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Discurso del presidente Hugo Chávez
en la ONU
Excelencias, amigas y amigos, muy
buenas tardes:
El propósito original de esta reunión ha sido desvirtuado
totalmente. Se nos ha impuesto como centro del debate un mal llamado proceso
de reformas, que relega a un segundo plano lo más urgente, lo que
los pueblos del mundo reclaman con urgencia, como lo es la adopción
de medidas para enfrentar los verdaderos problemas que obstaculizan e
impiden los esfuerzos de nuestros países por el desarrollo y por
la vida.
Cinco años después de la Cumbre del Milenio, la cruda realidad
es que la gran mayoría de las metas diseñadas, pese a que
eran ya de por sí modestísimas, no serán alcanzadas.
Pretendimos reducir a la mitad los 842 millones de hambrientos para el
año 2015. Al ritmo actual la meta se lograría en el año
2215, ve a ver quién de nosotros estaríamos allí
para celebrarlo, si es que la especie humana logra sobrevivir a la destrucción
que amenaza nuestro medio ambiente.
Habíamos proclamado la aspiración de lograr en el 2015 la
enseñanza primaria universal. Al ritmo actual la meta se alcanzará
después del año 2100, preparémonos pues para celebrarlo.
Esto, amigas y amigos del mundo, nos lleva de manera irreversible a una
amarga conclusión: las Naciones Unidas han agotado su modelo, y
no se trata simplemente de proceder a una reforma, el siglo XXI reclama
cambios profundos que sólo son posibles con una refundación
de esta organización. Esto no sirve, hay que decirlo, es la pura
verdad.
Esas transformaciones, a las que desde Venezuela nos referimos, al mundo,
tienen para nosotros, desde nuestro punto de vista dos tiempos: el inmediato,
el de ahora mismo, y el de los sueños, el de la utopía;
el primero está marcado por los acuerdos lastrados por el viejo
esquema, no le rehuimos, y traemos, incluso, propuestas concretas dentro
de ese modelo en el corto plazo. Pero el sueño de esa paz mundial,
el sueño de un nosotros que no avergüence por el hambre, la
enfermedad, el analfabetismo, la necesidad extrema, necesita –además
de raíces– alas para volar. Necesitamos alas para volar,
sabemos que hay una globalización neoliberal aterradora, pero también
existe la realidad de un mundo interconectado que tenemos que enfrentar
no como un problema sino como un reto, podemos, sobre la base de las realidades
nacionales, intercambiar conocimientos, complementarnos, integrar mercados,
pero al tiempo debemos entender que hay problemas que ya no tienen solución
nacional, ni una nube radioactiva, ni los precios mundiales, ni una pandemia,
ni el calentamiento del planeta o el agujero de la capa de ozono son problemas
nacionales. Mientras avanzamos hacia un nuevo modelo de Naciones Unidas
que haga cierto y suyo ese nosotros de los pueblos, hay cuatro reformas
urgentes e irrenunciables que traemos a esta Asamblea, la primera, la
expansión del Consejo de Seguridad tanto en sus categorías
permanentes como en las no permanentes, dando entrada a nuevos países
desarrollados y a países en desarrollo como nuevos miembros permanentes.
La segunda, la necesaria mejora de los métodos de trabajo para
aumentar la transparencia y no para disminuirla, para aumentar el respeto
y no para disminuirlo, para aumentar la inclusión. La tercera,
la supresión inmediata, seguimos diciéndolo desde hace seis
años desde Venezuela, la supresión inmediata del veto en
las decisiones del Consejo de Seguridad, ese vestigio elitesco es incompatible
con la democracia, incompatible con la sola idea de igualdad y de democracia.
Y en cuarto lugar el fortalecimiento del papel del Secretario General,
sus funciones políticas en el marco de la diplomacia preventiva,
debe ser consolidado. La gravedad de los problemas convoca a transformaciones
profundas, las meras reformas no bastan para recuperar el nosotros que
esperan los pueblos del mundo, más allá de las reformas
reclamamos desde Venezuela la refundación de Naciones Unidas, y
como bien sabemos en Venezuela, por las palabras de Simón Rodríguez,
el Robinson de Caracas: “O inventamos o erramos”.
