Presiones: junto con la banda presidencial, el pasado 1° de enero Lula recibió una bomba de tiempo. Armada por la crisis económica general de la economía mundial, esa bomba fue sin embargo minuciosamente programada para que explotara en las manos de un presidente obrero en representación de un partido socialista. Lo que ocurra en Brasil en el próximo período será decisivo para que el retroceso sistemático de Estados Unidos en Suramérica desde hace casi un lustro se transforme o no en derrota histórica. Washington emplea una táctica combinada de presión extrema y zalamerías mediáticas, pero en los hechos cae sobre el gobierno brasileño como un ave de rapiña enfurecida porque su presa escapa. Las presiones económicas son proporcionales a la crisis. Pero la Casa Blanca ataca ya por otro flanco: compara la situación de Río de Janeiro con la de Colombia, alienta en ese país el fantasma del “narcoterrorismo” y prepara así el terreno. Todos los componentes económicos que llevaron al estallido de la vecina Argentina se multiplican en Brasil a la escala desmesurada de este país: sideral endeudamiento (externo e interno); tasas de interés más que usurarias; condicionamientos extremos de la banca extranjera cuyos préstamos sostienen el mecanismo perverso... riesgo inminente de cesación de pagos, colapso financiero y desestabilización política. Lula optó por un camino frente a la amenaza. Los resultados, seis meses después, muestran una aceleración gravísima de la crisis económica. El masivo apoyo a Lula no impide una precipitación de disidencias y voces de alarma.
Por Joâo Francisco Cerqueira |
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