Fuerzas Armadas

En el camino hacia la construcción de una auténtica América Latina y el Caribe unidos, es indispensable partir del ejemplo de nuestra historia. Las FFAA, que inicialmente tuvieron características estrictamente populares luchando por la independencia de nuestros pueblos contra España, fueron progresivamente desmanteladas por la oligarquía, quien organizó su propio ejército acorde a sus intereses desactivando el proyecto de la Primera Patria Grande. Así, se fueron convirtiendo en elementos armados al servicio de las clases dominantes en cada país para sostener e imponer al pueblo un modelo social y económico de dependencia respecto al imperio de turno (Gran Bretaña primero, Estados Unidos después).
En esas circunstancias, fueron también el órgano ejecutor de las penosas guerras entre hermanos (Triple Alianza contra Paraguay, Chile contra Perú, Paraguay contra Bolivia, entre otras)
Desde fines de la segunda guerra mundial Estados Unidos fue organizando lo que resultó, en definitiva, el Sistema Interamericano de Defensa (SIAD), logrado a través de la creación de organismos ejecutivos, a saber: Junta Interamericana de Defensa (JID-1942), Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR-1947), Organización de Estados Americanos (OEA- 1948), Ley de Ayuda Mutua (1950), base de los Programas de Ayuda Militar (PAM), adopción del Reglamento Francés de Guerra Contrarrevolucionaria (fines de los 50) y Primera Reunión de Comandantes en Jefe (1960).
Todo eso se condensó en la Doctrina de Seguridad Nacional.
Disuelto el bloque oriental para ellos careció de sentido considerar al movimiento comunista como enemigo, por lo que se reúnen en Williamsburgh en 1994 los ministros de defensa, quienes establecen como nuevo enemigo al narcotráfico, el terrorismo internacional y, más recientemente, a los gobiernos populistas, mientras mantienen vigentes todos los organismos militares que dieron vida a la doctrina de seguridad nacional y creando el Consejo de Defensa Hemisférica. Este último nace con el objetivo de defender tres factores claves en la política imperial: Democracia Representativa (democracias condicionadas), Libre Comercio (ALCA) y Acciones Militares Conjuntas. A partir de entonces la misión de las FFAA latinoamericanas quedó redefinida en tres funciones, todas ellas de represión: a) contra la propia población en caso que los estallidos sociales superen la capacidad represiva de las policías; b) contra los campesinos que se niegan a seguir viviendo en la miseria (acción que denominan lucha contra el narcotráfico) y c) contra países del tercer mundo que no acepten el nuevo orden mundial bajo el pomposo nombre de Misiones de Paz de Naciones Unidas.
Ejemplo paradigmático de ello es la intervención militar en Haití, vergonzosamente basada en los envíos de tropas Argentina, Brasil, Uruguay y Chile. Esta debe cesar de inmediato como tal para convertirse en una misión de reconstrucción y desarrollo. Haití no necesita represores que mantengan el statu quo y mucho menos de países hermanos latinoamericanos.
Reclamamos a nuestros gobiernos un cambio inmediato respecto a esta doctrina militar, abandonando y desmantelando todos estos organismos para crear una Auténtico Sistema Latinoamericano de Defensa que debe basarse fundamentalmente en volver a las fuentes que dieron origen a los ejércitos anticolonialistas, es decir, al protagonismo del pueblo. Así pues, la única solución que nos queda en la defensa de nuestros países de una invasión extranjera es El Pueblo en Armas, con toda la población capacitada para la defensa de sus lugares de trabajo y de residencia, cualquiera sea su sexo, edad, profesión, etc.
Serán respetados los objetores de conciencia que se nieguen al uso de armas, quienes deberán cumplir tareas civiles afines a la defensa nacional.
Hasta tanto ello ocurra las FFAA deben irse reestructurando hacia una única fuerza con tres ramas (Tierra, Aire y Mar), destinando la infraestructura que resulte ociosa a fines sociales, productivos, de educación, etc.
Como ciudadanos latinoamericanos hacemos un llamamiento a quienes eligieron la carrera de las armas para que prioricen siempre su condición de ciudadanos sobre su estado militar. En ese sentido, militares y civiles debemos estar juntos en la defensa del Pueblo latinoamericano, su soberanía, dignidad y disposición de recursos naturales (agua, fuentes de energía, biodiversidad), botín imprescindible de la codicia imperial en el presente y futuro inmediatos, favoreciendo una verdadera integración sobre la base del respeto a la Autodeterminación de los Pueblos.

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