 |

Crónica
analítica de un acontecimiento histórico
Monterrey: América Latina y el
Caribe resisten a Estados Unidos
Por Luis Bilbao

INTRODUCCIÓN
En estos encuentros presidenciales que han dado en llamarse “cumbres”aparece
a las claras la confrontación interimperialista. La Unión
Europea tomó la delantera, en 1990, con la seguidilla anual de
Cumbres Iberoamericanas. Cuatro años después Estados Unidos
replicó con la Cumbre de las Américas, a un ritmo cuatrianial.
Punto de inicio y frecuencia de estos fastos traducen relaciones de fuerzas
políticas en la región entre ambos imperialismos en la coyuntura
histórica. Pero indican ante todo la disputa de América
Latina como mercado y base de sustentación geoestratégica.
La sobreproducción de mercancías acompañada de disminución
relativa de la demanda global reclama sin tregua nuevos mercados. La confrontación
por los mercados deriva inexorablemente en lucha franca y requiere control
político-militar de territorios.
Tras la caída de la Unión Soviética y la desarticulación
del Movimiento de Países No Alineados, durante más de una
década y media el escenario internacional fue ocupado casi exclusivamente
por aquella disputa interimperialista. Las burguesías locales de
los países semicoloniales se redujeron a la condición de
mercachifles, obnubilados por espejismos de buenos negocios de cortísimo
aliento. Los trabajadores y las masas desposeídas, por su parte,
sin voz propia, sin conciencia y organización, quedaron fuera del
acontecer político.
La imposición de políticas que favorecerían el flujo
de enormes masas de dinero a la búsqueda de altas tasas de interés
fue el único fundamento económico de la ilusión de
estabilidad. Era una manifestación de la crisis provocada por la
caída de la tasa de ganancia en las economías imperialistas,
pero fue presentada como lo inverso: expresión de su infinito poderío.
Duraría poco: durante el último tramo de 1991 y todo 1992
América Latina recibió 166 mil millones de dólares.
Es el dinero que flota en el mundo a la búsqueda desaforada de
altas tasas de ganancias y que en ese período se movió de
Norte a Sur. Con esos 166 mil millones se contrapesó un déficit
global de la cuenta corriente en la región por 98 mil millones
de dólares. Los principales receptores de ese flujo de capitales
fueron México, 75 mil millones, Argentina, 29.300, Brasil, 19.500
y Chile 7.700. Ya en 1993 hubo una caída abrupta a 70 mil millones
en total (México 29.500, Argentina 15.000, con los cuales estos
países sostuvieron déficits de cuenta corriente de 23.500
y 7.500 millones respectivamente). En 1994 la tendencia cambió
drásticamente: el flujo total se redujo a 47 mil millones de dólares.
México recibió 10.500 para un déficit de 36.600 millones
y Argentina 10.200 para un déficit de 11.200.
Vendría así el colapso mexicano y la caída vertical
de Argentina, mientras se asistiría en el sudeste asiático
al fin del espejismo de los supuestos “tigres asiáticos”
y como expresión de conjunto, el derrumbe bursátil en Wall
Street en 1997.
Con ese cambio avanzó hacia el escenario, como actor de reparto,
un conjunto creciente de sectores burgueses de los países al Sur
del Río Bravo. Sin embargo, éste no haría su aparición
hasta que en 1999 irrumpió la Revolución Boliviariana.
Si en el plano interno el presidente Hugo Chávez asestó
un golpe decisivo al sistema político corrompido y moribundo, a
escala internacional su ofensiva no fue menos contundente: la reorganización
de la Organización de Países Exportadores de Petróleo
(OPEP) y la línea de acción regional que pronto plasmaría
en una convergencia de hecho con el entonces presidente brasileño
Fernando Henrique Cardoso.
Consciente de lo que estaba en juego, el Departamento de Estado centró
su fuego en el gobierno de Venezuela, apoyándose en una oposición
interna debilitada al extremo (“escuálidos” los llamaría
Chávez) y en su influencia sobre los medios de difusión
de masas en todo el hemisferio.