En la reunión de enero pasado de este año 2005 estuvimos
en el Foro Social Mundial en Porto Alegre, diferentes personalidades allí
pidieron que la sede de Naciones Unidas saliera de Estados Unidos si es
que continúan las violaciones a la legalidad internacional por
parte de ese país. Hoy sabemos que nunca existieron armas de destrucción
masiva en Iraq, el pueblo estadounidense siempre ha sido muy riguroso
con la exigencia de la verdad a sus gobernantes, los pueblos del mundo
también: nunca hubo armas de destrucción masiva y sin embargo,
y por encima de Naciones Unidas, Iraq fue bombardeado, ocupado y continúa
ocupado. Por eso proponemos a esta Asamblea que Naciones Unidas salga
de un país que no es respetuoso con las propias resoluciones de
esta Asamblea. Algunas propuestas han señalado a una Jerusalén
convertida en ciudad internacional como una alternativa. La propuesta
tiene la generosidad de proponer una respuesta al conflicto que vive Palestina,
pero quizás tenga aristas que hagan difícil llevarlo a cabo.
Por eso traemos aquí otra propuesta, anclada en la Carta de Jamaica,
que escribió Simón Bolívar, el gran Libertador del
Sur, en Jamaica, en 1815, hace 190 años. Ahí propuso Bolívar
la creación de una ciudad internacional que sirviera de sede a
la idea de unidad que planteaba. Bolívar era un soñador
que soñó lo que son hoy nuestras realidades.
Creemos que ya es hora de pensar en la creación de una ciudad internacional
ajena a la soberanía de ningún Estado, con la fuerza propia
de la moralidad de representar a las Naciones del mundo, pero esa ciudad
internacional tiene que reequilibrar cinco siglos de desequilibrio. La
nueva sede de Naciones Unidas tiene que estar en el Sur, “¡El
Sur también existe!”, dijo Mario Benedetti. Esa ciudad que
puede existir ya, o podemos inventarla, puede estar donde se crucen varias
fronteras o en un territorio que simbolice al mundo, nuestro Continente
está en disposición de ofrecer ese suelo sobre el que edificar
el equilibrio del universo del que habló Bolívar en 1825.
Señoras, señores, enfrentamos hoy una crisis energética
sin precedentes, en el mundo, en la que se combinan peligrosamente un
imparable incremento del consumo energético, la incapacidad de
aumentar la oferta de hidrocarburos y la perspectiva de una declinación
en las reservas probadas de combustibles fósiles. Comienza a agotarse
el petróleo.
Para el 2020 la demanda diaria de petróleo será de 120 millones
de barriles, con lo cual, incluso sin tener en cuenta futuros crecimientos,
se consumiría en 20 años una cifra similar a todo el petróleo
que ha gastado la humanidad hasta el momento, lo cual significará,
inevitablemente, un aumento en las emisiones de dióxido de carbono
que, como se sabe incrementa cada día la temperatura de nuestro
planeta.
Katrina ha sido un doloroso ejemplo de las consecuencias que puede traer
al hombre ignorar estas realidades. El calentamiento de los océanos
es, a su vez, el factor fundamental detrás del demoledor incremento
en la fuerza de los huracanes que hemos visto en los últimos años.
Valga la ocasión para transmitir una vez más nuestro dolor
y nuestro pesar al pueblo de Estados Unidos, que es un pueblo hermano
de los pueblos de América también, y de los pueblos del
mundo.
Es práctica y éticamente inadmisible sacrificar a la especie
humana invocando de manera demencial la vigencia de un modelo socioeconómico
con una galopante capacidad destructiva. Es suicida insistir en diseminarlo
e imponerlo como remedio infalible para los males de los cuales es, precisamente,
el principal causante.
Hace poco el señor Presidente de Estados Unidos asistió
a una reunión de la Organización de Estados Americanos,
a proponerle a la América Latina y al Caribe incrementar las políticas
de mercado, la apertura de mercado, es decir, el neoliberalismo, cuando
esa es precisamente la causa fundamental de los grandes males y las grandes
tragedias que viven nuestros pueblos: el capitalismo neoliberal, el Consenso
de Washington lo que ha generado es mayor grado de miseria, de desigualdad
y una tragedia infinita a los pueblos de este continente.
Ahora más que nunca necesitamos, señor Presidente, un nuevo
orden internacional, recordemos que la Asamblea General de las Naciones
Unidas en su sexto período extraordinario de sesiones, celebrado
en 1974, algunos de quienes están aquí no habían
nacido, seguramente, o estaban muy pequeños.
