Carta del secretario general de Luz y Fuerza de Córdoba y de la CGT Regional Córdoba, Juan Leyria

Compañeras y compañeros:

Lamento no estar presente en este importante debate, obligaciones de carácter sindical y político en mi provincia de Córdoba me han hecho imposible asistir hoy a la apertura de este Seminario sobre el Socialismo en América Latina, al que gentilmente fui invitado. Pero no he querido dejar de enviar un mensaje a las compañeras y los compañeros que han venido de todas partes de nuestro país, y de los hermanos países de nuestra América Latina.
El pueblo argentino, el 20 de diciembre del 2001, enterró el modelo de dependencia y marginación social que entregó nuestros recursos naturales y nuestras empresas públicas, en Córdoba sufrimos en carne propia la aplicación de las políticas neoliberales a través de los distintos gobiernos que se empeñaron en aplicar el modelo privatista y de exclusión que hizo estragos en nuestro país. Este modelo, al que hemos enfrentado desde los años en que arreciaban las privatizaciones, proyecto que todavía hoy sufrimos y enfrentamos diariamente, pero que a esta fecha, en gran parte fue derrotado con la lucha de los trabajadores lucifuercistas y el apoyo de sociedad cordobesa. La misma lucha que dio por tierra el intento de rematar a capitales extranjeros, la Empresa Provincial de Energía de Córdoba, empresa fundamental en el desarrollo industrial de la provincia y que hoy, gracias a sus trabajadores vuelve a estar a la vanguardia del desarrollo en manos del Estado.
La crisis del 2001 fue la consecuencia de la inviabilidad del modelo económico y político del neoliberalismo, que provocó una destrucción inédita en el país. En este sentido, puede decirse que se derrumbó ese modelo. Pero mantiene no sólo muchas de las estructuras que creó, por ejemplo el grueso de las empresas estratégicas de servicios y de la energía en manos de multinacionales, sino que subsisten los factores de poder político que lo sustentaron. En este sentido, el modelo neoliberal no está muerto ni mucho menos. Ese pueblo ahora exige otro modelo de país y de Estado, exige un modelo que garantice el trabajo, el salario, la educación, la salud, en síntesis, la justicia social en un país libre y soberano.
El objetivo estratégico para el movimiento obrero debe ser hoy avanzar en el desmantelamiento de un modelo nefasto, que devastó al país en nombre de los supuestos beneficios de la globalización y lo puso de rodillas frente a los centros de poder mundial.
El movimiento obrero debe apuntar a obligar, con su movilización, con el ejercicio de todo el poder político institucional que pueda tener, a una nueva política de redistribución de la riqueza. Para ello, es fundamental hoy aumentar el salario, generar muchos más puestos de trabajo y mejorar la calidad de los actuales empleos, es decir erradicar el trabajo en negro y la precarización. La lucha por el empleo y el salario debe ser hoy la prioridad absoluta y el objetivo convocante para lograr la unidad de acción de todos los sectores del movimiento obrero.
Hoy, el gobierno nacional ha dado señales, a veces un poco confusas, de que apunta a otro modelo económico, social y político, a pesar de las contradicciones, de los retrocesos, inevitables, por una parte, y la extrema precariedad política de las fuerzas que expresan los intereses del pueblo argentino.
Frente a este incipiente cambio de rumbo, el gobierno sufre el embate de los factores de poder que pretenden la continuidad del viejo modelo y que conservan resortes claves en sus manos. Pero también enfrenta el ataque de algunos sectores “radicalizados”, que por su propia confusión o desorientación o por otras razones, terminan haciendo el juego a la derecha. Los primeros quieren hacer creer que apartarse del modelo neoliberal, nos llevará ineludiblemente al estancamiento y a otra crisis, porque no se puede pretender aislarse del mundo, al menos del mundo desarrollado. Los segundos, quieren todas las soluciones para ahora, sin distinguir lo deseable de lo posible, es decir, sin criterio político, y pretenden una ruptura con factores de poder mundial que la Argentina no está, objetivamente, en condiciones de hacer drásticamente, sin antes lograr el fortalecimiento de las relaciones con sus aliados sudamericanos como Venezuela y Brasil, aunque se avizora un paso adelante luego de Mar del Plata.
