitó la edad en 610 de las 629 muertes, la información sobre el sexo fue recogida en todos los casos. Durante el período de la encuesta, hubo 129 familias (7%) que emigraron dentro del país y 152 (8%) que se marcharon fuera. Los equipos de investigación pidieron los certificados de muerte en 545 (87%) de las muertes informadas y se facilitó en 501 casos.
De las 629 muertes recogidas, 547 (87%) se produjeron en el período posterior a la invasión (marzo de 2003 a junio de 2006), comparadas con las 82 (13%) del período anterior a la invasión (enero de 2002 a marzo de 2003). La mayor parte de las muertes (485, 77%) eran de varones, y esto fue así en ambos períodos, pero más pronunciado en el período anterior a la invasión (57 de 82 muertes antes de la invasión vs 428 de 547 muertes tras la invasión). La ratio de las muertes entre hombres y mujeres tras la invasión era de 3/4 para todas las muertes, y 8/9 para muertes violentas (todas las muertes: 144 mujeres, 485 hombres; muerte violenta: 28 mujeres, 274 hombres). En general, las muertes por grupo de edad seguían la esperada curva demográfica con forma de J; sin embargo, en comparación, la mayoría de las muertes en varones se habían producido en el grupo de edad Intermedia.
La tasa de mortalidad bruta en el período anterior a la invasión fue de 4,5 por mil personas al año y durante todo el período posterior a la invasión fue de 13,3 por mil personas al año. Durante el período del estudio se registró un aumento multiplicado por cuatro, con un pico de 19,8 por cada mil habitantes por año entre junio de 2005 y junio de 2006.
Las tasas de excedente de mortalidad tras la invasión mostraban en gran medida la misma tendencia ascendente, pasando de 2,6 por mil habitantes al año sobre la tasa de base lineal en 2003, al 14,2 por mil habitantes al año en 2006. Se atribuye fundamentalmente la mortalidad excesiva a un aumento en la tasa por muerte violenta; sin embargo, en la última etapa del período posinvasión (2005-2006), se apreció un aumento en la tasa de mortalidad no violenta. La tasa de excedente de mortalidad no violenta después de la invasión era de 0,7 por mil habitantes al año.
De las 302 muertes violentas recogidas relacionadas con el conflicto, 300 (99%) ocurrieron tras la invasión. Se apreció un aumento en las tasas por muerte violenta en el período posterior a la invasión. El análisis por tendencias mostró que esta tasa de muerte violenta aumentó significativamente en todos los períodos tras la invasión (p<0,0001) comparada con el período anterior a la invasión.
De las 302 muertes violentas, 274 (91%) eran hombres y, dentro de este grupo, las muertes se concentraban en los grupos de edad de 15-29 y 30-44 años. La mayor parte de las muertes violentas se debieron a armas de fuego (56%), ataques aéreos, coches-bomba y otras explosiones/artillería, que contabilizaron cada una entre el 13-14% de las muertes violentas. El número de muertes por disparos aumentó consistentemente en todo el período posinvasión y en 2006 se notó un aumento brusco en las muertes por coches-bomba.
Las muertes violentas directamente atribuidas a las fuerzas de la coalición o a ataques aéreos fueron clasificadas como muertes violentas causadas por la coalición. En muchos otros casos no se conocía la parte responsable, o las familias vacilaban a la hora de identificarlas. Las muertes atribuibles a la coalición supusieron el 31% de las muertes violentas tras la invasión. La proporción de muertes violentas atribuibles a la coalición fue muy parecida en todos los períodos. Sin embargo, el número actual de muertes violentas, incluidas las que fueron causadas por las fuerzas de la coalición, fue aumentando cada año tras la invasión. Las muertes de hombres en edad militar, definida como el intervalo entre los 15-44 años de edad, fueron desproporcionadamente altas y contabilizaron el 59% de las muertes violentas tras la invasión, a pesar de que este subgrupo recogía sólo el 24,4% de la población irakí.
De las 327 muertes no violentas que se recogieron, 80 (24%) tuvieron lugar antes de la invasión y 247 (76%) tras la invasión. Las tasas de mortalidad por causas no violentas se mantuvieron esencialmente invariables hasta los primeros seis meses de 2006, punto en el cual aumentaron a casi dos muertes por cada mil habitantes y año; sin embargo, este aumento no fue significativo.
Estimamos que, como consecuencia de la invasión de la coalición iniciada el 18 de marzo de 2003, han muerto alrededor de 655 mil irakíes por encima de la cifra que cabría esperar en una situación sin conflicto, lo que equivale a alrededor del 2,5% de la población en el área estudiada. Alrededor de 601 mil de este exceso de muertes se debieron a causas violentas. Nuestra valoración de la tasa de mortalidad bruta tras la invasión representa el doble de la tasa de mortalidad de base lineal, lo cual, según los estándares Sphere, constituye una situación de emergencia humanitaria.