En 1974, hace 31 años adoptó la declaración y el
programa de acción sobre un nuevo Orden Económico Internacional,
junto con el plan de acción la Asamblea General adoptó el
14 de diciembre de aquel año 1974 la Carta de Derechos y Deberes
Económicos de los Estados que concretó el Nuevo Orden Económico
Internacional, siendo aprobada por mayoría aplastante de 120 votos
a favor, 6 en contra y 10 abstenciones –esto era cuando se votaba
en Naciones Unidas–, porque ahora aquí no se vota, ahora
aquí se aprueban documentos como este documento que yo denuncio
a nombre de Venezuela, como irrito, nulo e ilegal, se aprobó violando
la normativa de las Naciones Unidas, ¡no es válido este documento!,
habrá que discutir este documento, el Gobierno de Venezuela lo
va a hacer conocer al mundo, pero nosotros no podemos aceptar la dictadura
abierta y descarada en Naciones Unidas, estas cosas son para discutirlas
y para eso hago un llamado muy respetuoso, a mis colegas los Jefes de
Estado y los Jefes de Gobierno.
Ahora me reunía con el presidente Néstor Kirchner y bueno,
yo sacaba el documento, este documento fue entregado cinco minutos antes,
¡sólo en inglés!, a nuestros delegados y se aprobó
con un martillazo dictatorial, que denuncio ante el mundo como ilegal,
irrito, nulo e ilegítimo.
Oíganme una cosa, señor Presidente, si nosotros vamos a
aceptar esto, es que estamos perdidos, ¡apaguemos la luz y cerremos
las puertas y cerremos las ventanas! Sería lo último: que
aceptemos la dictadura aquí en este salón.
Ahora más que nunca –decíamos– requerimos retomar,
retomar cosas que se quedaron en el camino, como la propuesta aprobada
en esta Asamblea en 1974 de un Nuevo Orden Económico Internacional,
para recordar algo, digamos lo siguiente, el Artículo 2 del texto
de aquella carta, confirma el derecho de los estados de nacionalizar las
propiedades y los recursos naturales que se encontraban en manos de inversores
extranjeros, proponiendo igualmente la creación de carteles de
productores de materias primas. En su Resolución 3.201 de mayo
de 1974, expresó la determinación de trabajar con urgencia
para establecer un Nuevo Orden Económico Internacional basado –oiganme
bien, os ruego– “en la equidad, la igualdad soberana, la interdependencia,
el interés común y la cooperación entre todos los
estados cualesquiera que sean sus sistemas económicos y sociales,
que corrija las desigualdades y repare las injusticias entre los países
desarrollados y los países en desarrollo, y asegure a las generaciones
presentes y futuras, la paz, la justicia y un desarrollo económico
y social que se acelere a ritmo sostenido”, cierro comillas, estaba
leyendo parte de aquella Resolución histórica de 1974.
El objetivo del Nuevo Orden Económico Internacional era modificar
el viejo orden económico concebido en Breton Woods.
Creo que el Presidente de Estados Unidos habló aquí durante
unos 20 minutos el día de ayer, según me han informado,
yo pido permiso, Excelencia, para terminar mi alocución.
El objetivo del Nuevo Orden Económico Internacional era modificar
el viejo orden económico concebido en Breton Woods en 1944, y que
tendría una vigencia hasta 1971, con el derrumbamiento del sistema
monetario internacional: sólo buenas intenciones, ninguna voluntad
para avanzar por ese camino, y nosotros creemos que ese era, y ese sigue
siendo el camino.
Hoy reclamamos desde los pueblos, en este caso el pueblo de Venezuela,
un nuevo orden económico internacional, pero también resulta
imprescindible un nuevo orden político internacional, no permitamos
que un puñado de países intente reinterpretar impunemente
los principios del Derecho Internacional para dar cabida a doctrinas como
la “Guerra Preventiva”, ¡vaya que nos amenazan con la
guerra preventiva!, y la llamada ahora “Responsabilidad de Proteger”,
pero hay que preguntarse quién nos va a proteger, cómo nos
van a proteger.