Justamente, para zafar de esta dialéctica, hay que construir poder nacional y popular enmarcado en el contexto de una unidad sudamericana, que hoy por hoy, es vital para cualquier aspiración soberana. Es en esta alternativa donde el movimiento obrero puede y debe jugar un rol clave. La acción de la clase obrera organizada debería apuntar a profundizar el rumbo insinuado después del 2001 y a contribuir a crear las condiciones que favorezcan la consolidación de lo que hoy está quizás apenas insinuado, pero en el buen rumbo.
Profundizar esto, significa recuperar el rol del Estado como factor insustituible para conducir la economía nacional y para redistribuir equitativamente la riqueza generada; significa reestatizar las empresas estratégicas privatizadas, como las de energía; significa desarrollar una política integral en materia de empleo y salario, que incremente los puestos de trabajo y mejore la calidad del empleo, eliminando el trabajo en negro e impulsando la mejora de los niveles salariales; significa reestructurar a fondo el sistema jubilatorio.
Son todas cuestiones que atañen directamente a los trabajadores y por ende de una CGT con un proyecto de liberación nacional. Naturalmente, apuntar a estos objetivos significa dejar definitivamente de lado las variantes del sindicalismo empresario, las variantes del sindicalismo acomodaticio, es decir, el que se limita, en el mejor de los casos, a morigerar las consecuencias del modelo neoliberal, cuando no es directamente cómplice de las patronales explotadoras. Pero fundamentalmente, significa también superar las limitaciones de una concepción puramente reivindicativa del sindicalismo, para retomar la idea del movimiento obrero como expresión política de los trabajadores, es decir del sindicalismo sustentado en una concepción política que levante las banderas de la liberación nacional y la justicia social.
Agustín Tosco, dirigente de nuestro sindicato, declarado marxista, y líder de las históricas jornadas del Cordobazo, nos decía que “la clase obrera es para nosotros un factor fundamental en el proceso de liberación nacional y social de los argentinos”. Y como todo proceso de liberación es esencialmente político, de ahí que debamos los trabajadores y sus representantes actuar en la lucha política general.
Para recuperar la concepción de la unidad en la acción que impulsó Tosco, será necesario, por cierto, resignar objetivos mezquinos de muchos dirigentes, que parecen más preocupados por cuidar sus propias quintitas que por avanzar hacia esos objetivos. Y también exigirá recuperar las organizaciones de los trabajadores de manos de dirigentes que fueron cómplices del modelo de entrega y de exclusión y que siguen estando muy lejos hoy de los verdaderos intereses de los trabajadores.
Hace poco tiempo se unificó la CGT a nivel nacional, también en Córdoba tuvimos un proceso similar. Pero no cualquier unidad es buena. La unidad sirve en la medida que contribuya a fortalecer un proyecto nacional de justicia social y de soberanía política, como históricamente lo sustentó el movimiento obrero argentino, en la medida que apunte al objetivo estratégico de recuperar para la central obrera la representación de la clase trabajadora, no sólo en lo gremial, sino también en el orden político. Porque los trabajadores, como ciudadanos, se expresan a través de los partidos políticos; pero como trabajadores, participan de la vida política a través de sus organizaciones. Es esto lo que se perdió en los últimos años, la CGT dejó de ser el Parlamento de los trabajadores y su organización de máxima representación política.