Todos los intentos fallaron. Por el contrario, a fines de 2003 ganó
en Brasil el Partido de los Trabajadores (PT), llevando a la presidencia
a Luiz Inácio Lula da Silva, con lo cual se abrió objetivamente
el espacio para que el eje Caracas-Brasilia se ampliase y fortaleciese.
En este punto Estados Unidos había sufrido una sucesión
de derrotas políticas sin precedentes. Había perdido la
iniciativa y fallado hasta la humillación en sucesivos esfuerzos
por retomarla.
Luego la debacle argentina tendría una deriva para muchos inesperada;
algo similar ocurriría con Paraguay; caería el gobierno
títere en Bolivia; se fortalecería la perspectiva de una
victoria del Frente Amplio en Uruguay y se debilitarían al límite
de la sobrevivencia los gobiernos de Perú, Ecuador y Colombia,
mientras se perfilan triunfos electorales de fuerzas antimperialistas
en El Salvador, Panamá e incluso Nicaragua.
Es con este telón de fondo que el timorato actor de reparto dio
un paso, subió al escenario y, arrastrado por fuerzas que no controla
y escasamente entiende, quedó en el foco de la atención
internacional. Eso ocurrió en Monterrey.
Una investigación concienzuda revelará un dato clave: el
papel de Hugo Chávez en este salto al centro del tablado por parte
de un número de presidentes que, a estas horas, se pregunta cómo
fue llevado allí y en algún caso retrocede a zancadas. Pero
no es ése el objetivo de estas páginas. Este es un informe
preliminar y crónica inmediata de la Cumbre de Monterrey y del
inesperado colofón, en una Sesión Complementaria, cuando
Chávez viajó a la Habana y se reunió con Fidel Castro,
el único presidente excluído de estos encuentros promovidos
por Washington.
El hecho es que ahora ya toma cuerpo un cuadro de situación diferente
a escala internacional. Las burguesías succionadas por el imperialismo,
de buen o mal grado, entraron a la lid. Y los obreros, los campesinos,
los pueblos originarios y las masas marginalizadas por la crisis capitalista
terciaron en la confrontación, siquiera de manera indirecta y esquinada
a través de Lula y, sobre todo, de Hugo Chávez.
He aquí los episodios que resumen ese cambio cualitativo de la
confrontación intercapitalista y la lucha social.
Caracas, 18 de enero de 2004
REUNIÓN EXTRAORDINARIA DE LA CUMBRE DE LAS AMÉRICAS
Bush a la carga en Monterrey
Inopinadamente en Washington resolvieron que era necesario realizar una
reunión fuera de agenda de los 34 países americanos (todos
menos Cuba) que integran la denominada “Cumbre de las Américas”.
Los motivos de la urgencia llevan inquietud a las cancillerías
del hemisferio: se teme una intervención militar en Colombia y
las reacciones frente a Bolivia.
Faltaban indicios precisos para explicar la premura de la Casa Blanca
por congregar a los 34 presidentes admitidos en la Cumbre de las Américas,
el 12 y 13 de enero, en la ciudad mexicana de Monterrey. Pero una escalada
en los últimos días permite adelantar conclusiones: el presidente
estadounidense George Bush llega a Monterrey con el objetivo de contrarrestar
el conjunto de medidas que desde el terreno económico y político,
chocan con la creación de un Area de Libre Comercio de las Américas
(ALCA) y, por el contrario, delínean un futuro mercado Sur-Sur
y avanzan hacia la constitución de alguna forma estable de institucionalidad
política común a escala suramericana.
La cuarta reunión ordinaria de la Cumbre de las Américas
debía realizarse en 2005 en Buenos Aires; pero Washington forzó
un abrupto cambio de fecha y lugar, rompiendo la regularidad de estas
reuniones: 1994 en Miami, 1998 en Santiago de Chile, 2001 en Quebec. A
estar por los documentos oficiales del Departamento de Estado estadounidense,
nada justifica el adelanto de la fecha. En un seminario realizado el 15
de diciembre último en el Departamento de Estado, John Maisto,
representante permanente de la Casa Blanca ante la Organización
de Estados Americanos (OEA), dijo que el objetivo es “enfocar la
atención en los temas del crecimiento económico, el desarrollo
social y la gobernabilidad democrática en el Hemisferio Occidental”
(1).