Nuestra valoración de la tasa de mortalidad bruta o de todas las causas de mortalidad está en total acuerdo con la de otras fuentes. La tasa de mortalidad bruta tras la invasión aumentó significativamente las cifras anteriores a la invasión y mostraba una tendencia ascendente. El número ascendente de muertes violentas sigue las pautas de los cuerpos contabilizados en las morgues, así como los informados por los medios y por Irak Body Count.
Nuestras estimaciones sobre el excedente de muertes en Irak son mucho más altas que las que proporcionan las medidas de vigilancia pasivas. Esperábamos esta discrepancia. Los datos que se obtienen con la vigilancia pasiva casi nunca son completos, incluso en circunstancias de estabilidad, y son mucho menos completos durante los conflictos, cuando el acceso a las zonas es muy limitado y los hechos fatales podrían ser intencionadamente ocultados.
Las tasas de mortalidad por causas violentas han aumentado año tras año tras la invasión. A mediados de 2006, se produjeron 91 muertes violentas en seis meses, comparadas con las 27 de 2003 tras la invasión, las 77 de 2004 y las 105 de 2005, lo que sugiere que la violencia se ha incrementado sustancialmente. La causa atribuida a estas muertes ha cambiado también con el tiempo. Nuestros datos muestran que las armas de fuego son la causa más importante de muerte en Irak, alcanzando alrededor de la mitad de las cifras de todas las muertes violentas. Sobre las muertes causadas por ataques aéreos durante 2006 se informó mucho menos que de las ocurridas en 2003-2004, pero las muertes provocadas por explosiones de coche han aumentado desde finales de 2005. La proporción de muertes violentas atribuidas a las fuerzas de la coalición podría haber alcanzado su cenit en 2004; sin embargo, el número actual de muertes irakíes atribuidas a las fuerzas de la coalición aumentó velozmente en el curso del 2005.
Por todo Irak, los muertos y heridos por causas violentas se concentraban en la franja de edad comprendida entre la adolescencia y la media edad. Aunque algunos fueran probablemente combatientes, una serie de factores exponía a aquel grupo a más riesgos, por ejemplo, el estilo de vida, viajar en automóvil y los empleos fuera del hogar. Las circunstancias de un cierto número de muertes por disparos sugieren asesinatos o ejecuciones. Se tiene constancia de que las fuerzas de la coalición han declarado blanco a todos los hombres en edad militar.
Desde enero de 2002 hasta la invasión de 2003, todas las muertes en Irak fueron virtualmente por causas no violentas. Las causas principales de muertes no violentas fueron las mismas que las causas principales de muertes en los hospitales de las que informó el Ministerio de Sanidad en 2005. Las tasas de mortalidad por causas no violentas no han variado en esencial desde los niveles anteriores a la invasión hasta 2006, cuando aumentaron en 2,0 muertes por cada mil habitantes al año sobre la base lineal anterior a la invasión, un aumento que no era significativo.
En Irak, al igual que en otros conflictos, son los civiles quienes más sufren las consecuencias de la guerra. En la guerra de Vietnam, murieron 3 millones de civiles; en la República Democrática del Congo, el conflicto causó entre 3 y 8 millones de muertes; y una población estimada en 200 mil personas, de entre un total de 800 mil murieron durante el conflicto en Timor Este. Estimaciones recientes hablan de que en Darfur han muerto 200 mil personas en los últimos 31 meses. Consideramos que casi 655 mil personas – el 2,5% de la población de la zona en estudio– han muerto en Irak. Aunque esas tasas de muerte podrían ser comunes en épocas de guerra, la combinación entre la larga duración y las decenas de millones de personas afectadas han convertido ese conflicto en el conflicto internacional más mortífero del siglo XXI, hecho que debería ser motivo de gran preocupación para todos.
Al concluir un estudio anterior en 2004, exhortamos encarecidamente para que una entidad independiente calculara el exceso de mortalidad que apreciábamos en Irak. No se ha llevado a cabo. Continuamos creyendo que es urgentemente necesario que una entidad internacional independiente realice un control de la situación en cumplimiento de las Convenciones de Ginebra y de otros estándares humanitarios para situaciones de conflicto. Con datos fidedignos, las voces que alzan su voz en nombre de los civiles atrapados en un conflicto podrían conseguir atenuar el trágico costo humano de futuras guerras.


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