. *** Menos que los resultados de la temible fuerza del gigante huyendo hacia delante, resalta su impotencia. Y la endeblez de quienes aceptan adoptar el papel de portavoces y aliados incondicionales: Jorge Batlle de Uruguay y Alvaro Uribe de Colombia no son el tipo de líderes fuertes, de gobiernos sólidos, en los cuales apoyar una política de largo aliento. No es que sean desestimables los escasos logros o, menos aún, la posible proyección de las líneas tendidas en las últimas semanas por Estados Unidos. Pero haber impedido la realización de una reunión de presidentes del Mercosur que ratificara la decisión de ampliarlo a toda Suramérica y el Caribe, obtener una nueva declaración contra el "narcoterrorismo", o tender un cerco potencial en torno de Argentina, es poca cosa para el imperio más poderoso de la Historia y nada en comparación con los puntos acumulados en el bloque contrario. *** Por ejemplo la gira de Chávez por Paraguay, Uruguay y Argentina. El impacto obtenido por el presidente venezolano en los tres países, y sobre todo en el último, donde permaneció durante cuatro días, derrumbó para siempre la muralla con la que se intentó aislar a la Revolución Bolivariana. La emisión del programa Aló Presidente desde Buenos Aires (transmitido además por el canal estatal para todo el país) y el acto público realizado en la Facultad de Derecho, constituyen una victoria política de enorme trascendencia. La imagen de Chávez creada por los medios de comunicación durante años ya había sido contrarrestada, sobre todo después del fallido golpe de abril de 2002. Sus apariciones públicas en mayo último, cuando asistió a la asunción de Kirchner, habían aventado las últimas sombras. Pero en esta ocasión dio un paso más, cualitativamente diferente de los anteriores. Hasta el momento se trataba de una batalla defensiva contra las calumnias elaboradas en el Norte y difundidas por los medios de incomunicación del hemisferio. Ahora la ofensiva interna de la Revolución Bolivariana extendió su onda expansiva: millones de argentinos encontraron en la unidad latinoamericana y la revolución emancipadora una brújula que no vislumbran en su propio país. *** Esa fuerza emanada de una voluntad colectiva identificada con la Revolución Bolivariana gravita ya sobre los gobiernos y organizaciones políticas del área. Se trata de una nueva fase, nueva en todos los órdenes, aún en gestación, sin formas ni contenidos claros y precisos. El caso argentino resume esa situación cargada de acechanzas y posibilidades. La fragmentación extrema de la sociedad misma y de sus representaciones políticas genuinas, no obsta para que una nueva perspectiva se ponga en marcha, ahora con una bandera común. Para las luchas sociales, legisladores, dirigencias e instituciones, el punto de referencia es nítido: unión a escala nacional y suramericana para impedir la anexión del ALCA, la militarización del Plan Colombia, las bases y maniobras militares de Estados Unidos, el saqueo del FMI. A favor o en contra, será la neta divisoria de aguas. *** Como mastines adiestrados para el ataque, ciertos periodistas en Buenos Aires trataron de contraponer al éxito de Chávez la acción de la oposición en Venezuela, que simuló presentar firmas para el referendo revocatorio en la última jornada de su visita a Argentina. No se pudo tapar el sol con ese harnero: aquel día se comprobaba que golpistas y terroristas reconocían su derrota: fallados todos sus esfuerzos apelaron a la Constitución que repudian. Seguirán las dentelladas, claro. En Venezuela y el resto del hemisferio. Pero han perdido la iniciativa. Hace 30 años Estados Unidos derrocaba el gobierno democrático de Salvador Allende en Chile con el apoyo de la dictadura en Brasil y de los militares en el resto del continente. Al cierre de esta edición, los presidentes Lula y Chávez se reunían en Caracas. Los pronunciamientos políticos y los acuerdos económicos hablan por sí solos. Basta comparar el momento del golpe de Estado en Chile con el cuadro internacional y regional actual para comprobar la naturaleza de la etapa histórica que inicia el Continente.
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