Funcionarios consultados en la Casa Rosada se mostraban perplejos, hasta
el lunes 5, y evitaban toda conjetura a partir de una serie de señales
inconexas dadas en las últimas semanas por figuras clave de la
política estadounidense para América Latina. Sin embargo
el martes 6, en Buenos Aires, aquella suma de datos cobró coherencia
y significado cuando dos horas después de una reunión del
Canciller argentino Rafael Bielsa con el embajador estadounidense Lino
Gutiérrez (de origen cubano y de la comunidad miamense), el secretario
adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental del gobierno estadounidense,
Roger Noriega , acusó al gobierno argentino casi como un émulo
subversivo de Fidel Castro: «He notado que la política argentina
parece haber hecho un giro hacia la izquierda. Y es desconcertante porque
Argentina es un país importante que debería estar con nosotros
en la promoción de los derechos humanos y la democracia -señaló-.
Cuando el canciller Bielsa (Rafael) viajó a La Habana y no se reunió
con ninguno de los disidentes eso envió una muy mala señal
para la política exterior argentina» (2)
.
No era un rayo en cielo sereno. Dos días antes el Nuevo Herald
de Miami había reproducido declaraciones del portavoz del Departamento
de Estado, Adam Ereli, en las cuales se da otra puntada al entramado presumiblemente
tejido con vistas a Monterrey: “Destacaría que el régimen
de Castro, como es bien sabido, tiene una larga historia de intentar socavar
los gobiernos democráticos a través de la región.
Y por esa razón los estrechos lazos entre el gobierno de Venezuela
y el gobierno de Cuba plantean preocupaciones entre los socios democráticos
de Venezuela” (3).
A través de la agencia de noticias Associated Press, funcionarios
no identificados del gobierno estadounidense agregaron que la caída
del presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada, sería
responsabilidad del dirigente campesino Evo Morales... financiado por
el presidente venezolano Hugo Chávez. Como se sabe, en su visita
a Santa Cruz de la Sierra con motivo de la cumbre iberoamericana, en noviembre
pasado (4), el presidente argentino Néstor
Kirchner tuvo un encuentro privado con Morales. Noriega, por su parte,
en diversas intervenciones públicas machacó la idea de que
“Castro, en sus días finales, parece tener la nostalgia de
desestabilizar gobierno electos”. La deliberada amalgama es tan
evidente como inconsistente.
NERVIOSISMO E INCOMPETENCIA
No es el modo en que se mueve una diplomacia segura del terreno sobre
el que está parada y de la estrategia que articula. Por el contrario,
este tipo de operaciones expone una marcada alteración en el ánimo
de los hombres del presidente. Sea por la aceleración de los tiempos
hacia la creación de una instancia de unidad política suramericana,
sea por el temor a una derrota electoral de Bush en las elecciones de
octubre próximo, el hecho es que el círculo íntimo
de Bush agudiza sus aristas de incompetencia diplomática al trasladar
lenguaje y métodos de un lobby anticubano de Miami a la estrategia
hemisférica de Estados Unidos. De esta manera multiplica enemigos
y exacerba contradicciones de por sí difíciles de resolver.
Gutierrez se reunió con Bielsa el martes 6 a las 16 hs. Noriega
descargó su andanada a las 18. ¿Qué exigió
el embajador estadounidense al preparar la reunión entre Bush y
Kirchner para el martes 13, que la cancillería argentina no podía
aceptar?
