Así como no hay una sola montaña idéntica a otra, ninguno de los nuevos fenómenos políticos en curso al Sur del Río Bravo equivale a los demás. Cada uno resulta de una combinación de desigualdades de todo orden, para conformar un conjunto de extraordinaria diversidad y riqueza. Sólo del reconocimiento profundo y detallado de esa complejidad puede venir una contribución real para que la miríada de torrentes impetuosos que surca el continente encuentre un cauce común. Espejada cada vez con mayor nitidez al Norte del hemisferio, esta polifonía rebelde requiere un altavoz que además contribuya para lograr un acorde armónico, que en ningún caso pierda su condición de grito y jamás la singularidad de una voz.
A mediados del año pasado personalidades de diferentes ámbitos de la sociedad venezolana comenzaron a considerar la necesidad de editar una revista latinoamericana. Habían quedado atrás las jornadas de rotunda victoria en abril; se percibía desazón respecto de ciertas medidas tomadas por el presidente Hugo Chávez; la exculpación de individuos ostensiblemente partícipes del ensayo fascista de Fedecámamas y CTV producía una mezcla de ira y desánimo; crecía la certeza de que los protagonistas del golpe del fatídico 11/4 volvían a la carga; la presión de los medios era insoportable.
Cuadros políticos, militares, sindicales, intelectuales, hombres y mujeres de la Cultura, unidos desde diferentes vertientes por su identificación con la Revolución Bolivariana, se reclamaban ellos mismos un instrumento de información veraz y rigurosa, de análisis penetrante, de debate franco. Un portavoz para decirle la verdad al mundo y en especial a sus pares latinoamericanos, intoxicados por una campaña de calumnias, mentiras y tergiversación sistemática, de proporciones nunca antes vista. Entre las coincidencias de este conjunto heterogéneo hubo una inesperada para el destinatario: que a esa revista la dirigiese un argentino. Signo de los tiempos en Venezuela: no hubo interminables debates; se pasó a la acción. Signo inseparable de la determinación y el coraje hoy sobresalientes en este país: las urgencias de la coyuntura, los rasgos singulares del camino tomado por la irrupción social en Venezuela, alargaron los plazos. Luego vino el zarpazo desesperado de diciembre. Allí se vió que las fuerzas subterráneas encarnadas en la Revolución Bolivariana eran superiores incluso a las que sorprendieron al mundo cuando emergieron en abril; se vio que Chávez no había cedido ni improvisado. El hecho es que transcurrieron tres meses más. Recién en febrero el proyecto recuperó su aliento. Y se puso en marcha en la primera semana de marzo. El 3 de abril entra en prensa para llegar a sus manos. Ellos lanzan sus misiles de destructiva impotencia. Nosotros, nuestra palabra. Luis Bilbao |
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