Yo creo que uno de los pueblos que requiere protección es el pueblo
de Estados Unidos, demostrado ahora dolorosamente con la tragedia de Katrina:
no tiene gobierno que lo proteja de los desastres anunciados de la naturaleza,
si es que vamos a hablar de protegernos los unos a los otros; estos son
conceptos muy peligrosos que van delineando el imperialismo, van delineando
el intervencionismo y tratan de legalizar el irrespeto a la soberanía
de los pueblos, el respeto pleno a los principios del Derecho Internacional
y a la Carta de las Naciones Unidas deben constituir, señor Presidente,
la piedra angular de las relaciones internacionales en el mundo de hoy,
y la base del nuevo orden que propugnamos.
Permítanme una vez más, para ir concluyendo, citar a Simón
Bolívar, nuestro Libertador, cuando habla de la integración
del mundo, del Parlamento Mundial, de un Congreso de parlamentarios, hace
falta retomar muchas propuestas como la bolivariana. Decía Bolívar
en Jamaica, en 1815, ya lo citaba, leo una frase de su Carta de Jamaica:
“Qué bello sería que el istmo de Panamá fuese
para nosotros lo que el de Corinto para los griegos, ojalá que
algún día tengamos la fortuna de instalar allí un
augusto congreso de los representantes de las repúblicas, de los
reinos, a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la
guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo. Esta especie
de corporación podrá tener lugar en alguna época
dichosa de nuestra regeneración.” Urge enfrentar de manera
eficaz, ciertamente, al terrorismo internacional, pero no usándolo
como pretexto para desatar agresiones militares injustificadas y violatorias
del Derecho Internacional, que se han entronizado como doctrina después
del 11 de septiembre. Sólo una estrecha y verdadera cooperación,
y el fin de los dobles raseros que algunos países del Norte aplican
al tema del terrorismo, podrán acabar con este horrible flagelo.
Señor Presidente:
En apenas 7 años de Revolución Bolivariana, el pueblo venezolano
puede exhibir importantes conquistas sociales y económicas.
Un millón 406 mil venezolanos aprendieron a leer y a escribir en
año y medio, nosotros somos 25 millones aproximadamente y, en escasas
semanas el país, dentro de pocos días, podrá declararse
libre de analfabetismo, y tres millones de venezolanos antes excluidos
por causa de la pobreza, fueron incorporados a la educación primaria,
secundaria y universitaria.
Diecisiete millones de venezolanos y venezolanas –casi el 70% de
la población- reciben, por primera vez en la historia, asistencia
médica gratuita, incluidos los medicamentos y, en unos pocos años,
todos los venezolanos tendrán acceso gratuito a una atención
médica por excelencia.
Se suministran hoy más de 1 millón 700 mil toneladas de
alimentos a precios módicos a 12 millones de personas, casi la
mitad de los venezolanos, un millón de ellos lo reciben gratuitamente,
de manera transitoria. Estas medidas han generado un alto nivel de seguridad
alimentaria a los más necesitados.
Señor Presidente, se han creado más de 700 mil puestos de
trabajo, reduciéndose el desempleo en 9 puntos porcentuales, todo
esto en medio de agresiones internas y externas, que incluyeron un golpe
militar facturado en Washington, y un golpe petrolero facturado también
en Washington, pese a las conspiraciones, a las calumnias del poder mediático,
y la permanente amenaza del imperio y sus aliados, que hasta estimula
el magnicidio. El único país donde una persona se puede
dar el lujo de pedir el magnicidio de un Jefe de Estado, es Estados Unidos,
como ocurrió hace poco con un reverendo llamado, Patt Robertson
muy amigo de la Casa Blanca: pidió públicamente ante el
mundo mi asesinato y anda libre, ¡ese es un delito internacional!,
¡terrorismo internacional!
Pues bien, nosotros lucharemos por Venezuela, por la integración
latinoamericana y por el mundo.
Reafirmamos aquí en este salón nuestra infinita fe en el
hombre, hoy sediento de paz y de justicia para sobrevivir como especie.
Simón Bolívar, padre de nuestra Patria y guía de
nuestra Revolución, juró no dar descanso a su brazo, ni
reposo a su alma, hasta ver a la América libre. No demos nosotros
descanso a nuestros brazos, ni reposo a nuestras almas hasta salvar la
humanidad.
Señores, muchísimas gracias.
Nueva York. Jueves, 15 de septiembre de 2005
Discurso del presidente de Venezuela en la Sexagésima
Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas
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