Una hipótesis que se baraja en círculos diplomáticos
alude a la intención de anunciar en Monterrey una fuerza militar
conjunta interamericana –obviamente bajo mando de Washington- para
intervenir en Colombia. Otra, supone la exigencia de un giro en la política
supuestamente ya acordada entre Luiz Inacio Lula da Silva, Eduardo Duhalde
y Néstor Kirchner, destinada a concretar en tiempo perentorio una
unión política suramericana, que prevé “una
reunión extraordinaria de presidentes, a mediados de 2004, para
formalizar la creación del espacio de integración regional”
(5). Una tercera conjetura transmitida por
altas fuentes diplomáticas refiere a los temores de Washington
por la posible evolución de la situación en Bolivia: informes
respecto de la existencia de una fracción militar que apoyaría
a los movimientos indígenas impulsa a Bush a adelantarse proponiendo,
también allí una “fuerza interamericana de paz”.
En rigor, una hipótesis no invalida la otra: una fuerza militar
conjunta comandada por Washington que ocupe Colombia e irradie el hecho
hacia toda la región (lo mismo vale para Bolivia), es precisamente
el único freno a la vista para impedir la dinámica centrípeta
que, con eje en Brasilia y Caracas, opera hoy sobre el subcontinente.
La participación o no de Buenos Aires en ese movimiento de alcances
históricos puede volcar a uno u otro lado el fiel de la balanza.
Texto tomado de Informe Dipló; Le Monde
diplomatique Edición Cono Sur; enero de 2004.
1.- Programa de Información Internacional, Servicio noticioso desde
Washington. Departamento de Estados de Estados Unidos, 16-12-03.
2.- Alberto Armendáriz; “Denuncia EE.UU un ‘giro a
la izquierda’ de la Argentina”; La Nación, Buenos Aires,
7-01-04.
3.- AP; Washington, 5-01-04. Citado en Asamblea Popular Revolucionaria,
www.aporrea.org, 6-01-04
4.- Ver Informe Dipló diciembre 2003 y “Suramérica
tercia en la guerra comercial”, Le Monde diplomatique edición
Cono Sur; enero 2004.
5.- Walter Curia, “Duhalde propondrá a Kirchner crear una
comunidad sudamericana de naciones”; Clarín, Buenos Aires,
28-12-03.
Fiasco estadounidense en Monterrey
(Monterrey, 13 de Enero de 2004). Una hora después
de clausurada la Cumbre Extraordinaria de las Américas, está
claro que el objetivo central por el cual el gobierno de Estados Unidos
adelantó el encuentro, estuvo lejos de lo buscado. Con las excepciones
habituales en los últimos tiempos, Suramérica no se alineó
tras de Washington, el comienzo del ALCA no fue ratificado, resultaron
infructuosas las múltiples presiones para mantener callado al presidente
venezolano Hugo Chávez y, para colmo, en su discurso de clausura
el presidente argentino Néstor Kirchner hizo una cruda denuncia
apuntada a los propios funcionarios de Bush que lo atacaron en la última
semana y al FMI, cuyo titular figuró, incomprensiblemente, entre
los oradores que inauguraron la cumbre. Eludiendo sutilezas, Kirchner
hizo público desde este foro internacional que: (los gobiernos
del área) “sufrimos presiones sin comprensión, indefiniciones
y demoras de organismos internacionales que parecen no entender la necesidad
de crecer para resolver el problema de la deuda en forma eficaz”.
Aunque en su intervención Kirchner pidió a George W. Bush
“un Plan Marshall para América Latina”, su denuncia
contra los organismos internacionales, la ratificación del compromiso
argentino para que Bolivia obtenga una salida al mar, así como
la afirmación de que mantiene un diálogo permanente con
Chávez y con el presidente brasileño Luiz Inácio
Lula da Silva, implica un acto de clausura de la Cumbre exactamente inverso
al buscado por el Departamento de Estado estadounidense con la aparatosa
reunión fuera de agenda de los 34 presidentes (todos los del hemisferio,
excepto Fidel Castro).
Maestros de la manipulación mediática, los estrategas del
Departamento de Estado no previeron que al poner el foco sobre una reunión
de tal magnitud ineludiblemente las miradas del mundo se posarían
en las dos posiciones polares: el monótono discurso amenazante
de Bush y la neta alternativa delineada por Chávez, estrella del
encuentro ante la ostensible desesperación de los máximos
funcionarios estadounidenses.