Por eso compañeras y compañeros, los trabajadores tenemos que volver a debatir estas cuestiones. No podemos limitarnos a pelear por morigerar los efectos destructivos del modelo neoliberal. Desde el movimiento obrero, tenemos que proponer y sostener un proyecto estratégico nacional. Los trabajadores organizados no podemos estar al margen de esta tarea. Porque no habrá justicia social ni soberanía nacional sin un movimiento obrero fuerte y protagónico. Y los trabajadores somos los únicos que podemos garantizar, más allá de las legítimas diferencias políticas y hasta ideológicas que podamos tener, que la Argentina retome el proyecto popular de liberación. Todos tenemos aquí un mismo objetivo, que es sacar a nuestra Patria adelante, pero solo hablo de la Argentina, sino también de la otra, la Patria Grande, la de San Martín, Bolívar, el Che, Artigas, Martí, y otros tantos que creyeron en ella. Lo único que falta es esa conciencia que tenían los dirigentes y militantes de aquella época de los 60 y 70, la conciencia de clase que les permitía que la unidad fuese mucho más fácil para defender los intereses de la clase trabajadora y el pueblo, vuelva a hacer pie en los nuevos militantes y dirigentes de nuestro país. Esa clase trabajadora y ese estudiantado que hablaban en los programas de Huerta Grande y La Falda de la nacionalización de la banca, de los monopolios del Estado, deben volver revitalizados en nuestra juventud. Nosotros seguimos sosteniendo que la energía, el petróleo, el gas, deben ser monopolios del Estado, porque es el único capaz de planificar y tener estrategias con sentido social.
Por eso propongo que este movimiento político que va surgiendo de dirigentes, activistas y militantes gremiales, de sectores barriales, organizaciones sociales, políticas y culturales, de derechos humanos y profesionales, debe construir su poder político desde su capacidad de acumular poder social, es decir, de ser auténticamente representativo de la voluntad y las aspiraciones de esos sectores y promover su organización y movilización.
Así, ante las tareas que quedan por realizar y frente al intento de la derecha de reagruparse para defender viejos privilegios, convocamos a todas las organizaciones sociales, políticas y gremiales del campo popular a construir juntos las fuerzas necesarias para disputar el Estado para la liberación nacional y social.
Es hora de poner en primer plano la lucha por saldar la deuda interna y para ello debe avanzarse en:
—Recuperar el rol del Estado en el control de los resortes principales, como energía, petróleo, educación, salud, seguridad social, privatizadas en la última década neoliberal, de modo de ganar en independencia de gobierno y poder definir un proyecto viable de país.
—Avanzar hacia una justa redistribución de la riqueza, con pleno empleo y salarios dignos que nos permitan recuperar la dignidad del trabajo.
— Profundizar la democracia, para terminar con los restos de las dictaduras y el liberalismo y garantizar la participación de todos los argentinos en la construcción de un nuevo país, libre, soberano y solidario en unidad con los pueblos de Latinoamérica.
Tenemos que eliminar definitivamente las rémoras del neoliberalismo y marchar decididamente con otro modelo, con otro rumbo, acorde a los nuevos vientos de liberación que están soplando cada vez más fuerte en la Argentina y en América Latina; esos vientos que ya soplaron una vez en Córdoba con Agustín Tosco, nuevamente lo han hecho en Mar del Plata donde se defendió la dignidad Argentina y Latinoamericana, frente al imperialismo invasor y prepotente que encarna los Estados Unidos.
Compañeros: Agustín Tosco nos decía con respecto al rol de los trabajadores y de los sindicatos frente al estado que, “...queremos una planificación económica dispuesta y aplicada por el pueblo, queremos recuperar el patrimonio nacional enajenado por el imperialismo. Queremos que nuestras riquezas naturales, la tierra, el transporte, las comunicaciones, la energía, los bancos y el comercio exterior, vuelvan a nuestro poder, al poder del pueblo. Queremos que en lugar de villas miserias haya viviendas sanas cómodas y suficientes para todos los argentinos. Para llegar allí hay un solo camino, la lucha, la acción política en todos los terrenos, para la liberación nacional y social de la patria argentina y latinoamericana”.

Compañeros: desde Córdoba, la lucha continúa. Muchas gracias.

Córdoba, 18 de noviembre de 2005

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