Taller fusionado

a) Clase obrera, movimientos sociales y organización politica. relaciones de clase, etnia, genero y culturas originarias.
b) Problemática agraria. recursos naturales. pequeños y medianos propietarios. proletariado rural

La lucha por la tierra sigue siendo hoy la frontera entre las políticas claudicantes de entrega a las transnacionales o liberación nacional. Hoy la lucha por la tierra no pasa por la tenencia directa, sino por la resistencia a las forma de uso agotadoras del recurso que se aplican para tener insumos solo útiles al desarrollo criminal de la oligarquía del mundo”. Este comentario efectuado en el 1º Seminario realizado en Montevideo en Junio de 2005, refleja la urgencia por implementar en toda Latinoamérica y el Caribe una Reforma Agraria diseñada y construida desde una mirada socialista. Haciendo la salvedad que Cuba lo ha hecho en 1959 y el gobierno venezolano de Hugo Chávez lo está intentado desde hace algunos años, el resto de los países necesita dar un giro de 180 grados en sus políticas vinculadas al campo.
La problemática de la tenencia de la tierra, su posesión, el usufructo, el trabajo, la producción, la comercialización de los productos, la alimentación, los derechos indígenas sobre sus tierras, los minifundios, los efectos nocivos de los latifundios, la creciente extranjerización y la imperiosa necesidad de revertir este proceso, la colonización, la sostenibilidad del recurso utilizando los conocimientos que surgen de una nueva ciencia llamada agroecología, el derecho a la tierra que tiene cada familia que quisiera vivir en el campo y del campo. Son algunos de los elementos que tendrían que estar contenidos en una amplia y revolucionaria Reforma Agraria.
Mientras tanto, hasta que se puedan generar las condiciones apropiadas para producir ese cambio, nos podemos plantear objetivos a corto plazo que se puedan implementar en distintos ámbitos, por ejemplo, la creación de escuelas agroindustriales adecuando los planes de estudio a las necesidades de la sociedad, pensando en repoblar el interior, estimulando la diversidad, rescatando y explorando prácticas y costumbres originarias, capacitar a los maestros, los verdaderos ejecutores de este proceso; reconstruir el sistema cooperativo, investigar, conocer y difundir nuestro patrimonio en recursos naturales, enseñar el significado de soberanía alimentaria.
Cuando sostenemos que los países en desarrollo deberían mirar más al interior, no es solo una expresión de deseos. La mayoría de las familias que viven en los cascos urbanos provienen del interior, empujados por la perversidad del sistema. Como también provienen del ámbito rural las respuestas a los problemas más graves que castigan a las grandes mayorías de la sociedad: falta de trabajo, trabajo precario y la desnutrición, entre muchos otros. El capitalismo es urbanizador. A la vez que expulsa, concentra en las periferias de los grandes centros urbanos facilitando la manipulación ideológica y el control organizativo de los sectores populares.
Analizando la influencia de los movimientos sociales en los últimos años, tanto aquellos que desencadenaron la caída de presidentes (De la Rúa en Argentina, Sánchez de Lozada y Meza en Bolivia, Gutiérrez en Ecuador) como aquel que sirvió para restituir a uno que la CIA quiso voltear (Chávez en Venezuela), o aquellos menos trascendentes o discretos que se dan en toda Latinoamérica, con distintos impactos regionales vemos en casi todos un denominador común: la falta de unión de la clase obrera con el movimiento campesino. Lamentablemente sus dirigentes nos muestran que no están a la altura de las circunstancias, por su poca formación política, el acentuado sectarismo, el individualismo, la tendencia a tomar los conflictos como individuales perdiendo de vista el marco general de la situación social de nuestro continente, complicando todo aún más. Esto nos muestra que la formación de cuadros, tanto en la escuela como en cualquier espacio comunitario alternativo es una materia pendiente para poder sostener y encauzar las demandas sociales que cada vez observamos en mayor cantidad.
El capitalismo está atravesando una profunda crisis estructural que hace inviable la vida plena, solidaria y gratificante. Estados Unidos no escapa a esta situación y por ello desarrolla una geoestrategia dirigida a garantizar su dominio del planeta y el control de las riquezas mundiales, en especial las energéticas, las hídricas y la biodiversidad. Aún no se identifica al imperio con el capitalismo. Nos sentimos antiimperialistas pero no anticapitalistas. Es indispensable ayudar a desenmascarar al enemigo, mostrando todas sus facetas, reconociendo a cada uno de los protagonistas y sus colaboradores necesarios. La sociedad tiene que saber contra quien es la pelea. Es importante no perder de vista que este Estado responde a grandes intereses económicos.
Notamos que un déficit es la falta de un amplio espacio de información y difusión masiva; radial, televisiva y escrita que pueda ser articulado por todo el espectro revolucionario y progresista dando una posición claramente antiimperialista y por ende genéricamente anticapitalista. En esta línea creemos que no hay que subestimar la importancia del debate de ideas, la tolerancia y la búsqueda de consensos, utilizando un lenguaje claro y fácil de entender. No olvidemos que necesitamos el apoyo de la mayor parte de la sociedad.
No se podrá avanzar en la construcción del socialismo en América Latina en el Siglo XXI si la resistencias y luchas actuales de los trabajadores del campo y la ciudad, atadas débilmente o directamente desconectadas, no se unen táctica y estratégicamente para dar un salto a un estadio superior de efectividad en el nivel de enfrentamiento, aplicando una coordinación en las luchas antiimperialistas a nivel continental. Y para ello, la herramienta necesaria será la creación de una Internacional Demócrata Revolucionaria (IDR ).

AméricaXXI
Desde Venezuela para todo el continente