Nada ahorró ayer Bush en su intervención de apertura: insistió
en la necesidad de derrocar al gobierno cubano, machacó sobre el
ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas), comparó la
situación política venezolana con las de Bolivia y Haití
y al salir de su encuentro con el anfitrión, Vicente Fox, colocó
en una situación imposible al gobierno mexicano: “el presidente
Fox y yo (...) vamos a trabajar con la Organización de Estados
Americanos (OEA) para asegurar la integridad del proceso de referéndum
presidencial que se está llevando a cabo en Venezuela», dijo
ante el gesto estupefacto de Fox.
La mayoría de las comitivas diplomáticas de los 34 países
reunidos manifestó en reuniones privadas el profundo desagrado
causado por la prepotencia sin mesura de un presidente que sólo
brilla por el cargo que inviste. Otro tanto ocurrió con la casi
totalidad de los centenares de periodistas acreditados. Pero el disgusto
mayor se percibe en los medios mexicanos: utilizar este país -históricamente
identificado con la defensa de la soberanía- para intervenir en
la problemática interna de Venezuela, es una decisión cuyas
consecuencias en la política mexicana no tardará en comprobarse.
Mientras tanto, Hugo Chávez apareció con toda nitidez como
la figura representativa de un creciente malestar en todo el hemisferio.
Mediante múltiples presiones, se intentó que el presidente
venezolano morigerara su tono respecto de los temas más conflictivos
en la región. El objetivo, se dijo desde algunas cancillerías,
es evitar que el gobierno estadounidense continúe sufriendo reveses
sonoros, como los de la conferencia de la OMC (Organización Mundial
del Comercio) en Cancún, en septiembre pasado, y en la reunión
de cancilleres del ALCA en Miami, apenas una semana después. “No
hay que azuzar al león”, se escuchó en algunos corrillos;
“para avanzar es necesario evitar a cualquier precio la ira del
Departamento de Estado”.
No fue el criterio de Chávez. Desde que descendió de su
avión ayer lunes a las 9 de la mañana, comenzó a
trazar una posición alternativa que como punto de partida tomó
la oposición al ALCA, subrayando que ese proyecto está muerto:
“están usando al ALCA como al Cid Campeador” dijo,
aludiendo al hecho de utilizar un cadáver para librar una batalla.
Inmediatamente, en improvisada conferencia de prensa, reiteró antes
de su reunión con Kirchner su deseo de “bañarse en
el mar de Bolivia”. Y en la primera sesión de trabajo, luego
del discurso de apertura en el que Bush atacó a Cuba y manifestó
su intención de intervenir en Venezuela, Chávez hizo una
defensa de la ayuda cubana a Venezuela y los avances que esto permitió
en su país en materia social, sanitaria y educativa: “este
es el país cuyo gobierno se pretende derrocar”, dijo.
En la segunda sesión de trabajo instó a que los presidentes
presentes “reconozcamos la gravedad social de nuestros pueblos,
por lo que debemos declarar una emergencia social en el continente”.
Insistió en que así como se acordó una carta política,
deber aprobarse una “carta social”. Repitió también
su propuesta de crear un Fondo Humanitario Internacional”, tomando
dinero de una reducción de los gastos militares, imposiciones sobre
las transacciones financieras, reducción de pagos de la deuda externa,
etc. En cada oportunidad insistió en que la pregunta “¿cómo
revertir los mecanismos de la desigualdad? sólo puede responderse
con un cambio del modelo neoliberal”.
En la segunda sesión de trabajo instó a que los presidentes
presentes “reconozcamos la gravedad social de nuestros pueblos,
por lo que debemos declarar una emergencia social en el continente”.
Insistió en que así como se acordó una carta política,
deber aprobarse una “carta social”. Repitió también
su propuesta de crear un Fondo Humanitario Internacional”, tomando
dinero de una reducción de los gastos militares, imposiciones sobre
las transacciones financieras, reducción de pagos de la deuda externa,
etc. En cada oportunidad insistió en que la pregunta “¿cómo
revertir los mecanismos de la desigualdad? sólo puede responderse
con un cambio del modelo neoliberal”.
