Ayacucho siglo XXI
Por Luis Bilbao


"Ayacucho es la desesperación de nuestros enemigos". La frase corresponde a Simón Bolívar, y refería a la batalla comandada por Antonio José de Sucre. Ocurrió el 9 de diciembre de 1824 y de inmediato el vencedor dio parte a su comandante: "los últimos restos del poder español en América han expirado en este campo afortunado".
     Los días 8 y 9 de diciembre próximo, 180 años después, diez presidentes suramericanos se reunirán en Perú. Aunque con matices que pueden derivar en proyectos encontrados, los gobiernos de Venezuela, Brasil y Argentina van allí con el acordado propósito de llegar al umbral de una entidad nueva que revolucionaría la geopolítica mundial: una Unión Suramericana de Naciones. A la semana siguiente, en la reunión de presidentes del Mercosur ampliado, en la bellísima Ouro Preto, aun incapaz de andar la criatura podría ser reconocida por sus padres.
     ¿Será otra vez Ayacucho "la desesperación de nuestros enemigos? Es lo que está en juego en estos días.
     Por el momento está a la vista la predominancia en Suramérica de una fuerza centrípeta que desconcierta a Estados Unidos y la Unión Europea, pero también a tradicionales aliados de esos centros de poder en cada uno de los países de la región. La licuación de partidos y otras instituciones sociales y políticas, aun en los casos en que mantienen, por inercia, la capacidad de receptar votos ciudadanos, indica perplejidad y disgregación en un momento histórico de cambio vertiginoso, paradojalmente perceptible como quietud. O como marcha en círculo.
     Por ejemplo, en las relaciones comerciales de dos protagonistas principales: "El ministro Palocci y yo tuvimos una conversación con el ministro Lavagna, por teléfono, y enfatizamos que, pasados 60 a 90 días de las actitudes del gobierno argentino, no podemos continuar tolerando barreras que perjudiquen a Brasil en beneficio de otros países", dijo días atrás el ministro de Desarrollo y Comercio Exterior brasileño, Luiz Fernando Furlan.
     Hay incluso expresiones que llevan a percibir el formidable salto histórico en ciernes como marcha hacia atrás: "los servicios de seguridad de Colombia han denunciado que las Farc estaban infiltrándose en algunos movimientos políticos y legales de Argentina. Yo no sé qué hay de eso, pero es un tema que debe preocuparnos y ocuparnos; (el objetivo de una convergencia de naciones suramericanas) tiene dos niveles: uno, es el tratamiento de la pobreza y la exclusión, que constituyen fuente de estos delitos contra las personas. El otro es el del terrorismo", declaró Eduardo Duhalde, activo titular del organismo ejecutivo del Mercosur.
     Son las turbulencias resultantes de una aceleración histórica en un trasfondo de pauperismo teórico, vaciamiento ideológico, desmantelamiento organizativo y repliegue sin precedentes de los trabajadores y las juventudes en el escenario político de países con gravitación mayor en la coyuntura.
Como quiera que sea, el fenómeno está en movimiento. Y a la vez que tritura organizaciones e individuos imposibilitados de entenderlo, azuza "a nuestros enemigos", para decirlo con las palabras de Bolívar, aun en tiempos en que el lenguaje refleja a menudo menos lucidez, menos determinación y coraje.
     Esos enemigos, encabezados por quienes ordenan desde Washington, libran batalla en todos los terrenos. Se infiltran camuflados en todos los rincones. Pero no logran dejar de retroceder, ven desperdigadas sus fuerzas, sufren por estas horas derrotas como las de Uruguay y Venezuela y se ven a sí mismos como las autoridades españolas en 1824, con la diferencia de que tras las tropas que actuaron a su servicio durante el siglo XX, hoy en retirada, tienen reserva estratégica cuya forma y momento de poner sobre el terreno discuten mientras analizan los resultados electorales en el hemisferio.
     Resta saber cómo, cuándo, dónde y con qué banderas se librará la batalla de Ayacucho del siglo XXI.


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