Trascendió también que Chávez y sus pares de Brasil,
Argentina y Paraguay avanzaron efectivamente en la incorporación
de Venezula al Mercosur, perspectiva a la cual se opone frontalmente Estados
Unidos, porque ve en ella mucho más que el fracaso del ALCA. Por
dificultoso que sea el período hasta la próxima reunión
Cumbre, en Buenos Aires el año próximo, está claro
que con este encuentro extraordinario el Departamento de Estado no logró
retomar efectivamente la iniciativa política a escala suramericana
ni imponer, como lo hacía hasta muy poco tiempo atrás, el
alineamiento automático de los países de la región.
Bush vino a la carga a Monterrey. Y sale chamuscado.
La otra cumbre
(La Habana; 15 de enero de 2004). A menudo un gesto vale más
que mil palabras. Y aunque no faltaron palabras del presidente venezolano
Hugo Chávez en la Cumbre de las Américas realizada en Monterrey,
su decisión de salir de México con rumbo a La Habana en
las últimas horas del martes 13 tuvo el peso de los símbolos
que trascienden toda otra forma de expresión.
Seis horas antes de que en la madrugada de hoy Fidel Castro recibiera
en el aeropuerto José Martí a Chávez y su comitiva,
éste había echado a rodar algo que, con mucha probabilidad,
podría convertirse en una bola de nieve rodando desde la cumbre
al abismo al que han sido condenadas las mayorías en América
Latina y el Caribe: “¿por qué se ha excluído
a Cuba de estas reuniones? si hablamos de democracia ¿por qué
no convocamos a nuestros pueblos a un referéndum para saber si
quieren o no que Cuba esté aquí?; en Africa, cuando en una
oportunidad se quiso reunir desde Europa a todo el continente pero excluyendo
a Zimbabwe, un grupo de países dijo: ‘si no invitan a Mugabe,
no vamos nosotros’; ¿por qué no podemos hacer lo mismo
nosotros?”, dijo Chávez en una conferencia de prensa posterior
a la clausura de la cumbre.
Antes, el presidente venezolano había tomado la palabra en la primera
sesión de trabajo de la Cumbre frente a los 33 mandatarios del
hemisferio, para decir que en Cuba había adelantos sociales extraordinarios
y que gracias a la ayuda de este país Venezuela había alcanzado,
en el último año, conquistas sobresalientes en materia de
salud y educación. George W Bush dio un respingo, puso su expresión
habitual, pero no reaccionó.
Si aquello era mucho más de lo que jamás se había
visto en las tres reuniones previas, nadie hubiese imaginado que la acción
se uniera a la palabra y Chávez fuera a completar la Cumbre de
las Américas visitando a Fidel Castro. Pero eso fue exactamente
lo que ocurrió: a las 2 de la madrugada de ayer, miércoles
14, mientras el canciller cubano Felipe Pérez Roque intercambiaba
opiniones sobre la reunión de Monterrey y la situación internacional
con la comitiva venezolana, los presidentes de Cuba y Venezuela iniciaron
una conversación que terminaría cuando el sol anunciaba
un día luminoso en La Habana.
En esta Sesión Complementaria de la Cumbre Extraordinaria, el tema
fue precisamente la novedad que estalló en Monterrey: en Suramérica
hay ya un bloque de oposición a la prepotente voracidad estadounidense.
Con centro objetivo en Brasil -la mayor economía de la región
y más que ninguna amenazada por la exigencia de Washington de crear
un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA); con motor en
Venezuela y ahora con el ingreso de Argentina, una pieza por la cual el
Departamento de Estado estuvo dispuesto a arriesgar más de lo que
la más elemental lucidez diplomática aconseja; con el aporte
de Paraguay y de la mayoría de los países de la Comunidad
Caribeña (Caricom), se conformó espontáneamente una
fuerza que, para sorpresa de muchos, superó las brutales presiones
y amenazas de la Casa Blanca y produjo otro revés de proporciones
al gigante imperial.
Esta fuerza regional expresada por gobiernos de diferente signo existe
desde hace más de cuatro años. Ha producido en ese período
un cambio nítido en el cuadro de situación hemisférico
y su logro más importante es haber impedido a Estados Unidos la
consumación del ALCA. Pero por primera vez actúa exitosamente
en un escenario concreto y visible para todo el mundo. No podría
ser más heterogéneo y quien apostara sin más a su
cohesión y consolidación llevaría antes de no mucho
tiempo la misma desmentida que reciben ahora aquellas voces -a uno y otro
lado del espectro ideológico- que con terquedad digna de mejor
causa negaron su existencia.
INICIATIVA POLÍTICA
Como quiera que sea, el hecho está ahora como dato fundamental
para interpretar el complejísimo panorama que dominará el
continente –e impactará con fuerza sobre el conjunto de relaciones
internacionales- durante todo un período. La visibilidad del fenómeno
se produce porque por primera vez, tras haberle arrebatado a la Casa Blanca
la iniciativa política hemisférica con la reunión
de presidentes suramericanos en Brasilia, a mediados de 2000, ahora en
Monterrey Washington sufre los efectos encadenados de una dinámica
cuyo control ha perdido. Para comprobar esta afirmación basta ver
los temas centrales que se imponen en la agenda de la política
hemisférica y en las propias cumbres que se suceden con diferentes
nombres y contenidos. ¿Alguien recuerda hoy el fantasma al que
los técnicos del Departamento de Estado bautizaron como “narcoguerrilla”,
para ocultar tras la amalgama el propósito en marcha de ingresar
militarmente a la región mediante el Plan Colombia? Al menos no
lo recuerdan quienes lo impusieron histéricamente desde la prensa
comercial durante años. Ahora los temas son... ¡el combate
a la exclusión y la mediterraneidad de Bolivia!
Más aún: la declaración de Monterrey incluye una
mención a la “democracia participativa”. Sólo
quien conozca los debates ocurridos en la Cumbre de Quebec, en 2001, hasta
que se concluyó negando la inclusión de esa frase exigida
por la delegación venezolana, podrá medir con aproximación
la magnitud y el sentido del tramo recorrido.
Fue la insurrección de Bolivia que depuso al gobierno elegido un
año antes la que ofreció la oportunidad de pasar a la ofensiva
política a gran escala. Lo hizo Chávez cuando en la Cumbre
Iberoamericana, realizada en Santa Cruz de la Sierra a mediados del año
pasado, lanzó la línea estratégica mediante una expresión
de apariencia inofensiva: “me dará mucho gusto tomar un baño
en las playas del mar de Bolivia”.
En estas reuniones presidenciales, aunque incómodo es relativamente
sencillo hablar del combate a la exclusión social: no se trata
de incluir masas desposeídas, marginalizadas y explotadas, sino
un párrafo más en el documento final. ¿Pero qué
hacer cuando se impone algo tan sencillo como devolver el territorio arrebatado
a un país por la fuerza, que además está no sólo
en la memoria histórica de Bolivia sino en la candente coyuntura
política, a causa de la necesidad de una vía directa y propia
para exportar al mundo el gas excedente con el cual podría financiar
un proyecto de desarrollo económico y reivindicación social?
El presidente chileno Ricardo Lagos perdió el control hasta de
su propia conducta en la última sesión de trabajo en Monterrey
y transformó el punto en una línea divisoria cuyas derivaciones
sorprenderán a partir de ahora. “Chile no tiene cuestiones
pendientes con Bolivia”, dijo con la sangre encendiéndole
el rostro. Chávez calló en el momento y comentó luego,
en la conferencia de prensa aludida, que le había costado un gran
esfuerzo hacerlo. Pero ante un medio centenar de periodistas de todo el
mundo dijo: “Qué vergüenza. Lagos... socialista, negando
lo que todo el mundo sabe y que hasta la Organización de Estados
Americanos (OEA) ha puesto reiteradamente como una exigencia inaplazable”.
Todo un entramado de afinidades, definiciones y alianzas en Suramérica
está replanteado ahora por imperio de la definición que
gravitará sobre la política regional a partir de ahora:
resolver o no, y de qué manera, la salida de Bolivia al mar. No
hace falta decir que de esta respuesta depende la suerte inmediata del
presidente Carlos Mesa y, con ella, los efectos de la onda expansiva de
un nuevo colapso político en Bolivia.
EL FUTURO A LA VISTA
Pero Fidel y Chávez no limitaron su actividad a la Sesión
Complementaria de la Cumbre de las Américas. Por la tarde ambos
presidieron un acto en el Teatro Karl Marx de La Habana, ante unos 2500
estudiantes de Trabajo Social y de Medicina, 1800 de ellos venidos desde
Venezuela y a punto de completar el curso. El encuentro tuvo el colorido
imaginable de una masa juvenil cantando consignas revolucionarias y dando
expansión a la alegría. Pero hubo un condimento adicional.
Nadie sabía que Fidel y Chávez estarían allí.
Cuando a las 18 horas se levantó el telón y la sorpresa
quedó a la vista, la explosión de los 2500 jóvenes
que después de segundos interminables tomó cuerpo en la
consigna “Alerta, Alerta que camina, la espada de Bolívar
por América Latina” estremeció el corazón de
todos quienes participaron de ese otro símbolo, acaso más
elocuente aun que el gesto de Chávez al viajar a Cuba.
Luego hablaron Fidel -apenas una introducción de pocos minutos-
y Chávez, con una prolongada exposición coloquial donde
habló con aquella juventud para resumirles la situación
internacional e interna venezolana.
Puestos una frente a otra la Cumbre de Monterrey y el acto en el Karl
Marx la conclusión se impone con la fuerza de las evidencias: allá,
el pasado que muere; aquí, el futuro que pugna por nacer.
CONCLUSIÓN
¿Será o no Monterrey el punto de partida para un
bloque regional dispuesto a y capaz de enfrentar a Estados Unidos? No
hay respuesta firme hoy para esa incógnita. Depende de factores
que no han desplegado aún todas sus potencialidades (positivas
y negativas), perceptibles en las conductas de los presidentes que en
la capital del Estado de Nuevo León se alinearon en un gesto de
resistencia más allá de su intención, humillaron
a Bush y asestaron un sonoro revés a los magros estrategas del
Departamento de Estado.
Al dar por muerto el ALCA y asumir la intransigente defensa de una salida
al mar para Bolivia, el presidente venezolano hundió el escalpelo
en dos puntos cuya definición tendrá efectos trascendentales:
¿cómo se alinearán los gobiernos de Brasil y Argentina?
¿Qué hará el propio presidente Mesa y cómo
repercutirá su conducta sobre su propia capacidad para gobernar
por un lado y, por el otro, sobre su relación con Estados Unidos?
¿Qué posición tomará el Departamento de Estado:
apoyará a Chile arrastrando al abismo a Mesa o hará lo inverso,
rompiendo la relación con Chile, única base de sustentación
firme en el Cono Sur para la estrategia imperialista?
Es presumible que la Casa Blanca aliente sentimientos chovinistas y promueva
una confrontación bélica entre Bolivia y Chile, mientras
continúa trabajando tras el objetivo de dividir geográficamente
al país del altiplano y avanza en la línea de afirmar bases
militares y maniobras militares conjuntas bajo su mando en todo el continente.
Esa perspectiva sólo puede ser contrarrestada con una estrategia
de unidad política e integración económica latinoamericana,
con apoyo en la movilización conjunta desde el Bravo a la Patagonia.
No se debe perder un instante en la articulación efectiva de esta
línea de acción, bregando por la unidad social y política
de obreros, campesinos, pueblos originarios, juventudes y capas medias,
más allá de la conducta que adopten circunstanciales gobiernos.
Buenos Aires, 20 de enero de 2004.
|
 |